Gartelmann, Pocho y la memoria.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Gartelmann, Pocho y la memoria.

Por Milagros Aguirre.

Ilustración: Adn Montalvo E.

Edición 446 – julio 2019.

Firma---Aguirre

El agua se escapa entre los dedos, no hay manera de atraparla. Tampoco hay manera de atrapar las estrellas y menos el pasado. El patrimonio inmaterial del país se volvió agua, humo, aire, estrella fugaz. Poco o nada queda de los hombres pájaro, esos cucuruchos blancos con alas enormes que danzaban camino a la plaza. Nada queda de las máscaras de hombres monstruosos salidos de las pesadillas coloniales y de las campanas de bronce colocadas en la espalda de los danzantes indígenas en las fiestas de san Pedro y san Pablo.

¿Qué pasó con toda esa gente que bajaba de los cerros por esos chaquiñanes de tierra, vestidos con poncho rojo y sombrero, bailando alegres al ritmo de la flauta y el tambor? ¿Dónde están el payaso, el equilibrista, la mama negra, el hombre-árbol? ¿Cuándo dejaron los cofanes y los secoyas de usar sus cushmas de colores fucsias, violetas, amarillos y naranjas; sus narigueras con plumas? ¿Dónde están esos señores de la selva, tan elegantes, que surcaban el río Aguarico con sus espectaculares coronas y con sus collares de colmillos blancos y de mullos de mil vueltas? ¿Cuándo fue que cambió el paisaje hermoso de la Sierra, las casas blancas de adobe, de tejas rojas y los cercos con fantásticos pencos verdes y carnosos de donde se saca el chawarmishki? ¿Y cuándo la selva se empezó a teñir de brea negra y las aguas de sus ríos se volvieron viscosas? ¿Qué pasó con los waorani, dónde quedó su libertad, la sonrisa de sus viejos, su inocencia y el asombro? Bastaron 40 años para que eso se acabara, se destruyera, se perdiera, y solo quedaran como destellos de la memoria.

El viejo Karl Gartelmann tenía guardadas algunas cintas con imágenes fantásticas del multicolor y diverso Ecuador de los años setenta. Tenía esas imágenes en el recuerdo y las compartió con Pocho Álvarez. Pocho, a su vez, decidió compartirlas con el público, en el documental sobre un viaje (varios) de un viajero alemán en busca de lo que él llama “la memoria perdida”.

Lo confieso: soy de las que llora en las películas y en esta también se me fueron las lágrimas. No por simple nostalgia, sino por la arremetida
feroz que ha terminado con el riquísimo patrimonio —material e inmaterial— del país, ese mal llamado desarrollo que ha acabado con todo, como cuando pasa un huracán, un terremoto, la erupción de un volcán. ¿Cuándo pasó todo eso y no nos dimos cuenta?

Gracias, Pocho, por recoger algo de la historia del país que estaba en la memoria de Karl Gartelmann y en la Cinemateca Nacional, que es donde celosamente se guardaba algo de la memoria audiovisual del Ecuador. ¡Qué generosidad devolver escenas de ese patrimonio perdido!, en el que se puede ver algo de esas formas de vida magníficas de las que solo quedan unos pocos resplandores.

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

En este mes

Ochipinti o la eterna alegría

Por Francisco SantanaEdición 459 – agosto 2020.Fotografía: Shutterstock   Esto es así de sencillo: había una vez un hombre que preparaba los mejores cangrejos de

En este mes

Los gatos y los escritores

Por Julia Gutiérrez. Fotografía: Shutterstock. Edición 459 – agosto 2020. En todos los tiempos los escritores se han sentido fascinados por los felinos. La literatura

Ana Cristina Franco

Hermosas extrañas

Por Ana Cristina Franco Su nombre era Hayate. Delgada, de ojos oscuros, piel canela y un arete diminuto en su respingada nariz. Tenía veintidós años,

En este mes

El padre Aurelio, un clásico

Por Gustavo Salazar Calle. Fotografía: El Comercio. Edición 459 – agosto 2020. Humanista. Traductor. Ensayista. Creador de la biblioteca más importante del Ecuador. Colaborador de

Columnistas

La carne fría de Mamaotra

Por Gonzalo Dávila Trueba Por mis escuchas de las tertulias de la época (1955-60), entre Mamaotra (mi abuela), mi mamá y las tías, sabía cuándo

También te puede interesar

Ana Cristina Franco

Feminista y llorando por un imbécil

Por Ana Cristina Franco “Vivimos una infancia juntos. De modo que cuando te hice una mamada (mi primera mamada) el día en que murió mi

Columnistas

España.

Por María Fernanda Ampuero. Ilustración: Maggiorini. Edición 444 – mayo 2019. Llevo muchos días pensando en España. Extrañándola. Mi España, mi tierra durante casi quince

Anamaría Correa Crespo

Posteo, luego existo.

Por Anamaría Correa Crespo. @anamacorrea75 Ilustración María José Mesías. Edición 428 – enero 2018. Selfis publicados con intensidad, videos sin objeto que repiten gestos, fotos

María Fernanda Ampuero

El infierno de los vivos

Por María Fernanda Ampuero “El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya está aquí, el que habitamos todos

Ana Cristina Franco

Preferiría no hacerlo

“La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos”. Alejandra Pizarnik   Mi cuerpo se inclina naturalmente hacia el cielo. Mis manos cerca

Columnistas

Sagrada familia.

Por Huilo Ruales. Ilustración: Miguel Andrade. Edición 441 – febrero 2019. Aparte del periodismo, mi hermana Ligia practica una especialidad macabra: ser la portadora de