El lenguaje inclusivo arroja algunas sombras

Lenguaje inclusivo
Fotografía: Shutterstock

El lenguaje, la gramática, la ortografía no son inflexibles, todo lo contrario, están en constante evolución; sin embargo, con la rapidez de la tecnología y de la comunicación, el idioma español está mucho más expuesto a las críticas, a veces furibundas, de los denominados colectivos sociales.

Que el español es machista, sexista, discriminador es lo que se ha dicho; por eso, en este espacio hemos recurrido a las fuentes más serias que han estudiado a fondo la historia del español, considerada la tercera lengua más hablada en el mundo.

¿El idioma invisibiliza a la mujer? Es la pregunta que se planteó el académico Álex Grijelmo antes de publicar su Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo, un texto trabajado rigurosamente y que en cada página arroja datos y novedades.

El androcentrismo es la visión del mundo y de las relaciones sociales centrada en el punto de vista exclusivo del género masculino, pero Grijelmo busca conciliar las posiciones que cada vez son más distantes.

Y lo hace con abundantes ejemplos, incluso anota algunos que podrían generar protestas del género masculino: “Entraron unos ladrones a la casa y se llevaron todo”. Nótese que solo fueron hombres los que robaron, ¿y qué pasa si por lo menos en ese plural había una mujer?

Otro ejemplo: “Un loco sin escrúpulos envenena a 100 palomas”. Es una nota periodística que publica solamente el hecho, sin señalar si el culpable de esa locura es hombre o mujer.

Y a propósito de locura el libro de Grijelmo cita un hecho real ocurrido en Venezuela, en agosto de 2019, entre dos políticos de la oposición: Enrique Capriles y María Corina Machado.

Al ser consultado sobre algunas opiniones de María Corina, Capriles respondió: “Cada loca con su tema”. El antiguo refrán siempre se usó en masculino: “Cada loco con su tema”.

El autor del libro recuerda que Capriles fue obligado a ofrecer disculpas públicas por haber llamado “loca” a María Corina Machado. Parece claro, añade Grijelmo, que de haber mantenido el masculino genérico singular no habría desatado ningún cuestionamiento.

Destaca, además, algunas confusiones cuando la duplicación se expresa de manera atolondrada y sin tener claro cómo se va a interpretar el mensaje.

Por ejemplo, el líder socialista español Pedro Sánchez expresó: “Hay que evitar una fractura interna entre catalanes y catalanas”.

Sin duda, la intención de Sánchez no era evitar un enfrentamiento entre mujeres y hombres de Cataluña, sino entre independentistas y los que creen que debe mantenerse como territorio español.

En los inicios de los discursos se menciona “damas y caballeros, señoras y señores” cuando los asistentes a un evento son de ambos sexos, pero se confirma que la idea de Sánchez (catalanes y catalanas) no fue incluyente, sino errada.

El escritor apunta que con toda naturalidad se dice: “los ciudadanos y las ciudadanas”, “los militantes” y “las militantes”; pero rarísimas veces “los poderosos” y “las poderosas”, “los corruptos” y “las corruptas”, “los ladrones y las ladronas”.

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