
‘Quito Fragmented’ es el nombre de un proyecto que transforma a la ciudad en un rompecabezas de cuatro metros. Este, desde mayo de 2025, se exhibe en la Bienal de Venecia, pero lo más sorprendente es que está hecho con alfombras de Guano.
La capital ecuatoriana se desarmó. Cada trozo contiene una serie de casas y montañas coloridas, sin embargo, allí no hay lugar para la precisión de los planos, de hecho, todo parece salido de un sueño, uno hecho de alfombra. Y es que esa ciudad no es la que conocemos, sino ‘Quito Fragmented’.
Así se llama el proyecto del estudio de arquitectura y diseño Materia junto con once artesanos de Guano que hoy está en la Bienal de Venecia, en el vestíbulo principal del Palazzo Mora.
María Isabel Paz, fundadora del estudio y docente en la Universidad San Francisco, aún se encuentra al noreste de Italia acompañando a la obra del mismo modo que lo hizo en febrero de 2025 cuando, incompleta aún, tuvo su primera exhibición en el Museo Nacional del Ecuador.
Boris Aguirre, colaborador de Materia que estuvo desde el inicio del proyecto hasta la inauguración en la Bienal hace pocos días, nos cuenta la historia a fondo.
¿De qué se trata 'Quito Fragmented'?
Es un gran mapa textil de 4 por 4 metros fabricado por once artesanos de cinco familias distintas. La obra consta de 44 piezas con los edificios y las montañas de Quito encajados a manera de un gran rompecabezas con la intención de presentarlo en la Bienal de Venecia.
Pero esa ciudad no es una réplica de la real o una copia de Google Maps, sino que las escalas de los barrios están distorsionadas de acuerdo con la importancia o la conexión que hay con cada uno. Así, el centro se ve tres veces más grande de lo que es en realidad, igual que los barrios que están alrededor de los parques. Las colinas, el Pichincha, el Parque Metropolitano y el Ilaló también cambiaron de dimensiones.
¿Cuál es la idea de esta obra?

Nació en la Universidad San Francisco como un proyecto de vinculación con la comunidad para rescatar la artesanía de los alfombreros de Guano. Esta es una técnica propia de las familias de la zona que existe desde hace cuatrocientos años, pero que está perdiéndose sobre todo por la falta de interés y de conocimiento.
Hace cinco años, María Isabel Paz empezó a desarrollar unas primeras colecciones para los alfombreros -aún no con la idea de hacer un mapa de Quito, sino para probar nuevos formas-, al tiempo que se documentaba y escribía artículos sobre la técnica y su historia.
Y el proyecto creció: con los artesanos hemos armado tres colecciones distintas, cuyos diseños son mucho más contemporáneos, pero mantienen la técnica original y los desafían a probar cosas nuevas, por ejemplo, colores vibrantes o salir de la forma cuadrada para hacer algo más geométrico u orgánico.
¿Por qué escogieron a las alfombras de Guano?
Hace años, las alfombras de Guano eran extremadamente valoradas, eran piezas lujosas y de exportación, tanto que cuando se abrió Naciones Unidas y cada país tenía que llevar un regalo, el nuestro entregó una alfombra de 38 metros. Hoy, sigue allí. Otras se enviaron como obsequio a la Casa Blanca y hasta las solicitaban muchos políticos y embajadores.
Sin embargo, el interés se ha perdido por desconocimiento y esto nos motiva a tratar de recuperarlo, al fin y al cabo, son artesanías del Ecuador y es necesario devolverles su espacio.
¿Cómo fue el camino de ‘Quito Fragmented’?
A María Isabel Paz le llegó la invitación a través de la Universidad San Francisco, en abril del año pasado. Luego tuvimos la entrevista con la curadora, Ilaria Marcatelli del European Cultural Centre. Hubo mucha química, pero era necesario presentar un proyecto y de los que tenemos en la oficina, sin duda el que merecía estar en Venecia era el de los artesanos de Guano.
Enseguida, nos pusimos a diseñar la pieza, incluyendo el mapeo de Quito con un estudio de colorimetría. En él, cada cuadra adquiere un tono dependiendo de las edificaciones y su uso práctico. Esta parte del proceso con los ajustes y la curaduría necesaria -pues no se trata de la silueta típica de la ciudad- tardó cerca de un año. Era diciembre de 2024.
De forma paralela, desde octubre, los artesanos empezaron a tejer las partes ya listas. María Isabel Paz y yo los visitamos, proponiéndoles trabajar juntos por primera vez para crear un objeto muy complejo a nivel de forma porque los barrios son intrincados, tienen puntas, curvas y giros. Ellos estaban felices y aceptaron. Obviamente, es un proyecto remunerado, así que se les compró con antelación cada una de las alfombras.
Cuando estuvieron listas las primeras piezas, hablamos con Augusta Bustamante, que trabaja en Diners Club, y ella pensó que debían estar en el Museo Nacional (MUNA). Nos puso en contacto con María Fernanda Ponce, la directora ejecutiva, quien abrió las puertas y las expusimos como obra del mes.
Todo empezó a fluir: hubo una presentación en el Museo Camilo Egas y otra en el Centro Cultural Mariscal Sucre; aplicamos al Fondo de Movilidad Humana a través del Ministerio de Cultura y Patrimonio y, por la calidad del proyecto, se consiguió lo necesario para ir a Venecia.

¿Cómo se sienten los artesanos ahora que su trabajo está en Europa?
Tuvimos una reunión virtual para mostrarles cómo se ve la alfombra en el Palazzo Mora de Venecia y para que conozcan a las curadoras. Estaban felices.
Del mismo modo, creo que fue muy importante hacer la exhibición aquí, en Quito, ya que para ellos es duro ver que sus hijos saben la técnica, pero ya no la usan o que sus nietos la desconocen. Entonces, presentar su trabajo en la capital o en Italia los ayuda a revalorizar su arte incluso ante sus familiares más jóvenes.
¿Esa es la meta de ‘Quito Fragmented’: revalorizar?
Queremos que la gente sepa que ‘Quito Fragmented’ es un trabajo de muchísimas manos y que no se limite a admirar, sino que actúe.
¿Cómo? Si es que tiene las posibilidades económicas, comprando una alfombra de Guano; si no las tiene, puede mostrar esta historia en redes sociales, contarles a sus amigos sobre los artesanos y su trabajo. Basta incluso con viajar a su tierra y conocerlos.
Pero, sobre todo nos gustaría que este proyecto estimule a los artistas para que aprendan la técnica y que no se pierda. Antes, el conocimiento se transmitía de una generación a otra, pero ahora es mucho más abierto, como una escuela, y los tejedores están dispuestos a enseñar.
Los ecuatorianos en Venecia
La Bienal de Venecia se realizó por primera vez en 1895 con la idea de exhibir el arte italiano y festejar de ese modo las bodas de plata del rey Umberto I y Margarita de Saboya. Al año siguiente se abrió una sección para artistas del extranjero.
Con el paso del tiempo, se ha diversificado tanto en sus propuestas como en los países de origen de las obras, pero Ecuador rara vez aparece, quizá por problemas de financiamiento más que de otro estilo.
Así, en 2011 participó María Rosa Jijón con el videoarte ‘Paradoja Manta Manaos’ en el Pabellón Ítalo-Latinoamericano.
En aquel espacio estuvo Fabiano Kueva en 2015; su trabajo sobre el pueblo Siona Zio Baim se unió al de otros 18 artistas del continente en la muestra ‘Voces Indígenas’. Y ese mismo año, Ecuador tuvo su primer pabellón nacional con la obra de María Verónica León: ‘Oro y Agua: Espejos Negros Apocalípticos’.
Dos años más tarde, Paul Rosero fue parte de la sección de la Antártida con ‘Arriba’, un proyecto que proponía el cultivo de plantas tropicales en el frío extremo, mostrando un árbol de cacao dentro de una cápsula climatizada a lo alto de un iceberg.
En el capítulo de Arquitectura de la Bienal, la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil ha participado en tres ocasiones: 2018, 2021 y 2023, la primera con ‘Ecuador en cuatro escalas’, luego, ‘Guayaquil ciudad-puerto’ y ‘Guayaquil en mapas históricos’.

