
Radio Atalaya cumple ochenta años en 2024, por eso, le contamos algunas de las historias que ocurrieron tras bambalinas o, mejor, al otro lado del dial. ¡Acompáñenos!
En enero de 1962, Pelé llegó a Guayaquil con la magia pegada a los zapatos; a su lado estaban Zito, Coutinho, Pepe, Gilmar y la mayoría de las estrellas de un Santos FC que sería campeón intercontinental a finales de año. Su visita a Ecuador tenía como fin un partido de exhibición en el Estadio Modelo contra Barcelona y el día 7, después de Reyes, la prensa anunció: “Por Emisoras Atalaya, hoy la narración del encuentro”.
Los brasileños ganaron 6 a 2, pero la voz de Ecuador Martínez erizó pieles sin importar el color de las camisetas. Él, sin embargo, solo era uno de los locutores de una pléyade -Humberto Romero, Ralph del Campo, Arístides Castro, etcétera- que silenciaba los estancos y restaurantes del puerto desde la mañana hasta el anochecer.
Pero el fútbol no era el rey entonces, sino las radionovelas. De hecho, en el teatro instalado en el antiguo edificio de la emisora, los actores batían láminas de acero para producir truenos, tamborileaban los dedos sobre las mesas para inventarse caballos y describían los besos apasionados porque, en aquel tiempo, los ojos se encontraban en los oídos.
En 2024, la Radio Atalaya cumple ochenta años, sus micrófonos han contado guerras, dictaduras, mundiales de fútbol y hasta pandemias, pero su historia suena mejor en boca de sus actores, por eso, imitando a sus radioescuchas, nos sentamos a oír tanto a Andrés Mendoza Paladines, director de la emisora -y nieto del fundador, Voltaire Paladines Polo- como a su padre, Eustorgio Mendoza Cubillo.

¿La radio es una ‘Atalaya’?
A.M.P.: Cuando mi abuelo, Voltaire Paladines Polo, escogió el nombre de la emisora estaba pensando, efectivamente, en una atalaya, el punto más alto desde donde se mira y se divisa todo. Creo que la radio ha sido un faro sobre todo en lo que tiene que ver con la libertad de expresión y la defensa del Estado de derecho.
Mencionó a su abuelo, ¿cómo era el Voltaire Paladines Polo íntimo?
A.M.P.: Una persona extremadamente cariñosa. Era juguetón y muy generoso pero, a su vez, un hombre de convicciones firmes, enérgico. Daba tiempo a todos, no solamente a la familia más cercana -apenas tuvo una hija, mi madre, Irene Paladines de Mendoza-, sino a sus siete hermanas. Además, fue un gran hijo y nieto: trajo a sus padres y abuelos de El Oro a Guayaquil para que viviesen cerca.
E.M.C: Tal era la valía de mi suegro que, pese a no ser un político, lo llamaron al Senado por el Partido Liberal. Luego, Carlos Julio Arosemena lo nombró gobernador de la provincia del Guayas hasta que los depuso la dictadura. Durante todo ese tiempo trabajó lealmente no solo para el Gobierno, sino para el Ecuador.
¿Y qué lo movió a fundar el Sistema de Emisoras Atalaya?
A.M.P: Él nació en Santa Rosa, en la provincia de El Oro y vino a estudiar el colegio en Guayaquil para graduarse como bachiller contable. Eran los tiempos de la invasión peruana de 1941, así que hubo una gran emigración desde el sur del país a esta ciudad.
Se casó con mi abuela -que también era orense- y para mantener a la familia tuvo tres trabajos, uno de estos era en radio El Telégrafo. Allí, aprendió el oficio y se apasionó por él. Era un gran locutor además de un empresario admirable: su conocimiento de contabilidad le sirvió para mantener esta y otras radios que fundó.

En los años cincuenta y sesenta, la voz de Ecuador Martínez fue una de las marcas de la radio, ¿qué recuerdan de él y de esos tiempos?
A.M.P: Atalaya fue la primera emisora en transmitir en vivo un Campeonato Sudamericano de fútbol en 1947. Voltaire Paladines compró los derechos y contrató a Ecuador para la narración. Su caballerosidad y la forma en que narraba los goles, muy rioplatense, lo llevaron a ser un locutor reconocido no solo en el país, sino en el continente.
Además, cuando mi abuelo fundó Radio Atalaya de Milagro, los puso a él y a su esposa en la administración y lo apreciaba tanto que, antes de su muerte, nos pidió que mantuviésemos a Ecuador en el cargo de forma vitalicia.
E.M.C: Cuando fue el Sudamericano de 1947, yo aún no me había casado, pero escuchaba las estupendas transmisiones de Martínez en esos partidos del Capwell, adonde llegaron estrellas como Di Stefano o “Pipo” Rossi. Pero también hay que recordar el buen ojo de Voltaire Paladines, quien mantenía a sus radioescuchas al tanto de las novedades deportivas y políticas en alianzas con la BBC a través de la onda corta.
A.M.P.: A propósito, en 1962, Atalaya junto con la radio Gran Colombia transmitió en vivo por primera vez un Mundial -el de Chile-. En ese tiempo no había satélite, entonces mi abuelo alquiló la onda corta de una emisora de Viña del Mar llamada General Balmaceda, la captaban en los estudios, amplificándola para que saliera en Guayaquil por Atalaya y en Quito por Gran Colombia. Desde luego, la calidad del sonido no era la que estamos acostumbrados hoy…
Por otro lado, la radio seguramente ha tenido encontronazos con los políticos en estos ochenta años…
A.M.P.: En las décadas de los sesenta y setenta hubo dos episodios muy fuertes: uno tiene que ver con la Junta Militar de 1963 y luego, diez años después, durante las dictaduras de esa época.
En la primera, la Junta ordenó apresar al director de noticias, Humberto Romero, y la radio fue clausurada. Mi abuelo estuvo escondido por algún tiempo, pues fue ministro del depuesto Carlos Julio Arosemena Monroy.
En ese tiempo, Radio Cristal nos prestó la señal para salir en su frecuencia por dos o tres horas al día y protestaron en vivo por el cierre de Atalaya.
El segundo episodio fue en la década de los setenta: mi abuelo era presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano y se opuso a que tanto la dictadura de Rodríguez Lara como el triunvirato del almirante Poveda intervinieran en el olimpismo y, por eso, lo encarcelaron dos veces en el Cuartel Modelo. La radio lo defendió y la sancionaron, amenazándola incluso con la clausura. Al final, estuvieron presos el director y el dueño.
Ya en la década de los 80 tuvimos varios episodios con el gobierno del ingeniero León Febres Cordero y Alfaro Vive Carajo, grupo que entraba en las emisoras para transmitir sus proclamas. Y, recientemente, en el gobierno de Rafael Correa que nos planteó dos procesos para revertir la frecuencia.

Este es un tiempo de Internet, medios digitales, redes sociales, ¿cómo se está adaptando la radio a esta época?
E.M.C.: La radio, desde los treinta y hasta los cincuenta incluso, era lo más nuevo en tecnología y en comunicación en el país. Luego, cuando apareció la televisión, hubo que adaptarse, sin embargo, este es un medio complementario y, a diferencia de otros, es posible escucharlo mientras se hacen diversas actividades sin interrumpirlas.
No obstante, también estamos en las plataformas digitales: tenemos canales en Youtube y Facebook y nuestros programas de opinión se transmiten en vivo. Estamos convencidos de que lo digital es clave y, por eso, nuestra idea es mantener un medio de 360 grados, es decir, con imagen, texto, audio para llegar a oyentes de distintos lugares y edades.
Radio Atalaya tiene ochenta años, ¿cómo creen que será dentro de veinte?
E.M.C.: Luego de la muerte de Voltaire Paladines no había quién lo reemplace en Atalaya, pero más tarde vino Andrés y él tiene el espíritu de un radiodifusor, como su abuelo. Su objetivo es que la radio se mantenga en alto sin perder su estilo -muy ecuatoriano, muy guayaquileño- y siempre pendiente de todo tema, sea político, económico o deportivo.
A.M.P.: Nuestro público es de distintas generaciones: hay gente de setenta años que no es tecnológica y que, seguramente, oye Atalaya por señal abierta, pero también hay jóvenes que nos siguen en redes sociales o nos escuchan en el celular, de modo que no solo es necesario aparecer en esas plataformas, sino ofrecerles un contenido atractivo. Se trata de estar en constante renovación. Al final, como decimos aquí, el mejor programa es el de mañana porque el de hoy ya se terminó.

