La apropiación cultural es legítima como denuncia y como asombro por “otra” cultura. ¿Se la debería estimular?

Una película de 1953 anticipó las polémicas en torno a lo que ahora conocemos como “apropiación cultural”. Se trata de Las estatuas también mueren realizada por Chris Marker, Alain Resnais y Ghislain Cloquet. Este mediometraje documental parte de la idea de que el arte africano en museos europeos ha perdido la conexión con su experiencia original, la que los espectadores son incapaces de reproducir o entender. “Cuando los hombres mueren, se vuelven historia.
Cuando las estatuas mueren se vuelven arte. Esta botánica de la muerte es lo que llamamos cultura”. En el estilo meditativo que caracteriza al cine-ensayo de Marker, Las estatuas… plantea que entre los tantos males del colonialismo está el empobrecimiento de las producciones culturales de los pueblos originarios, convertidas en baratijas para el turismo y por siempre señalando a los procesos de dominación. Sin embargo, el filme también retrata el asombro genuino de quienes miran esos objetos en los museos, su fascinación despierta frente a las piezas de antaño.
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