Hablar con la periodista colombo-ecuatoriana Andrea Bernal es conversar con una mujer gentil con un acento que remite a ratos a Guayaquil, a veces a Bogotá y por momentos a un lugar neutro. Su andariego camino por el periodismo le dio calle, le hizo oler la muerte y hoy la reta a reinventarse, sin perder la rigurosidad de un oficio para el que parecía predestinada.
Los padres de Andrea, Óscar Bernal y María del Pilar Garzón, son dos bogotanos que llegaron al Ecuador a finales de los años setenta. El primer destino fue Quito, pero la capital no tenía mucho que ofrecerles en ese momento. Luego fueron a Guayaquil y ahí en la ciudad del río y el estero, echaron raíces y tuvieron dos hijos: Andrea y Óscar.
Cuando Andrea recuerda su infancia, no ve mayor diferencia entre Ecuador y Colombia. Para ella son dos países muy parecidos. En su casa el sincretismo de ambas culturas se instaló con naturalidad: arepas y buñuelos en Navidad y fines de semana en la playa, específicamente en Salinas, donde su papá jugaba pimpón con su mamá.
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