“Fallamos, pero al final la mataremos…”
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

“Fallamos, pero al final la mataremos…”

Fallamos

Por Jorge Ortiz

            “Que esto sirva de lección”, dijo, sin ningún remordimiento e incluso con mucho orgullo, el portavoz de los talibanes paquistaníes cuando se supo que uno de sus comandos, armado hasta los dientes, había atacado a balazos a una niña de quince años, sola e indefensa, y —según se creyó al principio— la había matado de un tiro en la cabeza.

            Más tarde, cuando se supo que la niña había sobrevivido de milagro, aunque estaba herida de gravedad e inconsciente, la reacción del portavoz talibán fue aún más resuelta y, literalmente, lapidaria: “esta vez fallamos, pero al final la mataremos…”.

            La condenada a muerte es, y ya el mundo entero la conoce, Malala Yousafzai, una niña linda y valerosa, que cometió el pecado inexpiable de querer ir al colegio y, peor todavía, de reclamar que todas las niñas, como ella, puedan hacerlo. Algo intolerable para quienes están convencidos, como lo están los feroces talibanes afganos y paquistaníes, de que para las mujeres las funciones reproductivas y domésticas son anteriores y superiores a cualquier formación intelectual y profesional.

            Y es que en esa zona (toda la tensa e inmensa franja fronteriza entre Afganistán y Paquistán, donde los talibanes ejercen una influencia decisiva e incluso controlan militarmente extensas áreas) la educación es, casi, un privilegio masculino: en 200 de los 412 distritos en que está dividido el territorio afgano las niñas están impedidas de ir al colegio, por imposición de los barbudos combatientes del islamismo radical.

            Los motivos talibanes son evidentes: las niñas educadas se casan más tarde, tienen menos hijos, adquieren independencia económica y, como consecuencia, asumen el control de sus vidas, lo cual afecta al sistema patriarcal defendido por los intérpretes más puritanos del islam beduino.

            Por eso, 43 por ciento de las niñas que viven en las zonas controladas por los talibanes, a uno y otro lados de la frontera, están casadas, quieran o no quieran, antes de los 18 años. Y, también por eso, su promedio de escolaridad es de 5,9 años, muy por debajo del promedio mundial de 11,6.

            En 2009, cuando los talibanes tomaron el valle del Swat, en Paquistán, cerraron todas las escuelas. El padre de Malala, que era rector de un colegio, se quedó sin trabajo, y Malala sin tener dónde estudiar. Por entonces aparecieron en Mingora, la capital de la región, unos periodistas que, recogiendo testimonios, hablaron con la niña y, después, difundieron su queja por el cierre de su escuela. Su valentía y elocuencia hicieron que cada vez más periodistas la buscaran. Y Malala se hizo famosa.

            Unos días después del atentado, mientras Malala empezaba su recuperación lenta y difícil en un hospital inglés, otra niña de su edad fue decapitada en la misma región, pero al otro lado de la frontera, en el distrito de Khanabad, porque se negó a casarse con un pariente que, rechazado y ofendido, se sintió en el deber de castigar a quien había violado el atávico código de las tribus pastunes, que priva a las mujeres de casi todo derecho a decidir.

            Y es que, diez años después de haber sido expulsados del poder por las tropas americanas, los talibanes empezaron a salir de sus cavernas, a bajar de las montañas y a desenterrar sus fusiles. Y hoy ya controlan cientos de aldeas, donde están haciendo lo que hicieron entre 1996 y 2001: quemar escuelas, prohibir que las mujeres estudien y trabajen y confinarlas a cal y canto en sus casas. Y a quienes se oponen, como Malala, se les dispara un tiro en la cabeza. Y punto.

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

En este mes

El teatro

Por Salvador Izquierdo Ilustración: Diego CorralesEdición 460-Septiembre 2020 Se abre el telón… Una madre se desdobla al mismo tiempo que forma parte de los juegos

En este mes

Ojo en la hoja

Al oeste del EdénEn un lugar de Estados UnidosJean SteinAnagrama, 2020, Kindle El poder del dinero o el dinero que da poder. Esa es la

En este mes

La pandemia en el reino del revés.

Por Sandra Yépez Ríos. Edición 460 – septiembre 2020. Brasil es el segundo país más afectado por el coronavirus en el mundo. Ante la crisis,

En este mes

Éste, otro, el último, y nos vamos

Por Juan Fernando Andrade / @pescadoandrade Chavela, el documental recién estrenado en Netflix, es lo que Truman Capote llamaría una plegaria atendida. No es perfecto,

En este mes

El hombre que quiso acariciar el sol

Por Miguel Ángel Vicente de Vera Fotografías: Pancho Arroba y Miguel Ángel Vicente de VeraEdición 460 – septiembre 2020.   Crónica de una ascensión al

En este mes

El cabello en abstinencia.

Por Catherine Yánez Lagos. Fotografías: Shutterstock. Edición 460 – septiembre 2020. ¿Qué negocios fueron imprescindibles cuando el semáforo estuvo en rojo durante la pandemia? Además

También te puede interesar

Política Internacional

El conflicto sin final.

Por Jorge Ortiz. La guerra civil siria cumplió seis años,  sin solución y con cada día más muertos. El 15 de marzo de 2017, el

Política Internacional

El regreso a las armas.

Por Jorge Ortiz. Edición 437 – octubre 2018. Las grandes potencias volvieron a la rivalidad, tras el final de la guerra contra el terrorismo. Cuando

Política Internacional

Un desastre llamado “Primavera Árabe”

Guerras en Malí y Siria, terrorismo en Argelia, caos en Libia, violencia en Egipto, crisis en Túnez…  Por Jorge Ortiz A principios de febrero, con

Política Internacional

Ya pasaron cien años…

Hace un siglo Lenin tomó el poder e inauguró una era de avances sociales, guerras y fracasos. Por Jorge Ortiz. Edición 425 / octubre 2017.