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Érika Vélez habla de cómo se siente, no de cómo se ve

por Ileana Matamoros Calderón

Érika Vélez.
Fotografía: Omar Sotomayor.

Ha sido llamada la mujer más bella de su generación, pero su personalidad revela intereses que trascienden la superfice de su cuerpo. Hablemos entonces de televisión, religión, depresión, y lo que aún se espera de una mujer “normal”.

Érika trabajará toda la tarde en una sesión de fotos y videos para una comunidad especializada en vinos y estilo de vida. El equipo de producción está compuesto por una directora, un camarógrafo y una asistente de vestuario. Las otras tres personas aquí presentes son los asistentes personales de Érika: la peinan, la maquillan y crean contenido para sus redes (1,2 millones de seguidores en Twitter y 2,2 millones en Instagram, lo suficiente para poner o sacar a un presidente de Carondelet).

Érika tiene que descorchar una botella de vino tinto. “¿Quién sabe cómo se llaman estos descorchadores?”, nos pregunta. Nadie sabe. El utensilio es del tipo palanca, tiene un tirabuzón y un aparato que se dobla para apoyarlo en el borde del pico de la botella y tirar del corcho. “¿De verdad nadie sabe?”, insiste acercándose a la risa. El tema se convierte en un juego, algunos buscamos en Internet, ella intercambia mensajes con una amiga y lo resuelve primero. “¡Se llama descorchador de dos tiempos!” Luego hablará de su naturaleza competitiva.

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Acerca de Ileana Matamoros Calderón

Vive con cuatro gatos, es periodista, cineasta y toca la batería en una banda de punk. Nació en Guayaquil y siempre vuelve a Buenos Aires.
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