A lo largo de su historia, la revista Diners (que al inicio tenía un formato pequeñito y luego creció hasta abarcar en su logotipo el Mundo) ha mantenido abiertas sus páginas para que, sin ser una publicación netamente femenina, fueran las mujeres quienes también revelaran en ellas sus vidas.
Como la revista da singular importancia a las distintas manifestaciones artísticas, poco a poco se ha convertido en una guía para quienes quieran encontrar allí a fotógrafas, pintoras, bailarinas, teatristas, cantantes, escritoras o escultoras, cuyas actividades son un referente necesario en el pasado y el presente siglo.
Entre línea y línea, entre párrafo y párrafo, están impregnadas las pasiones que les movieron en su siempre tortuoso tránsito creativo; están sus dudas y sus tormentos, sus aspiraciones y sus sueños, pero también están, como una muestra de su tesón y su talento, sus múltiples realizaciones, que son la prueba más inobjetable de sus logros. Las mujeres que han aparecido en la revista, solteras, casadas, divorciadas, viudas, muestran, orgullosas, libres y espontáneas, las criaturas que han engendrado en el silencio de su acto creativo y a las cuales consideran hijas de su amor, de su sudor, de sus risas y sus lágrimas.

