Esquizofrenia, lesbianismo y onanismo
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Esquizofrenia, lesbianismo y onanismo

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Por Ana Cristina Franco ///

Hay una frase que parece ser la solución a todos los problemas; la conoce mi mamá, la explotan los libros de autoayuda, los programas mañaneros de televisión y los consejos que vienen adjuntos a las toallas higiénicas: ámate a ti misma.

Cuando terminaba con un novio, la solución era: ámate a ti misma. Cuando me iba mal en el trabajo: ámate a ti misma. Cuando me peleaba con una amiga: ámate a ti misma. Esta frase, que pretendía ser la clave del buen vivir, a mí me resultaba particularmente angustiante, no porque esté en desacuerdo, sino porque nunca entendí bien cómo ponerla en práctica. Me llevaba a vueltas confusas que tenían que ver con esquizofrenia, lesbianismo y onanismo. Ámate a ti misma. ¿En serio? ¿Por qué nunca dijeron cómo? ¿Por qué no mejor me aman los demás?

Con una misma se está todo el tiempo. Con una misma no se puede jugar ajedrez, solo solitario. Con una misma, por ejemplo, no se puede chismear. Una no se puede contar nada nuevo:

¡Ni sabes, leí un libro buenazo!

¿No digas? ¡Yo también!

Estas palabras tienen un dejo de desilusión y fracaso, me provocan lo mismo que cuando no podíamos ir a la playa y mis papás me decían: ¡Agradece que estás completa, que tienes diez dedos!… Nunca entendí qué tenían que ver los dedos con el viaje a la playa…

Además, estas palabras llevan implícita una cierta amenaza y son una prueba por la que hay que pasar si se quiere alcanzar la felicidad. Por ejemplo: para amar a un chico, o lo que es peor, para que un chico te ame, debes primero amarte a ti misma. Bajo una mirada lacaniana podría ser interesante: tocar y ser tocada al mismo tiempo; estar (a la vez) en el punto del observador y del observado, ser el cazador y la presa, el perseguido y el perseguidor. Ahora bien, en términos prácticos, ¿cómo se tiene una cita con una misma?, ¿me digo a mi misma: wow, estás preciosa?, ¿me mando mensajes y después les digo a mis amigas: mira lo que me escribió, qué hermoso, pero no sé por qué me parece haber escuchado eso ya en alguna parte… ¿Me doy regalos y me hago la sorprendida? ¡Wow, para ser de almacén chino es de buen gusto!, ¿hago una cena y me cambio de puestos? Eso no es amor: se llama esquizofrenia. Darse abrazos a una misma es aburrido, freak, pero sobre todo un poco triste, como un idilio forzado. ¿Cómo se besa una a una misma? Es fisiológicamente imposible. Y después de masturbarte, ¿te dices: te quiero, eres increíble?

Sabemos que en estos días la abstinencia es considerada como método anticonceptivo y revolucionario. Varias estrellas de rock, entre ellas Lady Gaga, la practican. Podría convertirse en una nueva forma de vida. Imaginen agrupaciones posmodernas con frases tipo “El trío ya fue: ámate a ti mismo”, luchando contra grupos que les acusen de promover una tendencia o práctica pagana que erradica la reproducción y, por ende, la perversión de la especie.

Mi autoestima es precaria por una razón específica: la falta de claridad con la que se expresan los principios de la autoayuda. Por culpa de esa gente que profesa ideas tan ambiguas que son imposibles de poner en práctica. En lugar de diseñar ejercicios esquizofrénicos tales como hablar con el espejo, hablar con una misma, o dinámicas grupales que promueven la hipocresía en las que dices te quiero a quien no quieres, la autoayuda debería enseñarte que la felicidad no es instantánea o, por lo menos, diseñar un dispositivo que te permita, por un momento, ser otra. Es la única forma de cumplir la fantasía de tener una amiga como una, una hija como una, una amante como una…

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