Estética aceleracionista ¿arte del final del capitalismo?

Capitolio, 6 de enero, 2021.
Capitolio, 6 de enero, 2021. Fotografía: Shutterstock.

El aceleracionismo es una teoría política y social que propone la intensificación de los procesos capitalistas como una forma de salir del sistema, que también ha tenido repercusión en el campo de las artes.

El 6 de enero de 2021 un grupo de partidarios de Donald Trump, el presidente saliente de Estados Unidos, se tomó violentamente el Capitolio para protestar contra los resultados electorales que proclamaban a Joe Biden como nuevo mandatario de la nación. El incidente empezó con una marcha en las afueras de la Casa Blanca, donde se congregaron los simpatizantes de Trump, entre ellos, supremacistas blancos y neonazis.

Ese día la cineasta Alex Lee Moyer publicó en sus redes sociales la fotografía de dos músicos que se encontraban en Washington D. C., aparentemente, para respaldar la protesta a favor del trumpismo: John Maus y Ariel Pink. Las reacciones de sorpresa y rechazo a esta participación no tardaron en surgir, pero también se abrió un debate: ¿qué hacían dos artistas contraculturales ahí?

Maus es un compositor experimental, con un doctorado en Filosofía, su producción intenta ser provocadora e irónica, sus letras desafían lo políticamente correcto, por ejemplo, la canción “Rights for gays”, en la que aparecen expresiones que podrían parecer homofóbicas, pero dejan un margen de duda al contraponerse al estribillo “derechos para los gays”.

La propuesta estética de Maus es muy elaborada, contiene referencias a pensadores como Alain Badiou (el título de uno de sus álbumes es We Must Become the Pitiless Censors of Ourselves, una cita de este filósofo francés). Ariel Pink, además de ser considerado el padre del pop hipnagógico (que evoca con nostalgia el pop de los ochenta), también es conocido por sus polémicos comentarios racistas, antifeministas y homófobos en redes sociales.

Cuando se difundió la noticia de su participación en la marcha a favor de Trump, Pink confirmó su respaldo al exmandatario: “Estuve en DC para demostrar pacíficamente mi apoyo al presidente”, dijo. La reacción del público no tardó en llegar: sus fanáticos dejaron de seguirle en redes sociales y enviaron mensajes de rechazo en Twitter, indignados por su espíritu antidemocrático. Incluso su sello discográfico canceló sus contratos.

Pink respondió a la cancelación con esta frase: “Bienvenidos al panóptico [usa la palabra panoptigan en lugar de panopticon]. Ellos no pierden el tiempo… sálvense ustedes mismos amigos, cancélenme ahora y entréguenme antes de que vengan por ustedes”. John Maus se limitó a enviar una enigmática cita de una encíclica papal y no confirmó ni desmintió su participación.

En los debates que se dieron en redes sobre la intención de sus declaraciones, se ha vinculado a Maus con el aceleracionismo, un pensamiento que propone profundizar, acelerar y destacar los procesos del sistema capitalista (entre ellos la evolución tecnológica) para producir un cambio social y económico radical.

El pensamiento aceleracionista

El aceleracionismo aboga por un capitalismo más agresivo, masificado e intenso, así como la automatización y la fusión entre lo humano y lo digital. Existe un aceleracionismo de izquierda y otro de derecha: a grandes rasgos se podría decir que el primero ve la intensificación como una oportunidad de salida del capitalismo, mientras el segundo busca el colapso social para establecer la supremacía blanca.

El término aceleracionismo proviene de la novela El señor de la luz del estadounidense Roger Zelazny, publicada en 1967, en la que un grupo de disidentes, llamados aceleracionistas, quería llevar la sociedad a un nivel más alto de desarrollo a través de la tecnología.

Si bien la palabra apareció por primera vez en la ficción, se rastrean sus semillas en el pensamiento de diversos filósofos; por ejemplo, se identifican rasgos aceleracionistas en la obra de Marx, quien sostiene que el capitalismo suponía procesos que implicaban su propia destrucción. También en El anti Edipo: capitalismo y esquizofrenia de Deleuze y Guattari, quienes reflexionan sobre una posible vía de escape del capitalismo al llevar aún más lejos el movimiento del mercado, “no retirarse del proceso, sino ir más lejos, ‘acelerar el proceso’”.

El mejor compendio del pensamiento aceleracionista se encuentra publicado en el libro Aceleracionismo: estrategias para una transición hacia el poscapitalismo de la editorial Caja Negra, publicado en 2017. Los ensayos que componen este libro abordan temas como el desenfreno de las máquinas, la globalización del capital, el consumo esquizofrénico, la existencia de un mundo en donde la naturaleza y la cultura ya no tienen distinción.

Libro Aceleracionismo: estrategias para una transición hacia el poscapitalismo

Entre estos textos está el “Manifiesto por una política aceleracionista” de Alex Williams y Nick Srnicek, en el que se sugiere que la izquierda debería aprovechar el avance tecnológico para abolir el trabajo: usar las máquinas para que las personas puedan disfrutar de más tiempo libre.

El aceleracionismo no es un concepto cerrado y, por eso, hay muchas definiciones y perspectivas distintas sobre el tema, grupos de extrema derecha así como de izquierda se adscriben a esta corriente; sin embargo, tanto unos como otros piensan en un futuro en el que el consumo, el desarrollo tecnológico, la fusión entre ser humano y máquina hayan llegado a extremos insostenibles.

La estética aceleracionista ¿qué pasa con el arte?

Aunque el aceleracionismo es una teoría social, más que una propuesta estética, también ha influido en la concepción del arte. Según Steven Shaviro, el capitalismo busca explotar incluso el ocio, los sentimientos y los ánimos; pide que todo lleve una “marca”, que se vendan experiencias y atmósferas. En ese sentido, en el capitalismo, todo es embellecido porque el consumo requiere la novedad, la creación, la belleza.

Grace Jones se multiplica en Corporate Cannibal.

En el siglo XX el arte se había caracterizado por ser subversivo: Picasso, Nabokov, los Beatles, todos buscaron una ruptura con la tradición y las normas. Sin embargo, en el siglo XXI, parecería que ya no hay subversión posible, nadie se escandaliza con el arte. La transgresión incluso es necesaria para satisfacer el apetito de novedad de los consumidores.

De esta forma, hay artistas que proponen hacer del arte una repetición incesante, o usar el recurso de la acumulación. En su ensayo sobre la música Benjamin Noyes considera que el género que mejor se apropia de la repetición y la aceleración es la música dance, en la que aumenta el número de beats por minuto, y pone como ejemplo el jungle o drum and bass, ritmo aparecido en Gran Bretaña, en cuyas pistas se “samplean” filmes de ciencia ficción como Terminator.

También sería aceleracionista el tecno de Detroit o “afrofuturismo”, que tenía la intención de crear un ritmo con una aceleración explícitamente postindustrial, en el que, así como los obreros habían sido reemplazados por máquinas, los músicos pudieran ser reemplazados por computadoras. Otro género que se ha vinculado al pensamiento aceleracionista es el vaporwave, un movimiento contracultural que cuestiona la producción digital.

Musicalmente se trata de un género electrónico que remasteriza otros ritmos musicales y que se apropia de elementos de la cultura popular para modificarlos. Su estética visual apela a la nostalgia por los años ochenta y noventa del siglo pasado. La música de John Maus se ha considerado aceleracionista por su velocidad, el gusto por la repetición y el exceso, así como la ironía de sus letras.

En cuanto a la producción audiovisual, se considera aceleracionista el video de Grace Jones, Corporate Cannibal porque presenta una figura humana alterada digitalmente, que habla sobre la naturaleza vampírica del capital, o las películas Boarding Gate de Olivier Assayas, que muestra un mundo sórdido en el que las relaciones humanas están determinadas por el dinero; también Southland Tales de Richard Kelly, y Gamer de Mark Neveldine y Brian Taylor, ironizan las contradicciones de la sociedad contemporánea.

Asia Argento y Michael Madsen en Boarding Gate.
Asia Argento y Michael Madsen en Boarding Gate.

En la poesía existe un manifiesto aceleracionista con el título Vroom vroom: poesía y aceleracionismo, producido por dos poetas latinoamericanos: Roberto Valdivia y Valeria Mussio. Este producto surgió de conversaciones en torno al grupo de Facebook llamado 3021 poemas aceleraditos que ellos administran.

El video-ensayo sostiene la necesidad de rechazar la tecnología como productora de novedad y utilizarla para explorar posibilidades de hacer algo realmente nuevo. Denuncia el papel de la novela como género favorito del mercado y enfatiza en el poder de la poesía al situarse al margen de los intereses comerciales.

También combate la idea del quehacer artístico como producto de un genio solitario y propone la escritura como un trabajo colectivo, se menciona a una comunidad literaria donde exista circulación libre de ideas y de lenguajes, una obra que no sea de nadie sino de todos, la creación y la distribución de los textos en redes sociales para escapar del mercado editorial.

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