Pocas veces el lugar común que dice “no necesita presentación” es útil. Esta es una. Estrella absoluta del cine español, actriz total, celebridad a todos los niveles, Penélope Cruz, embajadora de Chanel, activista por los derechos humanos, invitada de Bad Bunny, nos cuenta cómo consigue renovar la ilusión por su oficio.
Penélope Cruz (Alcobendas, 51 años) otorga un doble matiz al adjetivo inolvidable cuando relata lo que le ocurrió en su primer día de rodaje de La bola negra, la próxima película de Javier Ambrossi y Javier Calvo (que competirá por la Palma de Oro en el Festival de Cannes), mientras se forjaba una de esas escenas que prometen grabarse en las retinas de los espectadores: su personaje tiene que unirse a un grupo de unos 300 figurantes e interactuar con ellos mientras canta y baila. “Yo nunca me olvidaré de esa escena".

Usted ha dicho que su trabajo se nutre de la exploración del comportamiento humano. ¿Cómo se consigue observar al resto cuando una suele ser la observada?
Siempre he estado en el lugar de la observadora. En clase me sentaba más atrás para poder ver a todos: copiaba la letra de una, otro día la de otra, y así intentaba mimetizarme con ellas. Y en la peluquería de mi madre me sentaba en un sofá detrás de las clientas, me ponía delante el libro para estudiar y colocaba dentro alguna revista de moda, pero estaba todo el tiempo espiándolas. Y en un restaurante no puedo evitar mirar al resto e imaginarme sus vidas, lo que ellos me transmiten. Voy al supermercado, al gimnasio, a las clases de mis hijos, donde coincido con un montón de padres y madres que acaban siendo amigos, ambientes donde soy una más. Si yo hubiera perdido eso, me habría dedicado a otra cosa.
La bola negra coincidirá en recorrido nacional e internacional con El ser querido, la última película protagonizada por Javier Bardem y con Amarga navidad, entre otras. ¿Cómo ve el año de cine español que se viene?
Y con Búnker, que es coproducción española y está rodada en un 80% en español. La posición del cine español en el mundo me hace feliz. Llevamos unos años muy fuertes y además me entusiasma ver cómo tantas directoras con tanto talento y guionistas maravillosas tienen posibilidad de sacar adelante sus películas.
Cuando recibió el Premio Nacional de Cinematografía, en 2022, usted dijo: “El trato de la mujer en el cine no está cambiando tanto como está de moda decir”.
A mí me llevan preguntando desde los 20 años, sobre todo en Estados Unidos, si me da miedo envejecer. Y aunque las cosas han cambiado, siento que a veces no es que hayan dejado de preguntar ciertas cosas porque se les haya caído la ficha, sino porque no está bien visto. Pero la ficha tiene que caer, tenemos que llegar a un lugar de igualdad real, y eso pasa por la educación en igualdad y respeto a niños y adolescentes, desde que son muy pequeños. Cada uno hace lo que puede en casa, pero luego está la tecnología.

Lo ha mencionado en alguna ocasión en su cuenta de Instagram. ¿Le preocupa la exposición de sus hijos a las redes?
Ese tema para mí es muy importante y no solo por mis hijos. Yo tardé muchos años en tener smartphone y redes sociales, no quería entrar en esa rueda. La única que tengo es Instagram y la uso justamente para denunciar esas cosas, sí, en su propia plataforma. Se están consiguiendo cambiar leyes en muchos países. Y ojalá en el nuestro también se consiga, porque yo sé que cualquier adolescente que ahora mismo se pueda sentir ofendido con eso, dentro de tres o cuatro años lo va a agradecer, lo va a entender y seguramente, si más adelante tiene su propia familia, lo va a aplicar.
Y más allá de las redes, ¿teme que sus hijos cumplan 18 años en cuanto a la exposición mediática?
No, ellos decidirán lo que quieren hacer y decidirán si son profesiones de cara al público o no. Y si no son profesiones de cara al público, pues haremos lo que hemos hecho siempre, igual que conseguir que se respete que mi madre pueda tener una vida normal.
Usted y Rosalía son amigas. ¿Hablan de los paralelismos entre sus carreras?
Nosotras hablamos de todo. Fuimos al fútbol y nos pillaron comiendo papas fritas y sin parar de hablar, eran unos planos tan cortos que yo creo que se veía hasta lo que estábamos diciendo. Que la gente dirá: “¿Pero por qué no lo vieron en la tele de su casa?”. A nosotras nos encanta hablar, nos lo contamos todo. Es una relación de mucha confianza, aunque no pasamos mucho tiempo juntas, pero cuando nos vemos, confiamos mucho la una en la otra. Me encanta pasar tiempo con ella, y admiro muchísimo lo que está haciendo.
Tengo entendido que ir a la casita de Bad Bunny hizo que sus hijos le dijeran: “¡Por fin eres cool, mamá!”. ¿Qué le da acercarse a artistas jóvenes?
¿Eso lo he contado yo en algún sitio? Bueno, es que tienen cada cosa… En mi vida, lo primero que llegó fue la música porque yo hacía ballet desde los cuatro años y estuve 18 años bailando. Mi afición era sentarme al lado del tocadiscos con los vinilos y con los cascos gigantes. Me sabía cada nota de Prokófiev, Tchaikovsky, Chopin. Y de ahí pasaba a los Bee Gees, Alaska, Radio Futura... En mi casa los domingos limpiábamos todos juntos con música de fondo. Lo que está haciendo Benito y los lugares a los que está llevando nuestro idioma me parece algo alucinante. Y muy valiente. Me da mucho subidón su música, fui a verlo tres veces seguidas en Puerto Rico.
Ahora que menciona la valentía de Bad Bunny, quiero hablar de la suya. ¿Le ha pasado factura profesional posicionarse en ciertas causas?
Sí, alguna vez, pero eso me ha servido para darme cuenta de que no tenía que trabajar con esa persona. Yo nunca permitiría a nadie que me quitara la voz a la hora de denunciar el machaque a los civiles y a los niños en cualquier lugar del mundo, porque para mí la vida de un niño tiene exactamente el mismo valor en cualquier lugar del mundo, y desgraciadamente parece que para muchas personas no es así.
En la última gala de los Oscar, uno de los pocos invitados que se pronunció sobre la actualidad fue Javier Bardem. ¿Cree que hay miedo en Hollywood?
Yo creo que hay mucha gente que tiene miedo a hablar, con todo lo que está ocurriendo con el ICE y con los demás conflictos. Es que si no es miedo, ¿qué es? Prefiero pensar que es miedo.
A creer que es indolencia.
La cantidad de imágenes que nos han llegado de niños y civiles en Gaza, que a mí me afectan exactamente igual que las imágenes de todos los civiles que murieron en Israel el 7 de octubre... Veo a esos niños en Gaza sufriendo y muriendo de esa manera, ese nivel de agonía y de horror y me pregunto: ¿Cómo podemos ver eso y no decir nada, no escribir nada, no hacer nada? Allá cada uno.

Hace poco se publicó la primera entrevista a Harvey Weinstein desde la cárcel y él negó haber cometido ninguna agresión sexual. ¿Qué le suscitó?
Tengo amigas que pasaron por cosas muy fuertes con él. Y no me lo habían contado hasta que todo salió a la luz. Yo nunca les podría echar en cara que no me lo contaran antes. Tenían miedo. Y aunque a mí no me pasó, obviamente eso da igual. Ellas lo pasaron muy mal.
Pedro Almodóvar ha contado que desde que empezó a trabajar con usted siempre se la imaginó siendo madre. De hecho, en Carne trémula la puso, literalmente, a parir.
Y eso que ahí cono Pedro (Almodóvar) nos conocíamos muy poco y aún no le había contado qué nivel de obsesión tenía con convertirme en madre algún día. Pero sí, él siempre me ha visto así. Y siempre me ha dado personajes de madre o de mujer embarazada salvo en Los abrazos rotos.
El nombre de su productora, Moonlyon, es la suma de los de sus hijos. ¿Qué puede adelantar del documental que está dirigiendo y produciendo?
Llevo tres años y medio y tengo 45 horas de material. Llevo meses montando y me quedan bastantes más. Y es la cosa más intensa que he hecho, lo que más me ha exigido, porque es muy personal, tiene que ver con cosas que me han pasado a mí y a muchas otras mujeres. Es una carta de amor a las mujeres.
A los 18 años estaba protagonizando Jamón, jamón y dejando para el recuerdo un vídeo muy tierno en el que con total desparpajo cuenta la película entera. Usted lo compartió hace años. ¿Qué le diría a esa chica?
Yo a los veintitantos me convertí en una workaholic tremenda. Me despertaba en medio de la noche para que nada se quedara sin contestar. Llevaba un ritmo muy loco, hacía cuatro películas al año. Ahora le diría todo lo que me decía mi madre: “Descansa más, duerme mejor, cuídate más”.
*Contenido publicado el 17 de abril de 2026 en El País. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.


