Andrés Vallejo Arcos (Quito, 1942) es uno de los políticos más destacados de su generación. Estudió Derecho y trabajó largos años en el sector bancario, pero pudo más la atracción de la política. En 1970 se puso la camiseta naranja y no se la quitó jamás. Fue concejal de Quito y diputado nacional en varias ocasiones, ministro de Gobierno y embajador en España. En estas y otras funciones, practicó y defendió siempre el juego democrático. También practicó, con Rodrigo Borja, ecuavoley, tenis, tiro al blanco y automovilismo. Estuvo casado con Sonia Espinosa, quien murió demasiado temprano. Sus tres hijos le han dado cuatro nietos que le visitan en la quinta que fuera de su papá, Clemente Vallejo, donde todavía tiene caballos que ya no monta. Lo que hace es jugar pádel y opinar de política gracias a su bien ganada calidad de patriarca.
—Su papá fue un banquero muy exitoso. ¿Cómo era la relación con él?
—Fue funcionario de banco toda la vida y siempre tuve una excelente relación con él. Durante mucho tiempo me negué a que trabajemos juntos porque tenía temor de lo que casi siempre sucede: convertirse en “el hijo de papá”. Hicimos un gran complemento cuando ya habíamos superado esa etapa, y transformamos el Banco Popular uniendo la experiencia con la juventud.
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