De escalador reconocido a vehemente cafetero, Pepe dejó la vida de las alturas y miró hacia el suelo: una hacienda en Íntag le hizo descubrir que todavía le faltaba algo por hacer y hoy es uno de los productores de café más importantes del Ecuador. Esta es la historia de un hombre que cambió los excesos por la convivencia sencilla con el campo y lo que en él permanece.
Pepe Jijón se llama José Ignacio. Nació en Brasilia, un 25 de julio de 1974 y es hijo del embajador José Jijón. Durante su infancia vivió en casi sesenta lugares distintos por los cargos diplomáticos de su padre, y sus propias experiencias lo hicieron recorrer otros ochenta países. Es el octavo José Ignacio de su familia y su hijo, José, es el noveno; espera que con él se extinga esa tradición de los Jijón.
A él lo llaman Pepe, algunas personas le dicen Pepito. Jugó tenis, sintió la velocidad en el rostro provocada por el motociclismo y fue, además, un montañista exitoso. De esos escaladores que apareció decenas de veces en medios de comunicación anunciando sus logros, durante la primera década del siglo XXI. De 2003 a 2006 subió a las siete cumbres más altas del mundo: Aconcagua (Argentina), Elbrús (Rusia), Kilimanjaro (Tanzania), Kosciuszko (Australia), Vinson (Antártida), Everest (China/Nepal) y Denali, antes conocido como monte McKinley (Alaska).
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