Skip to main content

Santiago Nieto: “La gente no quiere hacer ningún sacrificio”

por Pablo Cuvi

Santiago Nieto
Fotografía: Juan Reyes.

Como consultor político, Santiago Nieto (Quito, 1966) ha participado en campañas presidenciales en diversos países de América Latina. También ha escrito, con Jaime Durán Barba, libros sobre temas políticos. Empezó como encuestador en Informe Confidencial e ingresó a Sociología en la Universidad Central, una escuela impregnada de marxismo. “Yo viajaba mucho, no era muy regular, pero fue una experiencia muy simpática”, recuerda. También estudió Gerencia Política en la George Washington University, donde enseña desde hace años. Para dar contexto a esta entrevista, le digo que este 2023 que termina luce apocalíptico, con la más alta temperatura de la historia, con la amenaza rusa de guerra nuclear y la barbarie en Gaza, con olas de migraciones hacia el norte.

—¿Qué está pasando?

—Yo separaría el clima, que depende de muchos años de la acción humana. ¿Qué nos pasó? Creo que en Occidente, en particular, estamos viviendo los trastornos que nos provocó la pandemia. Luego de los dos años de encierro, el comportamiento es otro.

Ya registrábamos individualismo y horizontalidad… que se agudizaron, vía redes sociales. La hipercomunicación provoca que todos pensemos que la verdad es nuestra; por eso la polarización: el negar la realidad del otro.

—Pero ya tenías a Donald Trump desde 2016.

—Ya venían desde finales del siglo XX estas figuras protestando contra la política, los outsiders: Fujimori, Bucaram, Menem en ese momento…

—Menem no era antipolítica.

—Pero como es el peronismo, ja, ja.

—El peronismo es todo: política y antipolítica, izquierda y derecha al mismo tiempo.

—Digamos que eran anómalos para los líderes normales. La segunda tanda es el socialismo del siglo XXI: Chávez, Kirchner, Correa, por mencionar algunos. Luego del fracaso de estos, aparece una tendencia representada por Macri, Bolsonaro… contra el sistema, que tampoco les fue bien en la presidencia.

—¿Se puede hablar de una reacción de la derecha? ¿Tú aceptas los términos de izquierda y derecha?

—En absoluto, no para la gente. Y los políticos son bastante más pragmáticos. Si vemos a Correa….

Santiago Nieto
Santiago cuando tenía tres años, Quito, 1969.

—Para mí siempre fue de derecha.

—Exacto, pero otros dicen que es de izquierda. Es una persona muy conservadora.

—Con un discurso de izquierda. Quizás ahora se pueda diferenciar: estatismo o un libertario como Milei.

—El discurso de Milei es bastante hueco. Pero los candidatos no ganan por lo que dicen, sino por lo que representan en función de los intereses de la gente, que define: es bueno para mí o no. No importa si es de derecha o de izquierda.

—Pero, ¿cómo identifico a tipos como Milei, Kast, Bolsonaro, Trump? Todos los ubican en la ultraderecha.

—Es lo mismo que pasó con el socialismo del siglo XXI, pero Evo Morales, ¿en qué se parecía a Chávez? Eran Gobiernos y políticas económicas completamente diferentes.

—¿Y Milei qué representa?

—En Argentina se agudiza el desencanto con la política. Milei agrupa a todos y dice: ¡abajo la casta! Hablaba de dinamitar el Banco Central: un discurso mucho más agudo que se expresa en esas formas locas que tiene. Es un nuevo liderazgo que está pidiendo la gente y que se dispara por cualquier lado.

—En Argentina se volvió a poner en el tapete gradualismo o shock. Entiendo que ustedes le recomendaron a Macri que aplicara el gradualismo.

—Hay un mito: como ganas las elecciones y eres popular, entras, das un shock y después de un año la gente te va a agradecer. Pero en la política práctica es que esta popularidad ascendió, pero a los dos meses está con 80 % de negativas y el Gobierno ya no funciona. O sea, la gente ya no quiere el martirio, ya no hay esa utopía histórica de ahora lucho para cien años, la utopía es la vida cotidiana en este momento. Se necesita tener otra mirada, fuera de esas ideologías, para poder entender lo que pasa.

—Pero Boric, por ejemplo, tenía un proyecto claro, una alternativa, decía a lo que venía y apoyado por el Partido Comunista a la antigua.

—Esos son los últimos rezagos. Lo que va a venir nuevo, que no tenga nada que ver con lo que a la gente le recuerde eso que ya pasó.

Me acuerdo cuando hizo el discurso Correa y dijo que el Ecuador era un país socialista. Inmediatamente preguntamos qué es ser socialista y la gente decía: “Es pagar a tiempo los sueldos, dar seguridad social”. Todas eran reivindicaciones pequeñoburgueses, eso era ser socialista.

¿Qué era el de derecha? Un tipo malo que se cogía las cosas, que no ayudaba al otro, la persona no empática. Pero no tenía nada que ver con un sistema político.

—¿Y qué va a pasar?

—Hay un problema de falta de gobernabilidad en todas partes. Yo no sé lo que va a pasar en el Ecuador. Chile también está en problemas. Colombia, Perú… Nadie quiere ser representado y nadie conoce realmente las reglas de juego de la democracia. Uno pregunta: ¿y qué pasa si el presidente no cumple lo que ofreció? ¡Lo botamos! No se reconocen los valores de la democracia ni se entiende que hay un otro que también tiene verdades.

Los políticos pierden la cabeza

—Cuando te contratan para dirigir una campaña, ¿preguntas al candidato para qué quiere ser presidente?

—Claro, es la primera pregunta.

—Normalmente, ¿qué responde?

—Depende, porque hay diferentes metas que pueden tener. Por ejemplo, Marina Silva competía en Brasil…

—Era ecologista…

—Y exministra de Lula, se enfrentó con Dilma Rousseff. Ella dijo: “Miren, no me importa si gano o pierdo la presidencia, lo que quiero es que se ponga en discusión en Brasil el desarrollo sustentable”. Y lo logramos. Esa era una meta. Una vez establecido a dónde vamos, de ahí se desarrolla la estrategia.

Santiago Nieto
Santiago Nieto con las Torres Gemelas detrás, 1993. Fotografía: Archivo S. Nieto

—¿Has visto alguno al que no le dé la famosa hibris?

—Sí, claro, conocí dos presidentes ecuatorianos que no perdieron la cabeza: Gustavo Noboa y Fabián Alarcón. Alarcón siempre fue igual, un tipo sencillo, normal, como él era, nunca cambió en la presidencia del Congreso ni después. Y Noboa, que siempre fue ese hombre agradable, tomándose el café, ahí, sin problema.

¿Qué les pasa a los otros?

—La construcción del poder es lo que motiva al político, cuando lo prueba se vuelve adicto y toda esa liturgia que hay alrededor del poder le vuelve loco: te abren la puerta…

—Te empiezan a ver como alguien superior…

—Me pongo en los zapatos del actual presidente Daniel Noboa, un joven de 36 años. De repente el mundo le abre las puertas y está con los más importantes del planeta, se toma la foto con Zelenski. Si no tiene la suficiente madurez y templanza, se le va a subir a la cabeza.

—¿En esas clases en George Washington has conocido a muchos políticos de América Latina?

—Sí, claro, a muchos y es interesante porque, como es posgrado, van senadores, sobre todo de México.

—¿Qué pasó con la guerra al narco que lanzó Felipe Calderón y resultó un fracaso?

—Conversaba con un político mexicano, de los más inteligentes de América Latina y más preparado como estadista, Marcelo Ebrard. Decía que es un grave problema, sobre todo cuando él manejaba la seguridad; hay gente que es buena, decía, son funcionarios buenos, decentes. Pero vienen y le ofrecen un millón de dólares. Él dice no, porque es una persona íntegra, pero le sacan la foto de la hija...

—El juez, lo único que podría hacer es renunciar e irse del país.

—No le dejan tampoco, no hay opción. Creo que fue muy desatinado usar la última carta como la primera en el tiempo de Calderón: sacó al ejército y hubo unos 50 000 muertos y no una solución. El problema del narcotráfico frente a la falta del Estado es muy grave.

—Queda la legalización de la droga, pero acaba de salir una encuesta en Colombia, donde el 78 % está en contra de la legalización.

—Es que la gente asocia la legalización de la droga a grupos criminales, no la asocia al consumo. Hay una confusión tenaz frente a la drogadicción como un problema de salud; cuando la gente oye droga, oye delincuencia, oye narco, oye asesinatos. Pero si es que alguna droga no dura, como la marihuana, entra a un sistema donde sea controlada, creo que puede pasar otra cosa.

—¿Recomendarías eso a un presidente si sabes que el 78 % está en contra?

—No, pero si hay un plan sólido, pensaría cómo socializar con la gente para que lo acepte. La función del liderazgo es eso, si hay algo que uno cree que es bueno para el conjunto, hay que explicar a la gente y lograr que apoyen las iniciativas.

La gente no quiere trabajar

Santiago Nieto y Paco Moncayo
Paco Moncayo y Santiago Nieto, Quito, 2004. Fotografía: Archivo S. Nieto

—¿Cómo ha variado la participación social?

—Hay la incorporación de otros grupos humanos con otra visión sobre la política. La política también está siendo vista por algunos sectores como una posibilidad de surgimiento.

Como perdieron funcionalidad, por esta crisis de representación, los partidos políticos ya no son un tamiz, porque tampoco son ideológicos. ¿Qué ideología tiene la lista 35 que es parte de ADN? Ninguna, como el otro partido que la acompaña, que es la lista 4. Los más coherentes son los socialcristianos y los correístas.

—Los únicos dos que más o menos sabes quiénes son y tienen sus líderes. Puestas así las cosas, ¿cómo manejas cada país?

—Desde los ciudadanos. La política tiene que oír más a la gente, no pensar que uno sabe lo que ellos quieren. Trabajar dentro de lo posible no significa estar entre los políticos. ¿Qué es lo que pasa en los Gobiernos? En la campaña, sí, ¡la gente, la gente! Pero una vez que están en el poder comienzan a trabajar para la política o lo que nosotros llamamos el círculo rojo.

Comienza a tener mucha más relevancia lo que digan los sectores de interés: empresarios, partidos políticos, el Congreso, el periodismo, las universidades, que no son la gente común. Si yo me divorcio de la gente con la que llegué al poder, estoy cometiendo un error.

—¿Pero si no tiene plata? La gente básicamente quiere salud, empleo, educación, quiere irse de vacaciones, comprarse un nuevo celular…

—No solo se trata de que el Estado asista, como está pasando en Argentina. La cantidad de plata para gente que no produce es impresionante. No es solo de girar la maquinita de los billetes. Una entrevista que vi a una señora piquetera protestando en Argentina me pareció muy fuerte. ¿Por qué protesta? Por las injusticias. ¿Cuáles injusticias? Va a creer usted que ahora quieren que trabaje de 8 a 5 por lo que me pagan. Antes me pagaban y no trabajaba. ¿Por qué va a ser justo que yo trabaje para que me paguen?

Son otras lógicas, hay que entenderlas cuando uno va a gobernar para ver por dónde se puede incidir para llegar a un fin. En Argentina, casi el 50 % de la población recibe un subsidio del Estado.

—Eso es insostenible. Por eso dice Milei que, si hay treinta ministerios, los deja en nueve.

—Veamos Francia cuando se topó las jubilaciones, que era un sistema bastante bueno.

—Estalló, pero solo querían subir dos años la edad de jubilación: de 63 a 65, me parece.

—Ahora la gente: sacrificio cero. Tenemos que entender por qué está pasando eso. En Estados Unidos hay gente que ya no quiere trabajar, porque tiene un subsidio que le sale mejor. Occidente está en problemas y el sistema democrático está en problemas porque no se ha repensado en estos doscientos años, las instituciones son las mismas, solo les cambian de nombre y la gente piensa que esas instituciones no le responden para nada.

—¿Les has dicho que no a muchos candidatos que te llaman para que les asesores o dirijas la campaña?

—Sí, a muchos. Hay algunas condiciones: primero, que sean democráticos absolutamente, y eso va mucho más allá de un enunciado: respeto a las minorías, reglas del juego claras, participación, todo lo que es la democracia. Segundo, que sean proyectos limpios, claros. Gracias a Dios, en los 35 años que llevo en la institución, no nos hemos topado con plata ilegal, del narco.

—Por lo menos no has sabido tú, porque tú no manejas las finanzas de las campañas.

—Se hacen preguntas… pero, digamos, no ha pasado. En lo posible uno va escogiendo la personalidad del individuo, la historia. Yo hago un estudio de esta persona.

“Sufro mucho en la campaña”

—¿Cómo te defines políticamente?

—Diría que soy un liberal, como los gringos: estar por los derechos civiles, democrático ante todo y que…

—Y que vengo de la Escuela de Sociología de la Central.

—Si uno tiene más de cincuenta años y no fue de izquierda, humm. Yo era más anarquista digamos, pero medio socialista, veníamos de esa corriente.

—El marxismo te ayudaba a ordenar la visión de la sociedad, ¿no?

—Sí, creo que me abrió lo suficiente la cabeza; como sociología mismo, cuando estudiamos el sistema, pero con el materialismo dialéctico ya tenía la cabeza ordenada y para entender a Harari, por ejemplo, aunque es una visión completamente diferente.

Santiago Nieto
Políticos y consultores argentinos y ecuatorianos.Desde la izq.: Horacio Rodríguez Larreta, Jaime Durán, José Torelo, Jaime Nebot, Mauricio Macri, José Joaquín Franco, Santiago Nieto y Marcos Peña, Buenos Aires, 2008. Fotografía: Archivo S. Nieto

—Harari dice que luego de unos cien años verán el relato de los derechos humanos y la democracia como algo que funcionó en esta época. ¿Desde cuándo estás en la política?

—Comencé en esto cuando tenía diecisiete años.

—¿En Informe Confidencial?

—Hacia encuestas, me encantaba. Después entré a trabajar de asistente de biblioteca de la Flacso.

—¡Ah carajo! El sanctasanctórum de los sociólogos.

—El Jaime (Durán) era director. Ahí tuve en mis manos toda la bibliografía del posgrado en Ciencias Políticas que daba Amparo Menéndez Carrión. ¿Qué hacía en la biblioteca? Leía eso, las bibliografías. Mi padre nos despertó siempre eso de la investigación y la lectura.

—¿Qué hacía tu papá?

—Era licenciado en Leyes y gerente de un negocio de libros.

—¿Haces alguna otra cosa aparte de la política?

—Básicamente me dedico a trabajar. Me divierte mucho.

—Si el poder es una droga, el trabajo también para el workaholic.

—Me gusta ver otras realidades, cuando trabajo en otros países no hago turismo, sino que me relaciono con la gente, veo cómo vive, la escucho.

Viajo mucho. No puedo quedarme quince días en un sitio. Me falta algo, tengo que salir. A menos que sea campaña, porque yo me pongo en modo campaña como no tienes idea, sufro mucho; pero me revitaliza ver transformaciones, me parece muy lindo ver un pensamiento hecho realidad, me erotiza.

—¿Erotiza?

—(Ríe). Así dicen en Argentina.

—¿Cómo te sientes cuando pierdes una campaña?

—Como te va indicando la misma investigación las posibilidades de éxito o de fracaso, nunca te va a dar un golpe traumático.

—¿Te ha reclamado algún candidato por la derrota?

­—A veces sí. Normalmente, cuando se gana, gana el candidato; cuando se pierde, pierde por los consultores.

—Como les pasa a los médicos.

—Exactamente, solo que aquí no hay Dios de por medio.

—Pero los consultores tienen fama de maquiavélicos, de manipuladores…

—Es más mito que realidad y depende de los públicos. (Sonríe). Para mí, con que me crean los políticos, ya es útil.

—¿Cuáles han sido tus derrotas más notables?

—Una que no me gustó nada fue cuando perdí la reelección a la Alcaldía de Cuenca con el Corcho Cordero. Estaba muy bien evaluado, pero nos ganó Cabrera. Estuve también en el equipo de Jaime Nebot cuando perdió contra Bucaram. Esa fue muy dolorosa.

—¿Por qué perdieron?

—Hubo falta de sintonía de la campaña con la Sierra. No pensábamos que un “anticandidato” iba a tener tanta fuerza en el Ecuador y a tener apoyo de los partidos de centro serranos, que se unieron contra los socialcristianos.

—¿Y los triunfos más notables?

—Para mí, las presidenciales de Macri y la de Lasso, que fue un triunfo inesperado.

—¿Por qué no siguieron asesorando a Lasso?

—Hubo algunos puntos de vista diferentes sobre la política, sobre lo que querían hacer.

—¿Siempre trabajas con Jaime Durán o también diriges solo?

Las presidenciales siempre con Jaime. Las locales, a veces, solo Jaime o solo yo, pero siempre consultamos entre nosotros.

—Para terminar: ¿qué le recomiendas a Noboa para que no le pase lo mismo que a Lasso?

—(Bromea). Que me contrate y le digo. No; lo más importante es oír a la ciudadanía, quitarse de la cabeza el círculo rojo del poder, los intelectuales, etc. y desde la plataforma de la gente plantear las políticas de Gobierno.

Etiquetas:

Autor

Acerca de Pablo Cuvi

Abrió el camino de la crónica de viajes cuando la revista Diners comenzaba y 33 años después sigue tan campante. Entrevista, comenta, fotografía y publica por lo menos un libro por año. Tiene cuentos, obras de teatro y una larga fanaticada que continúa admirando su producción, siempre renovada.
SUS ARTÍCULOS