Paola Pabón lleva más de treinta años en un oficio que la ha conducido por sendas amables y también por caminos oscuros. Pero el amor es terco, empeñoso y —mientras existe— ciega y obnubila. Paola está enamorada de la política, ¡qué le va a hacer!
Se le nota en sus ojos como ciruelos. En la sonrisa que le ilumina el semblante. Está en lo suyo. Habla desde la convicción y el oficio. Paola, esa niña que nació en el barrio San Juan Cayo/La Cruz Verde, de Ibarra, no concibe esto de hacer política sin trabajar en lo más pequeño y en lo más grande. Está en lo macro: la vialidad, los canales de riego, la política pública; y también en lo micro, la señalética de una vía o la supervisión de una alcantarilla.
Empezó a los quince, cuando la adolescencia arrecia y el carácter toma bríos. Estudiaba en el Colegio Experimental 24 de Mayo cuando encontró la madera de la que estaba hecha y comenzó una ruta siempre hacia la izquierda de la vida. En la Universidad Central del Ecuador, donde obtuvo el título de abogada, eligió sus primeras batallas: los derechos de los estudiantes y la educación pública de calidad.
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