La frase es de Romina Muñoz, ministra de Cultura y Patrimonio. Y la dijo en una entrevista con Mundo Diners, en la que habló sobre las últimas novedades de la construcción de la sede para el Museo Nacional del Ecuador. Según esta Cartera de Estado, las primeras piedras se colocarán en julio de 2027.

Comencemos con una aclaración: no se va a crear un Museo Nacional sino que se va a construir una sede propia para una institución que ya existe.
Lo que estamos haciendo no es crear un museo, porque ya hay uno con una historia muy larga y muy importante que ha marcado a varias generaciones. El Museo Nacional del Ecuador existe desde 1969. Lo creó el Banco Central del Ecuador (BCE), luego de que apareció la necesidad de mostrar lo que coleccionaba en sus reservas desde los años 40. Eso se hizo en su sede principal, frente al parque La Alameda.
Su primer director fue Hernán Crespo Toral. El BCE lo manda a Francia, a ver cómo eran las colecciones allá, y luego él viaja a Guayaquil a conocer el Museo del Colegio Vicente Rocafuerte, para entender cómo se manejaba su colección. Después de estar en el Banco Central, la parte expositiva del museo pasó de forma temporal a la Casa de la Cultura y a las reservas al edificio Aranjuez. De ahí viene la necesidad de generar un espacio adecuado para gestionar su colección y para mostrar la riqueza cultural que contiene.
¿Por qué la decisión de no ocupar un espacio que ya existe y construir un edificio nuevo?
Adecuar cualquier espacio suele ser más caro que construir uno nuevo, por las necesidades técnicas de un museo como la climatización (luz, cuidado de humedad y temperatura). Creemos que es importante que se entienda que un museo no es un espacio cualquiera, porque alberga una colección y la memoria de un país. Tenemos distintas colecciones en la reserva, entre ellas la de metales, la de pintura, la de cerámica. En ese contexto, es importante generar un edificio con condiciones para cada una; y no acomodarlas a una infraestructura que no ha sido pensada como museo.
¿De dónde vendrán los USD 100 millones que ha dicho se usarán para la construcción de la sede del Museo Nacional?
Estos USD 100 millones vendrán de varias colaboraciones. Una partecita de ese dinero ya está siendo financiada por organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que nos ha dado un primer apoyo para una asesoría técnica. También estamos trabajando con la Secretaría de Inversiones Público-Privadas, porque la idea es que los esfuerzos vengan de distintos lugares. Esto quiere decir que una parte de la inversión la asumirá el Estado y la otra, el sector privado.
Es importante que el sector privado intervenga… Lo que sí queremos es que este espacio sea sostenible y para eso necesitamos que sea rentable".
Pero, ¿hay empresas que quieran poner plata?
Sí, es importante comentar que tenemos un Sistema Nacional de Fomento conformado por dos componentes, los incentivos tributarios y los fondos de fomento no reembolsables. En 2024, el sector privado invirtió USD 14,5 millones en proyectos culturales, cinco veces más de lo que se había hecho históricamente en un año. Esto da cuenta de que el sector privado sí quiere invertir en proyectos culturales.
¿El Ministerio ha puesto un tiempo límite para la creación de esta alianza público-privada?
Esperamos que las primeras piedras del edificio del Museo Nacional se pongan de aquí a dos años. Hay la voluntad política y la sensibilidad por parte del presidente Daniel Noboa para avanzar, porque él entiende que esta es una deuda histórica con la cultura y por eso fue mencionado en su discurso de posesión.
¿Qué pasa actualmente en el terreno que está en la avenida República? Se quitó una megapublicidad y ahora ha quedado solo un pequeño letrero.
El terreno sigue alquilado a una concesionaria de autos y ese dinero está entrando a la Caja Fiscal. El agosto abriremos ahí un showroom, en el que vamos a dar información sobre la colección nacional, que tiene 2,4 millones de bienes patrimoniales. Como parte de la construcción de este museo, ya hemos invertido USD 500 mil para la creación de un sistema de gestión de colecciones (software que permitirá a los ciudadanos conocer el listado de bienes patrimoniales), que era otro de los grandes pendientes.
Esta también es una oportunidad para repensar y reflexionar sobre la idea de nación e incluir relatos que históricamente han quedado por fuera.
Eso es algo que el Museo Nacional ya hace. Si alguien lo visita por estos días, se encontrará con referencias a los grupos Glbtiq+, con una cantidad de mujeres creadoras y con espacios que reivindican el trabajo popular. El año pasado instalamos una serie de pantallas para generar videos en lengua de señas e incluir a esta comunidad. La idea es apuntar a que todos nuestros museos sean inclusivos. El Museo Nacional es una de las fuentes principales para complementar el trabajo que se hace desde el sistema educativo. Este espacio tiene que servir a la ciudadanía, a los estudiantes, a los docentes.
Ahora sabe que dentro del sector público las cosas suelen moverse a paso de dinosaurio. En ese contexto, ¿qué retos hay detrás de la construcción de este museo?
Creo que a veces el sector público sí se mueve como un dinosaurio, pero hemos logrado hacer muchas cosas que dan cuenta del compromiso que tenemos por la cultura. En un año y medio de gestión conseguimos un terreno. Acá estamos, convencidos de que la cultura transforma vidas y de que podemos combatir a ese dinosaurio.
Ha dicho que este es un proyecto atado al desarrollo del turismo en la ciudad. ¿Hay alguna proyección de cuánto ganará este sector en la ciudad?
Tenemos un diagnóstico, por cada dólar que se invierte en cultura, mínimo se triplica al turismo. El terreno que ahora tenemos no fue elegido al azar. En los años 40, cuando se planificó la proyección urbana de la ciudad, se lo pensó como un sector de equipamiento público y por eso es importante ahora darle esa vida. Hay que recordar que el museo estará a unos pasos de una parada del Metro y del parque La Carolina. Queremos que sea visitado por todos los ecuatorianos y que sea una provocación para que los turistas extranjeros que vienen a Galápagos se queden más días en el continente.
¿Qué hay que hacer ahora para que, con el paso del tiempo, el Museo Nacional no se convierta en un elefante blanco?
Es importante que el sector privado intervenga, como sucede en todas partes del mundo. Eso no significa que vamos a privatizar el museo. Lo que sí queremos es que este espacio sea sostenible y para eso necesitamos que sea rentable. La entrada va a tener un pago diferenciado. Por ejemplo, habrá entradas gratuitas algunos días, en especial para las comunidades educativas.
En un año y medio de gestión conseguimos un terreno. Acá estamos, convencidos de que la cultura transforma vidas y de que podemos combatir a ese dinosaurio".
Por cómo son los tiempos de la política, es consciente de que quizás no sea la funcionaria que inaugurará esta obra. ¿Eso la inquieta?
Eso no me inquieta, lo que sí lo hace es dejar sentado que se entienda la importancia de tener este espacio. Y creo que esto solo va a ser posible en la medida que la gente también lo crea y se involucre en el proyecto.
En sus últimas entrevistas, usted ha dicho que la ciudadanía tiene que fiscalizar lo que hace el Ministerio. En ese contexto, persisten los reclamos por el Museo de la Memoria. ¿Qué decir frente a eso?
Que hoy hay un museo que ha recibido cerca de 50 mil visitantes, un museo que en 2024 tuvo cerca de 30 activaciones con la ciudadanía, un museo sobre el cual podemos debatir y eso es fundamental.
Muchos no lo llaman Museo de la Memoria sino el 'sótano del olvido'.
Es curioso que el grupo reducido de gente que lo llama así y que tiene críticas del museo sean personas que pasaron por este Ministerio y que no hicieron nada por su apertura. Las críticas, lamentablemente, están atadas a un elemento político y no a una crítica genuina sobre el poder que tiene este museo, para pensar sobre nuestra memoria histórica y sobre los crímenes de lesa humanidad.

