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Mundo Diners al día

Mercedes Halfon o cómo narrar al padre

por Andrea Rojas Vásquez

Mercedes Halfon
La escritora argentina Mercedes Halfon fue una de las invitadas de la FIL de Quito 2024. Foto: cortesía.

Mercedes Halfon es una de las nuevas voces narrativas de las letras argentinas. En 'Vida de Horacio', su nuevo libro, ilumina la memoria familiar y juega con el ejercicio periodístico para dibujar un perfil sobre su padre.

Mercedes Halfon (Argentina, 1980) es escritora, periodista cultural, curadora escénica y colaboradora en revistas culturales como Página/12. A sus 44 años ha publicado 5 libros de poesía y 4 de narrativa.

Su escritura revela una polifonía de géneros: diario, biografía, ensayo, poesía e investigación periodística; además de registros que coquetean con la ficción y guiñan a la no ficción. Sí, sus libros son una juguetería en donde brillan las diversas texturas de la palabra escrita.

En 'Vida de Horacio', Halfon más que el retrato del padre, o de lo que significa ser hija, la autora traza el itinerario de vuelta a esa Argentina de la década de los 70. En ese ejercicio pone el acento en su padre como centro del universo familiar, y, a través de anécdotas prestadas y propias, entrevistas grabadas e investigación documental, muestra los elementos que han signado la trayectoria vital de Horacio Halfon.

“Hace algunos años empecé a grabar a mi padre. No sé bien por qué lo hice. Supongo que me pareció una buena forma de estar juntos, de salir a caminar por ese bosque de piedra que es el pasado”, dice la autora al inicio de su libro. En su paso por Ecuador, Halfon recorrió con aire introspectivo y curioso los pasillos de la FIL Quito 2024 y conversó con Mundo Diners sobre la escritura, la biografía y la memoria.

¿Cuánto de su padre hay en el génesis de su escritura?

Hay una escena que para mí fue bastante central en esta escritura y que siempre volvía: la historia de unos afiches que hacía mi papá cuando yo era chiquita para promocionar la escuela pública de la que él era director. Él tenía una costumbre cuando empezaban las clases en marzo. Iba a pedir a las unidades básicas, a los comités, a los centros de izquierda que le dieran los afiches que habían quedado en desuso. Y, después, en la noche, del otro lado de los afiches, en la parte que quedaba en blanco, escribía la propaganda de la escuela pública donde trabajaba. Ponía "Escuela número 14 del octavo: Contabilidad, corte y confección gratuito, primaria completa" y los pegaba en el barrio con engrudo. A veces nos llevaba a sus hijos a esas excursiones nocturnas. 

En  algún momento, me di cuenta de que esa escena me visitaba y supe que quería escribir sobre eso. Tenía la idea de hacer un monólogo teatral o usarlo para algo porque tenía que ver con una primera escena de escritura. Muchas veces cuando nos preguntan por qué escribimos, cuál es nuestro primer recuerdo vinculado a la escritura, aparece un libro o un profesor o alguien muy importante que nos incitó a escribir y en mi caso, el inicio fueron esos afiches, que aunque no eran literarios, tenían una letra manuscrita con un mensaje, con un compromiso, con una idea de conmover que me había dejado una impronta muy fuerte. De algún modo, podía pensar que esa era una escena primigenia, el génesis de mi escritura.

En 'Vida de Horacio' hay una intención de retratar la época. ¿Cómo lo hace? 

Bueno, tenía algunas entrevistas previas de mi padre y también lo volví a grabar durante 2020. Trabajar con la grabadora se vinculaba con mi labor como periodista, aunque nunca lo había usado para una actividad literaria. 

La historia de mi papá, al haber sido militante peronista y docente trabajando en la educación pública, recorría la historia de los últimos 50 años de Argentina. Fue testigo de una cantidad de hechos históricos: las dos llegadas de Perón en los años 70, cuando echó a los montoneros de la plaza, y luego el retorno de la democracia. Estos son sucesos que uno los estudia, son públicos, parte del gran relato de la historia política argentina; pero yo los conocía desde este lado B que era la historia de mi padre, y vi cómo el gran relato se convirtió en la pequeña narración de una historia particular y cómo estos eventos políticos imprimieron de una forma muy fuerte y conmovedora en la vida personal. Me interesó indagar en eso.

Después, tuve que hacer un trabajo de lectura sobre la historia del peronismo e historia de Argentina para ir cotejando. Las cosas que mi papá cuenta en el libro están cotejadas y son verdaderas. 

¿Qué conoció de usted al saber más la historia de su padre?

Hay algo de la escritura que siempre es un ejercicio de autoexploración y autodescubrimiento. Es gracioso cuando alguien que lee el libro me dice que, al leer las partes donde habla mi papá o las cosas en las que se fija, espejan en cosas que también a él (el lector) le interesan. Hay algo que, como efecto de lectura, uno va trazando y dice: esta es una hija de este padre; hay ciertas consonancias. Y, por supuesto, descubrí cosas mías al hablar con él y escribir sobre él.

Hay algo que recorre el libro y que tiene que ver con la escritura, con la palabra, no necesariamente literaria, pero sí con la escritura en términos materiales. Los afiches que hacía mi padre, las clases de dactilografía que daba mi madre. En el libro también aparece mi hijo cuando aprende a escribir sus primeras letras y a leer. Entonces, a través de distintas generaciones, aparece la escritura y la palabra como algo que se hereda y se transmite.

La infancia está  presente en este y otros de sus libros como 'El trabajo de los ojos'. ¿Cuál es su visión sobre la infancia y el universo familiar?

En 'Vida de Horacio' la infancia aparece hacia el final. Hay una escena en la que le muestro a mi hijo un video de él mismo cuando tenía tres años cantando una canción infantil, el payaso Plin Plin, y pronuncia mal la palabra estornudo, entonces. Yo toda emocionada por haber encontrado ese archivo le digo: ¿qué te pareció? Y él me responde: “me pareció humillante”. (Mercedes sonríe y entrecierra los ojos).

Lo pongo en el libro porque, claro, para un niño que está aprendiendo a escribir y a leer, verse a sí mismo haciéndolo mal es algo vergonzoso. Creo que la literatura también tiene que ver con tratar de volver a aprender a escribir, a leer, a ver las cosas de una manera nueva, con ojos limpios. La poesía tiene que ver con ese retorno a la infancia, a ese momento donde todo es novedoso y puede ser inventado. Para mí, la infancia tiene que ver con esa inocencia.

Mercedes Halfon

  • Mercedes Halfon nació en Buenos Aires. Se dedica a la práctica e investigación de artes escénicas y literatura.
  • Es Licenciada en Artes (UBA), Magíster en Escritura creativa (UNTREF), periodista cultural, crítica de teatro y poeta. Escribe en el suplemento Radar de Página/12. 
  • Ganó el Premio Estímulo de Tea al periodismo gráfico. Fue becada para perfeccionarse en escritura por la Fundación Gabriel García Márquez de Colombia en 2008, en Artes Vivas por Goethe Institut en Bogotá en 2015 y por el centro de creación contemporánea Matadero Madrid en 2017. 
  • En 2019 dirigió, junto a Laura Citarella, el documental Las poetas visitan a Juana Bignozzi, premio a la mejor dirección en el Festival Internacional de Mar de Plata.
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Vida de Horacio, de Mercedes Halfon.

¿Cómo definiría a la familia?

Voy a decirte algo que me adueñé de Ricardo Piglia, un teórico muy importante, y que creo que es la definición perfecta: “la familia es una máquina de producir ficción sobre sí misma”. La familia es eso, contar anécdotas, volver al pasado, decir: cuando vos eras chiquita eras así, acordáte de tal historia. Las historias se repiten y exageran. 

Cuando empecé a escribir 'Vida de Horacio' estaba muy contenta de poder escribir esas historias que habían estado dando vueltas en mi casa y que son, como dice Natalia Ginzburg, “nuestro léxico familiar”, nuestro griego, nuestro latín, el origen de los relatos.

Usa la memoria como sustrato, ¿cree que es posible escribir sin memoria?

Creo que no. Pienso que en la hiperficción igual se trabaja con la imaginación y los propios recuerdos. Las materias primas de la escritura tienen que ver con eso: la imaginación, el recuerdo, la memoria, la emoción. Yo trabajo bastante con la memoria. Soy bastante desmemoriada y eso también es una virtud, no tratar de tener una estructura 100% documental, sino permitirle a la memoria fallar, que la ficción aparezca en esos huecos, en esas zonas ciegas. Entre la imaginación y la memoria hay un vaivén en el que se producen los relatos.

Y hablando de las materias primas de la escritura, ¿cuáles son los elementos que sostienen la creación de Mercedes Halfon?

Vengo de la historia del arte y después empecé a escribir. Mi aproximación no es desde la propia literatura, sino desde un lugar más híbrido, que tiene que ver con la poesía, lo escénico y lo que va oscilando entre distintos lenguajes. Me cuesta escribir un libro que sea solamente una novela o un libro de poemas, me interesa mezclar. En  'Vida de Horacio' hay algo que tiene que ver con los objetos y lo documental. Me interesaban algunos objetos que llegaron a mi casa: el contestador automático, el equipo de vinilos, el grabador de casetes abiertos que usaba mi papá para escuchar los discursos de Perón; algunas materialidades y objetos  que dan cuenta de una época, de una clase también. En 'El Trabajo de los ojos' aparece una cámara de fotos, hay objetos que forman parte de un museo familiar personal que siempre me interesa que aparezcan en los libros. 

Tiene una faceta audiovisual, ¿'Vida de Horacio' pretende en algún momento llevarse al cine documental?

No. La obra es un archivo ya en sí mismo. En ese libro hay una especie de fotografía de una época de la vida de mi papá de cuando él tenía 80 años y una memoria y lucidez que ahora ya no existe. El libro es un documental, un archivo familiar que quedará para mi hijo, para que pueda ver cómo era su abuelo antes de que la vejez borre la claridad.

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Acerca de Andrea Rojas Vásquez

Escritora, Tcnlga. Agroindustrial y gestora cultural. Premio Nacional de Poesía Ileana Espinel Cedeño (2021). Autora de la plaquette Ay mi conejito era tan picarón en ritmo de raro adagio (Y punto, Loja, 2018), Matar a un conejo (El Quirófano, Guayaquil, 2020), Llévame a casa, por favor. (Libero Editorial, España, 2022) y Furia (Editorial Ruido Blanco, Quito, 2023). Actualmente estudia Lengua y Literatura en la UTPL y es freelance en trabajos editoriales. Ama a: una sábila bebé, una Almendra del Mar y un Gatito Bigotes.
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