Skip to main content

Mundo Diners al día

Nathy Peluso: "La función de un artista es remover cimientos culturales"

por Anatzu Zabalbeascoa

Nathy Peluso
Nathy Peluso posa para los retratos de esta entrevista en el 5020 Studio Madrid, el nuevo estudio de grabación de Sony en la ciudad. Foto: Francis Tsang.

Argentina criada en España, estrella del rap forjada en YouTube y ganadora de un Grammy Latino. Ha hecho de la ruptura, lo inesperado, el descaro y el cambio continuo su seña de identidad. Ahora olviden todo esto: regresa con una nueva identidad y un nuevo disco, ‘Grasa’.

Sin apenas maquillar y tras unas gafas de ver, Nathy Peluso (Luján, Argentina, 29 años) tiene una entrada tímida, de niña, alejada de la poderosa mujer que canta atacando y que reaparece cuando luego la preparan para la sesión de fotos. Vive entre Barcelona y Madrid.

Creció en el barrio bonaerense de Saavedra y de adolescente emigró a Torrevieja (Alicante). Allí se curtió cantando en hoteles el repertorio de Frank Sinatra o Nina Simone. Escribe, compone, diseña y hace explotar temas reivindicativos, urbanos y empoderados. En 'Grasa' explora, por primera vez, su lado sensible. Le damos al play, y mientras suenan las canciones del disco, conversamos con la argentina de lo que escuchamos y también de lo que no.

“Una perra, sorprendente, curvilínea y elocuente / magníficamente colosal, extravagante y animal”. ¿Así es?

Es lo más crudo de una parte de mi naturaleza. Pero mi personalidad tiene caras que distan mucho.

“No estoy aquí para complacer a nadie. Estoy para remover algo”. ¿Qué?

La función de un artista es remover cimientos culturales y personales. Por incómodo que sea. Siempre he tenido que hacer un sobreesfuerzo para encajar. Mi carácter me pasa factura. Pero siento poder dentro de mí. Y creo que es mi misión contagiar de esa fuerza a la gente.

¿Necesita fuerza porque en algún momento no la ha tenido?

Siento que las condiciones de vida que me han tocado (mis padres, mis raíces…) no han dejado chance de que no sea fuerte. Por supuesto que hay momentos en los que me siento rota, pero, cuando parece que no queda, hay un tractor tirando que va más allá de mi decisión.

Tiene videos de niña bailando con los labios pintados. ¿La prepararon para ser artista?

Cuanto más crezco, más claro veo: mis padres son artistas.

Su padre es psicólogo y su madre enseña inglés.

Más allá de lo que hacen, son escritores. La manera en la que hablan y escriben se traslada. He estado estimulada a la hora de expresarme.

Vendía poemas instantáneos en el Rastro.

Escribiendo poemas con la Olivetti para venderlos me di cuenta de que podía hacer canciones.

Con 16 años cantaba en hoteles de Torrevieja. 50 euros, cuatro horas.

Nina Simone, Ella Fitzgerald… Aprendí intentando imitar.

De ahí al rap doliente de su primer disco: “Haces que mi rabia salga”.

Fui sacando canciones en YouTube hasta que ‘Corashe’ me llevó a una exposición que me hizo tener mi público.

Visceral/vulnerable. Violenta/sensual. ¿Qué provoca sus cambios?

Son una puerta para conocerme. Me canso rápido de mí misma. Soy muy productiva, me gusta retarme y constantemente crecer. Si me quedo en algo que ya funciona, siento que estoy perdiendo el tiempo para ser mejor artista. Mi personalidad es una dualidad extrema. Lo pasional que soy para mostrar mi fuerza es idéntico para mostrar mi amor y mi vulnerabilidad. Siento que lo que me caracteriza es que todo lo que siento, y muestro, es fuerte.

¿La necesidad de mostrar fuerza denota debilidad?

Hoy no necesito mostrarla. Quizá en su momento fue para defenderme. Pero soy así: histriónica, exagerada.

¿Cuál es el precio de llegar siempre al límite?

Agotamiento. Pero es mi condición artística, el motor de mi vida. No quería ser una pop star y llenar estadios, solo estar en contacto con el arte. Cuando alguien se emociona con lo que estás haciendo, sientes que estás teniendo una tarea en el universo.

Como ciudadana argentina, ¿su rebeldía es más personal que política?

Mi manera de defender un mundo amplio y plural, de provocar y hacer pensar, es remover emociones con mi música. Ahí también se generan conversaciones porque, políticamente, yo soy muy ignorante. Pienso que aporto cuando me emociono. Lo que nos cambia es el arte.

¿La industria musical le permite hacer arte?

Me gusta pensar que soy una infiltrada. Siento que lo popular necesita que le acerquen cosas que quizá no formen parte de lo comercial.

Cambia incluso físicamente.

Me corté el pelo por algo estético. Pero se trasladó a una época complicadísima de mi vida, de búsqueda interna, de disforia, de tener que reencontrarme conmigo misma.

nathy peluso
Nathy Peluso posa para los retratos de esta entrevista en el 5020 Studio Madrid, el nuevo estudio de grabación de Sony en la ciudad. Foto: Francis Tsang.

¿Qué la lleva a ese estado?

Me interesan muy pocas cosas con mucha intensidad: mi profesión, que es mi tarea en el mundo, y el amor. De un hombre, de mi familia, de seres queridos.

Dice en ‘Mafiosa’: “No cualquiera se me acerca yo lo sé / dicen que hay que tener agallas pa comerme”.

‘Mafiosa’ es el himno de una etapa de mi vida que nos identifica a mujeres poderosas de las que muchos hombres se alejan.

¿Qué asusta a los hombres?

¿El poder? Se asustan fácil. Qué seductor es ver a alguien seguro de sí mismo… Si a alguien eso lo aleja es porque, probablemente, tenga que trabajar en su interior. Que trabajen en terapia y ya los conoceremos. A mí la intensidad me enamora.

Continúa la canción: “¿Qué mierda les pasa a los hombres cuando se trata de una mujer?”.

Es una conversación de nuestro presente femenino. No hemos solucionado absolutamente nada todavía. Pero lo único que podemos es hacernos cargo de nosotras. Y que los hombres vayan aprendiendo a convivir con nuestro poder. Nuestra seguridad e independencia deben formar parte de nuestra cultura. Por supuesto que hay hombres estupendos. La gente que está en un proceso de inseguridad está en el camino a entender algo. Yo lo caricaturizo. Me gusta ser histriónica con los problemas de la sociedad porque forma parte del arte exponer las cosas brutalmente. Luego, soy una mina recomprensiva.

Ha dicho: “De repente me encontré con que se me permitía ser imperfecta y eso valía”. ¿Habíamos llegado a pensar que alguien puede ser perfecto?

Mi imperfección me hace única. Es mi fuente de poder. Somos seres únicos. Pero hay que ser valiente y trabajar mucho tu autoconocimiento para abrazar esa diferencia. Yo lo detecté de chiquita y me sirvió para desarrollarme profesionalmente.

Habla de una infancia casi idílica.

Soy una inmigrante, qué idílica…

Muy querida por sus padres.

El idilio se genera en los recuerdos y mis padres se encargaron de generar esos recuerdos. Tuvimos un montón de situaciones complicadísimas como todas las familias. Pero el recibo que queda es algo positivo porque hubo amor. Y el amor lo tiñe todo de un color lindo, ¿viste? Saber recibir y dar amor es la fuerza.

¿Ha llegado a conocerse sola?

Soy una persona exigentísima conmigo misma. Siento que cualquier situación de la vida tiene un aprendizaje. Me autoanalizo mucho. Y hago mucha terapia. Me encanta, como buena argentina que soy. Es una herramienta que lleva al máximo el jugo que le puedes sacar a cada experiencia. Pero hay que tener ese impulso. A veces uno no tiene tantas ganas de trabajar en uno mismo.

“Tengo mis complejos. A veces considero que estoy buenísima. A veces no”.

Estoy aprendiendo a convivir con mis idas y venidas. La aceptación es un trabajo de por vida.

Aprender a amar, dice uno de sus nuevos temas.

Esa canción es un mensaje para mí y para todos.

¿Implica que en algún momento no se quiso?

Sí. Me parece sano, a veces, tener esos desencuentros. Si trabajas para volverte a encontrar, lo haces con más fuerza. Creo que es un reflejo de nuestra sociedad. Estamos con necesidad de aprender a amar de otra manera. Falta amor. Hemos priorizado otras cosas. Hay muchas cosas buenas que nos hace crecer como sociedad. Pero también siento que nos alejamos de lo crucial. Estamos muy distraídos. El amor es una gran defensa que tenemos que desarrollar.

En ‘Aprender a amar’ habla de su autoexigencia. ¿Una vocación es una obsesión?

Estoy obsesionada con ser mi mejor versión. No me quedo tranquila si no doy el 100%.

“Levántate, perra, no hay tiempo”, dice.

Esa canción me levanta. Es como si tu madre te dice: “Venga, venga, no hay tiempo de romperse”.

“Aunque yo lo consiga todo, siempre quiero más”.

Quiero hacer algo más allá de mi ego, algo que trascienda. Mi búsqueda es que esa ambición no me domine. Quiero que lo que hago les sirva a otras personas. Pero ambición por lo tangible no tengo.

Tiene dinero.

Obvio. Esa lucha ya la viví. No es un problema para mí tener más o menos dinero. Estoy preparada. Mi meta es superarme. El dinero va a venir. Si uno hace lo que tiene que hacer, las cosas funcionan. El motor que mueve todo es que yo no deje de superarme y ponerme a prueba.

Dice que el dinero va a venir. ¿Qué pensará alguien en paro?

Conozco la dureza, forma parte del aprendizaje de la vida. Me acuerdo de lo que es trabajar casi como esclava. Y, aunque el sacrificio tiene recompensa, somos todos un poco esclavos en este sistema capitalista-consumista. Estamos obligados a producir constantemente y no tenemos espacio para entendernos y conocernos.

¿Nombrar a Versace en sus canciones o diseñar para Desigual, como hizo usted en 2022, no celebra ese consumismo?

No soy una persona consumista, pero convivo con la industria de la moda. El lujo es una realidad que desconocía y he conocido. Te da comodidad. Soy hedonista: me gusta vivir rodeada de placeres, pero el lujo no está en el bolso de Versace. Está en abrirlo y que te esté llamando la persona que amas.

¿Está enamorada?

No.

Siendo cada vez más conocida, ¿cómo se le acerca alguien?

Sucede cuando sucede. Es de las mejores cosas del mundo. Tener pareja de por vida me encantaría. ¿Hijos? No sé.

“El miedo de incomodar a alguien es una restricción para tu libertad”.

Yo no quiero incomodar, pero cuando uno es uno mismo, no puede estar bien con Dios y con el diablo. A algunas personas les incomoda conocer realidades distintas. Para mí es bello.

¿Por qué se llama 'Grasa' su nuevo disco?

Me gustaría no determinar yo lo que tiene que pensar la gente.

La grasa permite sobrevivir, pero está asociada al exceso y la suciedad.

Me encanta ese contraste.

Como usted, una convivencia de contrarios. El disco incluye la canción ‘Mamá’: “Siempre he tenido apuro en crecer. Lo siento si he sido arrogante”. ¿Lo ha sido con su madre?

Seguramente sí. Ante una madre siempre hay que hacer mea culpa. Cualquier adolescente es pelotudo. “Gracias a que sé que estarás a mi lado no le temo a la soledad”. Es un “te amo” gigante.

¿Nos cuesta decirlo?

A mí no.

¿Qué le cuesta a Nathy Peluso?

Poner fin a cosas que quiero. Pero el amor no me da miedo para nada. Me gusta exponerme así. Me gusta que la gente sepa que para mí es importante. La vida se trata de eso: de ser especial para alguien. De compartir.

“Si alguna vez me equivoco, te prometo volveré a intentarlo una vez más”. ¿A los padres se les permite equivocarse?

Se va descubriendo con la edad que los padres son personas igual que uno. Es revelador. Como cuando descubres que no existe Papá Noel.

¿Sus padres tuvieron menos posibilidades de desarrollarse que usted?

Las posibilidades que te brinda la vida son las que tenés que transitar. Los retos que ellos han vivido como padres han sido lo que se ha traducido en lo que soy yo hoy. Soy parte de ellos. Me parece que han triunfado muchísimo.

¿Y su hermana, Sofía Gabanna?

Ella hace rap y se nota que es hija de mis padres. Era inevitable que fuera artista. Fuimos chicas muy estimuladas. Creo que el éxito de mis padres es cómo viven la vida.

¿Ha colaborado con ella?

No. Está conociéndose. Empezando. No me pide opinión. Es tozuda, como yo.

Sí ha colaborado ahora con Duki y antes con Bizarrap o C. Tangana. ¿Cómo elige?

La premisa es que me atraviese lo que hagan. Quiero tener una obra que sé que voy a defender a lo largo de mi vida. Invité a Duki porque hace años que veo el humano que es y me emociona. Representa los valores del hip hop: el esfuerzo de hacerse desde abajo. Me representa y me conmueve como hice con C. Tangana. ‘Ateo’ ha sido un himno porque es genuino. Metiéndote en un lugar que no es 100% tuyo se aprende mucho.

Siempre ha escrito sus letras.

Y hago mi música. Cuando doy con algo me digo: “Lo toqué”. Es como tocar a Dios. Pero cuesta mucho. Son momentos. Escribí ‘El día que perdí mi juventud’ sola, de madrugada. Sentía que llegaba algo muy fuerte. Como cuando tienes ganas de vomitar. La sensación es extrema: difícil de habitar y liberadora. Nunca he hecho nada al nivel de 'Grasa'. Voy creciendo. No me podía permitir hacer algo que no me emocionara, por eso maté el disco anterior y no dejé que saliera, porque no estaba sintiendo lo que tenía que sentir. No estaba tocando el cielo.

¿Qué dijo su productora?

Me apoyaron. Debieron pasar miedo, pero gracias a Dios confiaron en mí.

En la canción que acaba de mencionar dice: “Hoy volví a la puerta de la escuela para ver si aún la reconozco”.

‘El día que perdí mi juventud’ habla de cómo mantener la inocencia. Es una herramienta poderosa que perdemos. Reencontrarse con tu niña interior te hace crecer.

Artículo publicado el 16 de mayo de 2024 en El País, de PRISA MEDIA. Lea el contenido completo aquí. Revista Mundo Diners reproduce este contenido con autorización de PRISA MEDIA

Etiquetas: