
El crecimiento del fútbol femenino en Ecuador responde cada vez más a procesos estructurados, sostenibles y con visión de largo plazo. En ese contexto, Universidad Católica del Ecuador se posiciona como una de las instituciones que ha entendido la importancia de invertir, respaldar y desarrollar un proyecto integral que hoy comienza a mostrar resultados concretos dentro y fuera de la cancha.
La apuesta del club no es aislada. Forma parte de un modelo deportivo que articula al equipo masculino, las categorías formativas y el plantel femenino profesional, generando un ecosistema que prioriza la formación, la continuidad de procesos y el desarrollo humano de sus jugadoras.
Comandando el proyecto del equipo femenino se encuentra la directora técnica Daniela Paula Díaz, quien encarna el crecimiento desde su propia experiencia. Formada como futbolista profesional en clubes de alto nivel en Argentina, su transición a la dirección técnica responde a una preparación académica y a una evolución natural dentro del deporte. “Hoy el fútbol femenino está avanzando mucho, es un panorama esperanzador”, sostiene, destacando un contexto que exige cada vez mayor profesionalización.

Además la estratega sostiene una convicción única, en la cual motiva e inspira a las niñas y mujeres que sigan el sueño de ser futbolistas porque ahora tienen más oportunidades y apoyo que quizá mujeres de su generación no tenían.
Ese proceso se fortalece con un cuerpo técnico que comparte la misma visión. Juan Ramón Niz, asistente técnico del equipo, resalta el compromiso institucional como uno de los pilares fundamentales del crecimiento. “El club está dando un apoyo muy grande al fútbol femenino. Es un proyecto serio, estable y con continuidad dentro de la Superliga”, afirma.
A diferencia de otros contextos donde predominan los procesos cortos, Universidad Católica ha apostado por la estabilidad. “Aquí no se arma y desarma el equipo cada temporada. Se trabaja con continuidad y se apuesta por jugadoras juveniles con proyección”, añade Niz, subrayando una política deportiva que garantiza desarrollo sostenido.
El respaldo institucional se traduce también en condiciones concretas: infraestructura adecuada, vestuarios propios, espacios de entrenamiento, indumentaria, alimentación y acompañamiento profesional. Elementos que, según
el cuerpo técnico, marcan una diferencia significativa frente a otras realidades del fútbol femenino en la región, donde aún persisten desafíos como la inestabilidad económica, la falta de infraestructura y las barreras socioculturales.
Desde el campo de juego, las protagonistas reflejan ese crecimiento. Milagro “Mily” Barahona, delantera ecuatoriana y seleccionada nacional, ha vivido de primera mano la evolución del club. “Cuando llegué no teníamos camerino ni espacios adecuados. Hoy el cambio es evidente. Vamos paso a paso, pero el avance es muy grande”, destaca.
Su historia, que inició en el atletismo antes de encontrar su camino en el fútbol, es también reflejo de las oportunidades que hoy ofrece el deporte. Con metas cumplidas como llegar a la selección y disputar torneos internacionales, Barahona representa el impacto que un proyecto estructurado puede tener en la carrera de una jugadora.
A esta visión se suma la experiencia internacional de Jackeline “Jacky” Velázquez, delantera salvadoreña y seleccionada nacional, quien destaca la ambición del club como un factor diferencial. “Es un proyecto en crecimiento, pero con una mentalidad clara: competir, mejorar y ganar. Esa ambición contagia”, asegura.
Velázquez, quien ha construido su carrera fuera de su país, reconoce además el valor del acompañamiento institucional. “El club apoya a las jugadoras y eso se refleja en el día a día. También es importante el trabajo con juveniles, porque ahí está la base del futuro”, añade.

El proyecto de Universidad Católica no solo se enfoca en el rendimiento deportivo, sino también en la formación integral. Valores como el respeto, la lealtad, el profesionalismo y el compañerismo son parte de la identidad institucional, y se trasladan tanto dentro como fuera de la cancha. “No solo representamos a un equipo, representamos una institución”, enfatiza Niz, quien promueve un liderazgo basado en la empatía, la disciplina y el compromiso.
Esta construcción colectiva tiene una proyección clara. El crecimiento del fútbol femenino, tanto a nivel local como internacional, abre nuevas oportunidades y eleva el nivel de competencia. Desde el club, el objetivo es consolidarse como protagonista, competir por títulos y proyectarse hacia torneos como la Copa Libertadores.
“Veo un fútbol femenino cada vez más firme, con mayor estructura, más competencias y más oportunidades para las jugadoras”, afirma el asistente técnico, en línea con una visión que comparten cuerpo técnico y futbolistas.
El mensaje hacia las nuevas generaciones es contundente: el talento no tiene género. “No están aquí solo para patear una pelota, sino para demostrar que tienen capacidad, talento y corazón”, concluye Niz.
En ese camino, Universidad Católica del Ecuador reafirma su compromiso con el desarrollo del fútbol femenino, construyendo un proyecto sólido que no solo impulsa carreras deportivas, sino que también transforma realidades. Un modelo que entiende que el protagonismo del fútbol de mujeres no es una meta futura, sino una responsabilidad del presente.

