
Mariano Minoli es PhD en Ingeniería de Software por la Universidad Rey Juan Carlos. Además, cuenta con una especialización en análisis de datos por el Instituto Tecnológico de Massachusetts. En esta entrevista reflexiona sobre el impacto de la IA en la vida de los seres humanos.
Minoli está convencido de que esa tecnología, con el paso de los años, será indispensable para resolver tareas cotidianas e incluso para mejorar la calidad de vida de las personas por su capacidad para aprender y analizar datos.
Hablar de inteligencia artificial está de moda pero, ¿qué tan nueva es?
Es cierto, hoy está de moda, en su ‘hype’ como solemos decir en el mundo tecnológico, pero es algo que viene desde los años cincuenta. En 1956 se empezó a hablar de ella y se ha ido desarrollando sin parar desde entonces. Tal vez estaba en el plano conceptual pero se ha estandarizado y democratizado gracias a una nueva aplicación que se publicó a finales del 2022, cuando la empresa OpenAI puso en funcionamiento su famoso ChatGPT.
Esta tecnología es la continuación de lo que se venía haciendo en los últimos sesenta años, pero tiene una característica diferente: debido a su potencia actual -mucho mayor que antes-, ahora puede generar cosas. Y lo hace bastante bien y cada vez mejor”.
Justamente, en Hiberus, su equipo trabaja con la ‘inteligencia artificial generativa’, ¿de qué se trata?
Se llama así porque ‘genera’ diferentes tipos de cosas como texto, imágenes, video, audio y código, es decir que también puede programar.
¿La IA va a cambiar la forma de hacer cultura?
En realidad, la IA impacta o puede hacerlo en todos los niveles. Antes de la cultura, es necesario un paneo: Andrew Ng, jefe de la cátedra de Inteligencia Artificial de Standford, ofrece una analogía con las industrias y dice que, de la misma manera que la electricidad cambió a todas las áreas hace cien años, lo hará la inteligencia artificial ahora. No hay duda de que una de ellas es la cultura.
¿Cómo terminará por cambiarla? Todavía no podemos saberlo porque es algo muy nuevo, rápido y aún está en proceso. Sí podemos ver el impacto inicial que tuvo y parece el de Terminator: "¡la IA nos va a reemplazar a todos!". Pero la verdad es que no creemos que las cosas se desarrollen de ese modo porque estas tecnologías son aceleradores del trabajo y van a estar metidas en la computadora que usa un escritor o en el taller de pintura como inspiración para los artistas.
¿Cree que en algún momento la IA pueda remplazar a un artista o a un escritor?
Parto de un autor que estoy leyendo mucho: Yuval Harari, el sociólogo e historiador, quien dice que hasta ahora en todas las revoluciones industriales la máquina ha competido con la fuerza de trabajo, es decir, con lo físico; hoy es la primera vez que compite a nivel cognitivo.
Por eso, el miedo a perder el trabajo que tiene un artista, un contable, un abogado o un periodista, es normal, sincero. Lo entiendo. Sin embargo, la creatividad, el juicio de valor y la interpretación son cosas que la máquina no puede hacer. Puede ayudar y ya lo está haciendo. Lo que vemos es que la inteligencia artificial sirve para liberarnos de las tareas más repetitivas o para ayudar a combatir el ‘síndrome’ de la página en blanco.
Al final, lo que hay detrás de ella es matemática, estadística, por eso no puede ‘crear’; puede aprender mucho -muchísimo- y, a partir de eso, hacer un promedio y generar algo; solo busca la respuesta más acertada con un algoritmo y aplicando matemáticas.
Una de las cosas que le atemorizaban a Stephen Hawking sobre la IA era su gran velocidad de evolución comparada con la de la humanidad. ¿Usted comparte ese miedo?
No y lo digo de forma rotunda. Yo estoy tras bambalinas y veo cómo ocurren las cosas: que la capacidad de evolucionar lleve a la destrucción de la humanidad no me parece probable ahora. Otra cosa es que se convierta en un arma que pueda dar más poder al humano para hacer daño, eso sí.
Entonces el problema es el humano…
Siempre es el humano. Por ejemplo: el problema no es la energía atómica porque podemos usarla para alumbrar una ciudad o para hacer una bomba. Al final, la decisión es de nosotros.
¿La inteligencia artificial tiene un poder análogo al de una bomba atómica o puede llegar a tenerla? Pues sí, es algo que está desarrollando mucha potencia -y apenas comienza-, pero también creo que es una herramienta en manos de los humanos, igual que lo ha sido todo desde el invento de la rueda.
Y en cuanto a la velocidad: a la gente le sorprende cómo avanzan las cosas, pero es un trabajo que, como dije, viene desde 1956, no es que se hizo en los últimos dos años, sino que tecnologías que se investigaban hace diez o veinte se aplicaron en otras áreas y las hicieron acelerar.
Muchos recordarán a Data, el robot de ‘Star Trek’ que movía piezas de un tablero de ajedrez o interactuaba con humanos como uno más, ¿cree que algún día sucederá aquello?
Sí, definitivamente. No hay, desde el punto de vista técnico, ningún impedimento para que suceda. En todo caso, será cuestión de resolver temas normativos. Pensemos incluso en los coches autónomos que ya existen; con lo cual, solo debe madurar un poco la tecnología y cambiar la normativa porque existen miles de cuestiones éticas por resolver.
Y, aunque sea un ejercicio más de elucubración, para Mariano Minoli ¿adónde nos llevarán estos avances en veinte o cuarenta años?
No, veinte o cuarenta años es demasiado: la hiperaceleración de las tecnologías es muy grande. Es posible contar en lo que estamos trabajando hoy o en los próximos dos o tres años para llevar la inteligencia artificial a nuestras vidas. Claro, los técnicos podemos hacer muchas cosas, pero la normativa y el mercado deben resolver cuestiones éticas y eso tarda.
Eso sí, en el campo de la biotecnología están por verse muchas cosas: hay gente hablando de que la mezcla de dispositivos tecnológicos, modelos predictivos, inteligencia artificial y biotecnología llevarán a extender el tiempo de vida de los humanos hasta 110 o 120 años.
Las personas que trabajan en ese campo -sobre todo las empresas porque hay un mercado tras de ellos- esperan hacerlo en las próximas dos o tres décadas. Esto será uno de los cambios que veremos, sin duda, mucho más adelante. Y será increíble; a partir de allí, se harán cosas que, ahora, ni siquiera se nos pueden ocurrir.

