Galápagos con mascarilla
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Galápagos con mascarilla

Fotos: Cortesía de Dennis Ballesteros y Christopher Naranjo.

Los protocolos para viajar también han cambiado por el virus. Sobre eso conversaban los turistas que llegaban al aeropuerto de Baltra, en las islas Galápagos. Todos contaban con las dosis completas de la vacuna, estaba prohibido quitarse la mascarilla en el aeropuerto y en el avión de Latam, en el que llegaron. Un equipo de esa aerolínea había desinfectado la nave antes del vuelo. Además, previo a pagar por el permiso de entrada al Parque Nacional Galápagos, los viajeros tenían que presentar una prueba PCR negativa, tomada hasta tres días antes del viaje. Y es que Galápagos es uno de los lugares que más rápido accedió al plan de vacunación en el Ecuador. 

Durante los próximos cuatro días, los guías y personal del barco de expedición Isabela II de Metropolitan Touring no dejarían de recordar a los turistas el uso obligatorio de mascarilla y los protocolos de bioseguridad. En la embarcación, con capacidad para cuarenta huéspedes, hay un médico que se encarga de tomar la temperatura y medir la saturación de oxígeno en la sangre al personal y a los viajeros, todos los días.  

Una vez en Santa Cruz, el viaje se inició por tierra. Las fincas y terrenos dedicados a la agricultura y a la ganadería —y también al turismo, como casi todo en Galápagos— están en las partes altas. En el Rancho Manzanillo existe una comunidad de alrededor de 150 tortugas gigantes. 

Los turistas que llegan a las Galápagos normalmente se sorprenden con lo acostumbrados que están los animales a los humanos. Además de estar en un área protegida, algunos no tienen depredadores naturales, no se permite tomarles fotos con flash y peor tocarlos. En Puerto Egas los viajeros se encontraron con una comunidad de leones marinos y, luego, caminando por senderos de lava petrificada, vieron pinzones de Darwin, esas aves de las que hay 17 variedades en Galápagos, además de gavilanes, gaviotas, garzas, otros tipos de aves e iguanas. Las actividades acuáticas arrancaron con la práctica de esnórquel en aguas donde nadaban leones marinos, peces de colores, tortugas y una tintorera, un tiburón pequeño o de arrecife que es común en Galápagos. 

La visita a la isla Genovesa coincidió con la época de anidación de aves. Es posible observar gaviotas de cola bifurcada, piqueros de patas azules, rojas y de nazca —otra especie endémica— y polluelos eclosionando de sus huevos. En Plaza Sur, la última isla del viaje, los turistas encontraron una alfombra natural de sesuvium (suculenta) rojo y verde que cubría un bosque de árboles de cactus —árboles con tronco, sí— y piedras blancas que se parecían al mármol en los senderos. De vuelta al barco había que desinfectar el calzado y el equipaje de mano.

Aunque la actividad turística aún no se ha reactivado completamente, Galápagos continúa sorprendiendo a sus visitantes. Las islas siguen encantando, independientemente de que por ahora todavía sea necesario el incómodo uso de mascarilla. Las empresas turísticas y los habitantes están conscientes de que es clave mantener los protocolos de bioseguridad para que el turismo, principal fuente de ingresos de las Galápagos se reactive.

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