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Mundo Diners al día

'El último lugar del mar', danza en su versión más experimental

por Gabriel Flores Flores

'El último lugar del mar'
Escena de la obra 'El último lugar del mar', la nueva obra del elenco contemporáneo de la Compañía Nacional de Danza. Foto: cortesía.

En ‘El último lugar del mar’, la nueva obra del elenco contemporáneo de la Compañía Nacional de Danza, hay de todo: videomapping, música urbana y mucho trabajo performático. Sin duda, se trata de la pieza más experimental de una institución que en 2026 cumplirá 50 años. 

‘El último lugar del mar’ 

-Era un domingo, como cualquier otro, como muchos. Me despedí de mi papá. Chocamos los puñitos y me fui a casa. El lunes, él salió a trotar -corría todas las mañanas-, le dio un paro cardíaco y murió. Ese es mi último lugar del mar, ¿cuál es el suyo?

Esa fue la confesión y la pregunta que Pablo Roldán (Xona Bastarda) soltó al elenco contemporáneo de la Compañía Nacional de Danza, el primer día del montaje de la obra ‘El último lugar del mar’. Lo que vino después fueron semanas de moverse y explorar.

En medio de este trabajo también hubo la lectura de ‘Medea meditativa’, el libro escrito por el francés Pascal Quignard, en el que actualiza el mito de Medea, la mujer que tras ser traicionada por su esposo mata a sus hijos como un acto de venganza. 

Las reflexiones sobre la vida y la muerte se convirtieron en la base de un montaje donde confluyen la danza, el videomapping, la música y la sabrosura performática -un concepto acuñado por Roldán, que le sirve para explicar el ejercicio de llevar un objeto de la vida cotidiana y trasladarlo a un escenario para convertirlo en pieza artística. 

-En esta obra quería mezclar todos los lenguajes posibles, para intentar darle un giro a la danza contemporánea. Para que nos preguntemos, entre otras cosas, cómo entendemos la danza, y también para dejar de estar anclados a todo lo dicho y hecho sobre el tema. 

Como resultado de esta experimentación transdisciplinar la obra, no tiene los clásicos principio, clímax y final, sino tres grandes escenas -y un puñado de pequeñas transiciones-, en las que los bailarines exploran los límites de su cuerpo, cuestionan las fronteras entre el ser humano y el mundo vegetal y las posibilidades de los cuerpos expandidos, gracias a los avances tecnológicos. 

-En mis obras siempre estoy buscando esa comunión entre cuerpo y máquina, para generar otras posibilidades de narrar una historia. En ‘El último lugar del mar’, ese ejercicio ocurre a través del videomapping, que en todo momento acompaña a los movimientos coreográficos de los bailarines de la compañía. 

'El último lugar del mar'

  • Director: Pablo Roldán.
  • Elenco: bailarines del elenco contemporáneo de la Compañía Nacional de Danza.
  • Funciones: 11, 12 y 13 de julio, desde las 19:00.
  • Lugar: Centro Cultural Álvaro Manzano (Río Coca y París).
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La sabrosura performática 

Durante los 50 minutos que dura la obra, los bailarines se mueven en medio de objetos poco comunes dentro de una obra de danza contemporánea, entre ellos unos huevos. Sí, huevos colocados en el piso, que funcionan, -según Roldán-, como metáfora del nacimiento y de la muerte de nuevas Medeas. También hay ramas secas, agua y una piscina inflable. 

-Es una piscina inflable hecha en Taiwán, que fue creada con un propósito, pero que en escena se convierte en un objeto artístico. Este es un ejemplo de la reformulación de sentido que propongo con la sabrosura performática. En otra obra, por ejemplo, hice lo mismo, pero con años viejos, esos monigotes que son tan populares el 31 de diciembre. 

En esta obra, la sabrosura performática también está presente en la banda sonora. Los bailarines mueven sus cuerpos a ritmo de cumbia, tecno y perreo. Aquí los sonidos del mundo urbano invitan a que el elenco explore los movimientos de su cuerpo con sonoridades que, muchas veces, son ajenas a su trabajo y a sus vidas. 

Con todos estos elementos en escena, ‘El último lugar del mar’ se convierte en una especie de danza performática que, en buena hora, no busca dejar ningún tipo de moraleja sobre la condición humana en el siglo XX, sino que más bien muestra y pone en escena lo que sostiene Pascal Quignard: “Antes de sumergirse en el habla, que es el segundo mundo, para el cuerpo hubo un primer mundo, amniótico, que es la danza”. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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