Juana Guarderas es una de las figuras más destacadas de las artes escénicas en el Ecuador. Ha interpretado personajes que se han vuelto icónicos, como Abrilia y la Venadita. En esta entrevista cuenta los detalles de una vida que durante más de sesenta años se ha movido entre el campo y el teatro.
Juana Guarderas nació en Quito, pero vivió toda su infancia en Machachi y, por eso, se considera una chagra que ama el campo y las montañas. En el lugar donde decide sentarse para esta entrevista, el proscenio del Patio de Comedias, hace décadas se apilaban papas. Sí, entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado, no había escenario ni butacas, sino sacos repletos de ese tubérculo, que se despachaban a las despensas de la ciudad. El paisaje cambió a finales de los años setenta. Entraron actores, actrices y directores. Al principio, Guarderas era parte del público, pero pronto se subió al escenario y mostró su talento e histrionismo. Y no importa si está sentada como ahora, sin vestuario y sin personaje, ella no solo habla, ella gesticula, mueve las manos, agranda los ojos, da saltitos sobre la silla, golpea sus pies contra el piso. Arrastra la erre, usa artículos antes de decir un nombre propio (el José Luis o la Martha), y habla cantado igual que Abrilia, el personaje con el que debutó oficialmente en el teatro y que hoy es una especie de alter ego.
Aprendí a amar el teatro desde la butaca”
—Por Abrilia, tu personaje de Las Marujas, muchos creen que eres cuencana.
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