Entrevista al expresidente Jamil Mahuad
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Entrevista al expresidente Jamil Mahuad

Por José Velásquez

– ¿Usted es un perseguido político?

Sin la menor duda. Yo fui perseguido político por Correa. Él ordenó que reabrieran mi caso, él ordenó que me sentenciaran y los jueces correístas cumplían, uno tras otro. La sentencia, (luego) la apelación …  todo quedaba en mano de ellos para que él, cuando dejó el poder, haya dicho mirando a la cámara y sin que nadie le preguntara que él hizo gestiones para que reabrieran mi juicio. A confesión de boca, relevo de pruebas se dice en derecho. Que lo hizo por razones electorales y que no está seguro de que hizo lo correcto cuando hizo eso. Si él mismo lo dice, allí está.

– Usted lleva 20 años repasando lo que fueron sus 17 meses de presidencia en Harvard y luego le dedicó más de un año a escribir este libro. ¿Hay espacio ahí para la autocrítica? 

– Yo puse el mayor empeño en usar todas mis capacidades en ese momento, para tomar las mejores decisiones de tal manera que en ese momento yo no podía hacer mejor de lo que hice y por eso hice lo que hice. Yo digo en el libro que cometí errores. Un error fue confiarme demasiado en que la institución militar iba a funcionar como una institución y de acuerdo a reglas institucionales. Pues no: hubo un golpe de estado, un coronel que se levanta y se toma el Congreso Nacional. Yo confié en que ya esos tiempos habían pasado y no habían pasado. Otros no son errores pero son limitaciones. Yo digo en el libro que a pesar de que usé todas mis capacidades de persuasión no fui capaz de convencer a las élites del país de las decisiones que había que tomar.  

Foto: NawlinWiki de Wikipedia en inglés.
– Usted logró la paz con el Perú y ¿no pudo con los rivales internos?

– Yo me hice esa reflexión: si logramos un acuerdo con el Perú cómo no voy a lograr un acuerdo entre ecuatorianos. Esa fue una gran presunción que nunca se cumplió y tiene explicaciones racionales. Con el Perú estábamos en desacuerdo, pero había un objetivo común que era la paz. En el caso de la economía cualquier decisión afectaba los bolsillos de unos y de otros. Si los puntos de vista no encuentran un término medio es imposible ponerse de acuerdo. Esa es una lección que el Ecuador debe aprender.

– ¿El equipo que congeló es el mismo equipo que dolarizó?

– Me gusta tener divididos los problemas en pedazos. No quiere decir que no los integre, pero trato de separar para ver mejor. Las personas que dolarizan son personas diferentes a las personas que estuvieron a comienzos del gobierno porque se retiraron, porque renunciaron, porque recibieron fuego cruzado de todos lados por las decisiones que tomaban. No por decisión mía, sino porque así se dieron las cosas, fueron equipos distintos.

– Los ministros renunciaban. ¿Usted no pensó en renunciar?

– No. Estamos hablando de diferentes momentos.

– Yo le estoy hablando de 1998 y parte de 1999.  

– La primera pregunta que tiene que hacerse un candidato es para qué quiero ser presidente de la República. Y de esa respuesta depende todo.

– ¿Y cuál es su respuesta?

– Yo quería ser presidente para culminar una carrera política que había puesto siempre por delante los intereses de la gente a la que servía. Me voy a meter a esta carrera de la presidencia para hacer lo que el país necesite a mi leal saber y entender. Entonces cuando uno se mete en eso está dispuesto a pagar los precios que eso trae. Aquí la famosa frase que “todo redentor termina crucificado”. Entonces la posibilidad de la crucifixión o de sacrificio siempre está ahí. Yo nunca consideré, cuando se me complicaban las cosas tanto, renunciar.

– ¿Pero pensó que iba a terminar como terminó? 

– Por eso le preguntaba hace rato de qué momento estábamos hablando. Porque cuando entramos al año 2000 yo veía que la única salida era la dolarización. Cuando veía que técnicamente eso era lo que necesitábamos, que la gente quería el dólar, que estaba acostumbrada a manejar el dólar y que lo único que nos faltaba era la pata política, o sea el apoyo del Banco Central y del Congreso, y no lo tenía y volvía la inflación ahí si me dije a este paso estoy convirtiéndome en una persona inútil. Aquí no puedo conseguir mis objetivos. Entonces en esas consideraciones uno se plantea cómo eso le asigna un bien al país, pero en ese momento precisamente se produjo el acuerdo político para sacar la dolarización.

– El ex gerente del Banco Central, Miguel Dávila, cuenta en el libro que la noche del anuncio de la dolarización él pensaba que usted iba a anunciar su renuncia. 

– Lo que pasa es que había complots por todos lados.

El congelamiento se hizo sobre cuentas bancarias, y un altísimo porcentaje de la población no tenía cuentas bancarias.

– Hábleme de los complots.

– A mí me empezaron a pedir la renuncia en el mes de abril (de 1999). Y claro la gran solución del Ecuador era que renuncie el presidente de la República. Ya después como vieron que yo no renunciaba y que seguía firme, y al final cuando ya dolarizamos y vieron que mi aceptación popular subió y que automáticamente la economía empezó a estabilizarse, ahí si ya empezaron a actuar más activamente para sacarme del poder. En el país político la gente estaba planeando cómo cambiar de gobierno; en el gobierno estábamos planeando cómo dolarizar la economía. 

– Hablemos de algunos mitos que hay sobre su gestión.  Se dice que se pudo haber hecho el congelamiento sin afectar a los depositantes pequeños y medianos.

– Una frase de John F. Kennedy: uno puede corregir un error, pero ¿cómo se desbarata un mito? El mito por definición es una creencia que no tiene base real, pero a fuerza de repetirse se va difundiendo. El congelamiento se hizo sobre cuentas bancarias, y un altísimo porcentaje de la población no tenía cuentas bancarias. Segundo, de las cuentas que se congelaron no se tocó a las cuentas que tenían menos de dos millones de sucres. A los que tenían cuentas y eran los más pobres no les afectó. Se cumplió el mismo principio que usted sugiere en la pregunta: seleccionar con criterio. ¿A quién termina afectándole más el congelamiento? A la persona que sacaba sucres para comprar dólares y mandarlos afuera. Esos son los que realmente sintieron el impacto, pero ahí estamos hablando de clase media alta para arriba. No estamos hablando de la gran mayoría de la población.

– ¿Técnicamente bastaba con congelar solamente a los ricos sin congelar a la clase media o más pobre?

– Era un problema muy serio congelar. Primero por la decisión de congelar y segundo por la implementación del congelamiento y se lo hizo cortando a la gente más pobre y dejando al resto. La gente dice ¿cómo pudieron hacer semejante cosa? pero no dicen “en lugar de esto debieron hacer lo de acá”. Yo no he visto un solo estudio que diga debieron congelar desde este nivel de salario o desde este nivel de depósito para arriba. No he visto ni uno solo en 20 años. ¿Cuál fue el último precio del dólar el último día antes de congelar? Fue 18.000 sucres y después del congelamiento automáticamente bajó a 12.000. Se congeló para que bajara el dólar porqué al bajar el dólar bajaba la hiperinflación que había empezado ocurrir en el país. 

– Otra de las cosas que se dice es que usted era un gran planificador pero que se demoraba más de la cuenta en resolver ciertas cosas.

– Yo fui presidente 17 meses.  Y en 17 meses firme la paz con el Perú, eliminé el subsidio a la gasolina y al gas, creé el Bono Solidario, hice las auditorías de todo el sistema bancario, quedó saneado el sistema bancario, todos los bancos que quedaron abiertos siguen funcionando prácticamente hasta ahora. Luego declaramos al Yasuní zona intangible. Y terminé dolarizando la economía. No pagamos la deuda externa y se reinventó el SRI. Si usted divide días para la cantidad de decisiones cruciales que tomamos es uno de los gobiernos más productivos de la historia. Y lo hicimos todo con las reglas del juego democrático, no es que hubo un dictador. 

–  En estos años se ha repetido que Mahuad no manejó bien la economía y que dolarizó porque lo forzaron. Fue un gol de media cancha con los ojos cerrados.

-Si eso fuera cierto ya quisiera tener ese centro delantero en la selección ecuatoriana de fútbol. El libro demuestra que la dolarización tomó 6 meses de estudio. Pero no lo digo yo. Lo dice (el exministro de economía argentino y exasesor de Mahuad) Domingo Cavallo; lo dice (el execonomista en jefe del Banco Interamericano de Desarrollo y exasesor de Mahuad) Ricardo Hausmann, que recordó en el lanzamiento del libro que el país estaba descompuesto y trabajábamos 16 horas diarias con el presidente y todo el equipo en todos los detalles para que la dolarización funcione. Si yo hubiera tenido mayoría en el Banco Central y mayoría en el Congreso hubiera dolarizado antes. Yo ya me convencí de que había que dolarizar en diciembre pero tuvimos que esperar hasta enero porque sin el apoyo político no salía.

– Dolarizó y vino el golpe. ¿Usted tenía inteligencia alrededor suyo que le advertía sobre lo que podía pasar? ¿Pesó la salida del general Gallardo? ¿Pesó la firma de la paz?

– La salida del general Gallardo pesó porque Gallardo era un hombre muy leal con sus superiores y muy leal con sus inferiores. Y precisamente porque era un hombre estoico en el ejercicio del ministerio, un hombre patriota, un hombre de principios, le empezaron a hacer el vacío a su alrededor. Empezaron a hacer correr la idea de que ya perdió el mando y que la tropa no lo quiere. Luego se descubrió que el propósito era sacarlo del medio porque sin duda él no hubiera colaborado con un golpe de estado.

toda la información que yo recibía del Ministerio de Defensa, ya sin el general Gallardo, era que el movimiento indígena estaba controlado

– ¿Sacarlo del medio para sacarlo a usted?

– Claro, para poder producir un golpe de mejor manera. Por supuesto la situación económica era tan dura que afectaba también a los ingresos de los oficiales de las fuerzas armadas. Si algunas cosas hubo por supuesto se encargaron de ocultármelas precisamente para que yo no percibiera que podía haber un movimiento franca y abiertamente subversivo.

– Entonces quizás Gallardo no debió salir.

– Yo la califico de un error en el libro. Lo digo claramente. Fue un error porque favoreció el golpe.

– ¿Y usted ha hablado con Gallardo en estos años?

– No he tenido una ocasión.

–  El presidente Moreno trasladó temporalmente la sede de la presidencia a Guayaquil en 2019. ¿Usted siente que pudo haber hecho algo para evitar el golpe? 

– Nosotros estábamos concentrados en el tema de la dolarización y el equipo político continuaba monitoreando la parte política. Viene el movimiento indígena y llega a Quito y dice que va a nombrar al nuevo gobierno del Ecuador. Y toda la información que yo recibía del Ministerio de Defensa, ya sin el general Gallardo, era que el movimiento indígena estaba controlado y que poco a poco irían regresando a los campos. Y por debajo inclusive había estratos que apoyaban a ese movimiento con comida y vituallas. Eso tiene todas las características de una traición y espero tener el tiempo para poderla explicar bien y documentar. 

– Después del golpe usted se queda unos días en las afueras de Quito y luego va a Perú con su hija atendiendo una invitación personal de la familia Fujimori.

– Se produjo el golpe de estado, luego se produjo un segundo golpe de estado ya con el general Mendoza adentro, ya no con el coronel Gutiérrez, y luego se produce un tercer golpe de estado que es cuando se posesiona al vicepresidente de la República Noboa en el Ministerio de Defensa. La Constitución dice que si un presidente es culpable hay que formular cargos, seguir un juicio político, destituirlo con los votos y entonces se procede a la sucesión constitucional. Eso es lo constitucional. Todo lo que no se da así es un golpe de estado.

– ¿Quién dio entonces el tercer golpe de estado?

– En el momento en que se posesiona el vicepresidente en el Ministerio de Defensa, no en el Congreso nacional. Y en el momento en que se lo posesionan sin que el presidente esté destituido. El presidente fue separado por la fuerza, no fue destituido con la Constitución en la mano. Entonces ya el país entra en otro rumbo y yo digo “no he renunciado, yo estoy aquí, yo estoy derrocado; un presidente derrocado no renuncia, está derrocado”.  Y en ese momento el lío era muy grande porque yo podía decir “yo soy el presidente legítimo de este país” y el país hubiera entrado en una larga sucesión de días discutiendo quién era el presidente. Me separaron por la fuerza, pero digo apoyen al vicepresidente porque el país necesita salir de esto. 

– ¿Y hubo persecución?

– Absolutamente cero. En esas condiciones recibo una invitación del presidente Fujimori para visitar el Perú y entonces la acepto y estuve ahí algunos días. Luego fui a la posesión del presidente Lagos en Chile y de ahí vine para Harvard. Y estando en Harvard me inician el proceso e inicia la persecución, no porque dijeron vamos a seguir un juicio al presidente Mahuad sino “deberíamos detenerlo de manera preventiva por si acaso resulte culpable”. 

– ¿Y usted percibía ese escenario?

-No. ¿En base a qué si no había cometido ningún delito? Por eso no me formularon cargos en el Congreso porque no me podían acusar de nada. Si me hubieran podido acusar de algo me hubieran llevado al Congreso y me destituyen. 

– Usted no descarta llevar su caso a instancias internacionales si es necesario. ¿El objetivo es volver o es más bien limpiar su nombre? 

–  Es un tema de derechos humanos. No hay motivaciones políticas. Todo ser humano tiene derecho de vivir en su país y ese derecho humano mío se ha violado por 20 años y sigue violándose. Por supuesto que quiero que eso se repare y tengo la esperanza de que lo repare la justicia ecuatoriana. 

Del árbol caído al árbol trasplantado. ¿Cómo es su vida en Estados Unidos, en familia con su esposa y en una de las universidades más prestigiosas del mundo?

– Conocí Harvard porque estudié acá y me invitaron a venir 48 horas más tarde del golpe porque nunca perdí contacto con la universidad. Muchos de sus mejores profesores fueron mis asesores. Vine acá y dije esta persecución durará poco y volveré. En 20 años han pasado muchas cosas: tengo días bastante ocupados, me gusta mucho lo académico y me gusta mucho escribir, que antes no lo había hecho. Me gusta mucho hablar con profesores sobre lo que pasa en el mundo. Es aquí donde empecé a escribir el libro cuando todavía no había el Covid, con una disciplina muy fuerte 12 o 14 horas diarias, entre buscar periódicos, buscar datos, revisar, corregir notas y hablar con otras personas. Pero tengo siempre el dolor de no estar con mi familia y con mis amigos y de no estar en mi país; pero como lo pongo en el mismo libro “el dolor es inevitable, el sufrimiento es optativo”.

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