Epitafio
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Epitafio

vareaciones

Por Mónica Varea ///

Como un ritual morboso, durante mis insomnios suelo planear mi epitafio. Honestamente no quisiera que dijera alguna vulgaridad que no me represente ni tampoco una simpleza que hiciera a la gente pasar desapercibida, sin inmutarse, frente a mi tumba.

Le comenté a Santi mi preocupación y falta de creatividad frente a esta situación y él como siempre se fue por el camino sin vericuetos, ¿por qué te complicas?, me dijo, yo en tu tumba he de poner: “Aquí yaces y haces bien, tú descansas, yo también”. ¡Pero ese epitafio es de lo más trillado!, protesté, ¿no crees que me merezco algo mejor? No seré una Alice Munro ni un Julio Cortázar pero soy una cuentera de cierto prestigio, le dije furiosa, tiré la puerta y me fui al banco, al municipio y al supermercado. Fue justo después de este periplo que supe exactamente cuál debía ser mi epitafio.

Una de las primeras cosas que observé en este tenebroso recorrido fue que perdí la gracia de la juventud, los servidores públicos y privados ya no me dicen: “seño”, ni siquiera: “mija”, ¡me dicen: “madrecita”! o lo que es peor: ¡“mi señora”!

En el banco pasó lo indecible, el saldo de mi cuenta difería de un computador a otro. En la ventanilla me decían que no había fondos pero en el escritorio del gerente de la agencia, mi situación no era tan mala. En el municipio recibí cinco respuestas a la misma pregunta, además, variaba el tiempo que auguraban duraría mi trámite, este iba desde “hoy mismo” hasta 120 días. En el supermercado, la cosa no mejoró, mantuve diálogos absurdos con todos y cada uno de los percheros a quienes consulté por un producto: Señor, ¿tiene huesos blancos?, pregunté frente a la sección de mascotas. El hombre me miró y le dijo a su compañero, ¿conoces huesos de colores? Al siguiente le solicité huevos Pío y se puso a tararear los pollitos dicen pío, pío, pío… finalmente la cajera me dijo que yo no era la de la cédula. Sí soy, pero un poco más vieja, le dije tímidamente y ella con toda la gracia de su juventud, que le sobraba, se regresó donde el empacador y le susurró: ¿un poco?

Saaanti, ya decidí sobre mi epitafio, grité a mi regreso; ¿que, flaca como siempre?, me interrumpió muerto de risa, como si este asunto no fuera serio. No te burles y atiéndeme: en mi tumba primará la sobriedad (no quiero mármol ni pendejadas que dejen a mis deudos, como deudos propiamente dichos, o sea endeudados). Sobre una lisa piedra de río y con letra recta y legible, tal vez una simple Times New Roman, tienes que poner únicamente: “Mi señora murió de trámite”.

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

En este mes

El azar y la necesidad

Por Fernando Tinajero Edición 459 – agosto 2020. Al principio estaban allí cinco personas, no sé si amigos, compañeros, conocidos, o quizá desconocidos que coincidieron

En este mes

Ojo en la hoja

Edición 459 – agosto 2020. CatedralesClaudia PiñeiroAlfaguara, 2020, versión Kindle La reconocida escritora argentina Claudia Piñeiro publica esta novela ágil y aguda en la que

El paso

Por Salvador Izquierdo Alguien te pregunta: ¿Qué es peor: un Gobierno autoritario, entregado a poderes económicos oscuros, un narcoestado con cierta sensibilidad social, pero ningún

BOCATA

El cubo de Rubi

Es considerado el juguete más vendido del planeta, con más de 350 millones de ejemplares. Este año se cumplen cuatro décadas desde su lanzamiento y

También te puede interesar

Columnistas

Es hora de apagar la luz.

Por Mónica Varea. Ilustración Sol Díaz. Edición 428 – enero 2018. “La casa, ya es otra casa, el árbol ya no es aquel…”, resuena la

Mónica Varea

La venganza

Por Mónica Varea Para gusto y orgullo de mi mamá mi pelo medía una vara, era hermoso, cuidado, castaño y me sentaba en él si

Mónica Varea

Domingo, fiesta de guardar

Por Mónica Varea El día domingo es, sin lugar a dudas, mi día de descanso, mi día franco, aquel en el que puedo despertarme sin

Mónica Varea

Amigos

Por Mónica Varea “El hombre es esencialmente sociable, coma”, dictaba la doctora Álava. “No me parece”, respondía yo, un poco entre dientes pero con un

Columnistas

Ese otro Macondo.

Por Mónica Varea. Ilustración: Sol Díaz. Edición 432 – mayo 2018. Vicki me recibe en su apartamento. La envidio. Desde la puerta suspiro maravillada ante

Mónica Varea

¡Chugcha madre!

Por Mónica Varea Hace mucho rato que no cuento las anécdotas de mi papá y la verdad es que son interminables. En la sobremesa familiar