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Mundo Diners al día

María Fernanda Ampuero: “Hacer las paces con tu cuerpo te puede llevar toda la vida”

por Gabriel Flores Flores

Ampuero
María Fernanda Ampuero fue una de las invitadas de la FIL de Quito 2024. Foto: Edu León.

En su paso por la FIL de Quito, María Fernanda Ampuero hizo de ‘rockstar’. Las charlas en las que participó estuvieron abarrotadas de gente, firmó decenas de libros y se tomó un mar de fotografías con sus fans. También habló con Mundo Diners sobre ‘Visceral’, su nuevo libro de relatos; textos donde los cuerpos ocupan un papel protagónico.

¿Por qué en su nuevo libro los cuerpos tienen una presencia tan visceral?

Hace tiempo decidí que si la literatura que leo no está atravesada por el cuerpo no me interesa. Los cuerpos tienen una presencia visceral no solo en mi  libro, sino en la vida. Si estás enfermo, no puedes hacer nada. Durante años, las mujeres menstruamos y un día ya no. Cuando te enamoras dices que tienes mariposas en el estómago. Si te angustias, sientes que se te va a parar el corazón. Muchas veces, en la literatura el cuerpo ha sido menospreciado por lo cerebral. La cabeza le ha tendido una trampa a lo que está a nivel de la piel y debajo de ella y que marca tu presencia en la vida. 

En ‘Visceral’ escribe sobre varios cuerpos, entre ellos los de la infancia. ¿Fue doloroso escribir sobre la relación entre el cuerpo, la infancia y la inocencia perdida?

Una de las cosas más dolorosas del proceso de escribir este libro fue recordar que los niños y las niñas no nacen odiándose. Que a esos seres pequeñitos les inoculan una idea de normalidad a la que ninguno de nosotros realmente se pliega. ¿Quién es normal?, ¿tú eres normal?, ¿yo soy normal? Este concepto de normalidad es tan brutal que todos lo buscamos sin éxito; y nos destruye la vida, porque no le calza a nadie. Incluso hay gente que muere siendo infeliz, sin darse cuenta que no había nada malo en ella o en él, sino en esa idea que te impusieron de cómo tenías que ser. 

En su nuevo libro también escribe sobre los cuerpos enfermos y los cuerpos que se aman.

La enfermedad y en el amor -me refiero al amor carnal- el cuerpo está en su momento más evidente. En esos momentos no hay nada más importante. En la pandemia hubo una cosa de la que creo que no nos recuperaremos jamás y fue no haberle podido dar amor al cuerpo moribundo de nuestra gente. Recuerdo a personas que me decían que no podían abrazar a su papá, de ancianos que se despedían por WhatsApp. No había esa carnalidad que necesitamos para despedirnos. Ahora me estoy reencontrando con gente que no veo hace muchos años y lo primero que hago es abrazarlos. 

En ‘Guayaquil’, uno de los textos de ‘Visceral', se habla de ese cuerpo al que sacaron a la calle y que cubrieron con un parasol. 

Me parece que esa es una escena que no vamos a olvidar nunca. Creo que encierra todo lo que fue la pandemia; esa sensación de terror de contagiarte y, al mismo tiempo, de cuidar a los tuyos. Ponerle un parasol a un cadáver es algo inenarrable. Esa imagen sí vale más que mil palabras. Me dan ganas hasta de llorar de pensar en esa persona. Todo lo que tuvo que pasar en su cabeza antes de decidir que tenía que sacar el cuerpo de la casa, porque adentro había más gente que quería y que se podía contagiar. 

En el libro también aparecen los cuerpos de los migrantes. 

En España es el cuerpo marrón, sudaka, panchito, moro… Al migrante, lo delata su cuerpo y lo convierte inmediatamente en el otro, en alguien sospechoso del que crees que sabes cosas. Algo parecido pasa con los cuerpos trans. Se asumen cosas y se generaliza. Ese es un ejercicio muy cruel, porque en ese contexto el árabe es machista, al chino no le interesa nada más que el trabajo y la plata y el gringo es estúpido. Cuando esos pensamientos pasan a ser realidades y ese otro se convierte en tu vecino, la cosa se puede volver peligrosa. 

¿Hay un vínculo entre los cuerpos migrantes y lo monstruoso? 

Es que el monstruo es el otro por excelencia. Para el migrante es muy duro, porque al principio esa sensación de no pertenencia te va minando y hay un momento en el que simplemente quieres ser… sin justificarte... simplemente vivir. En Ecuador no le preguntas cosas íntimas a una persona en la cola del banco o del supermercado pero en Europa sí pasa. De alguna manera, siento que creen que los migrantes les pertenecen y eso les da derecho a preguntarles o hacerles lo que les da la gana. 

Otro de los relatos del libro es ‘Gorda’. ¿Qué tan difícil fue para María Fernanda Ampuero escribir de la gordofobia?  

Ese es un texto muy importante para mí. Lo escribí  para la María Fernanda niña y adolescente, para la María Fernanda de hoy y para la de mañana. Siento que apropiarnos de esos términos que han usado en nuestra contra y que son características de nuestro cuerpo nos hace muy bien. Hablar de todos nuestros orgullos no es una cosa continua de 24 horas al día, los 365 días del año. Hay días que estás con la guardia baja y dices “soy un monstruo”. 

¿Al final se puede hacer las paces con el cuerpo? 

Hacer las paces con tu cuerpo te puede llevar toda la vida. No solo se trata de hacer las paces con el cuerpo de hoy sino con los cuerpos de antes y con el cuerpo que vendrá. Llega un momento en el que te miras al espejo y dices: ¡chuta! soy mi mami y resulta que ya estás en la puta menopausia. Entonces, tienes que reconciliarte con la niña a la que le dijiste que era fea, gorda y que no valía; y con la adolescente que sufrió horrores, porque se sentía tan horrenda que no debía existir, y hacer las paces con la mujer de ahora. Estoy aprendiendo a que tienes que permitirte envejecer. Decirte sí, soy una señora, tengo 48 años y preguntarte cómo quieres verte. En mi caso como una mujer de 25 no, porque ya he vivido otras cosas. Tenemos que hacer las paces con nuestras vidas y con nuestras historias personales. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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