
Desde 1961, cada 27 de marzo se conmemora el Día Mundial del Teatro por iniciativa de la UNESCO. Para celebrarlo le invitamos a conocer el lugar donde Shakespeare presentó por primera vez Hamlet y Romeo y Julieta: el Globe Theatre de Londres.
El Globe fue el teatro donde William Shakespeare estrenó sus obras. En Hamnet, una de las películas premiadas en los Oscar de 2026, las secuencias finales ocurren dentro de ese sitio y se puede ver al público interactuando con los actores.
Los expertos creen que, en efecto, fue así. En los siglos XVI y XVII, no había mucha escenografía o efectos ambientales, de modo que el éxito de una obra dependía de la complicidad entre espectadores y artistas.
Aquel edificio se destruyó en el siglo XVII. Pero en el XX un actor estadounidense logró que lo reconstruyeran. Su objetivo justamente era recuperar el modo de hacer teatro en otros tiempos y el interés por Shakespeare.
El Globe en el barrio del pecado

El Globe Theatre se construyó en 1599 en Southwark, Londres. Hoy, esa zona, en la orilla sur del Támesis, se encuentra repleta de atracciones turísticas como galerías, monumentos y mercados. En el siglo XVII, en cambio, en ese lugar convivían las artes escénicas con toda clase de actividades ilegales.
Según Old and New London -una antigua colección de libros de historia-, Southwark era tan peligroso como vibrante. Los nobles cruzaban en coche el puente que separaba la gran ciudad de aquel suburbio para asistir a un estreno teatral o entregarse a un amor ilícito en alguna taberna. Mientras tanto, comerciantes y marinos apostaban en unas arenas donde perros combatían a muerte con toros y osos.
Cerca del río, la familia Burbage fundó el Globe. El edificio era poligonal y de pura madera, salvo los techos que eran de paja y cubrían las galerías destinadas al público rico.
La mayoría de los espectadores se apiñaban en el patio, de pie y expuestos al vaivén climático. El aforo total alcanzaba entre 2500 y 3000 espectadores que, en los momentos más interesantes del espectáculo, lanzaban vivas a los actores y en los más aburridos, desechos…
El escenario rectangular medía trece metros de ancho por ocho de largo y se encontraba elevado uno y medio sobre el nivel del suelo. No había vallas ni iluminación artificial, de manera que las funciones se hacían entre las tres y las cinco de la tarde y nunca en las estaciones frías.
El teatro con Shakespeare

Los artistas de la época isabelina (1558-1625) se parecían muy poco a los de hoy. Sus compañías funcionaban como pequeñas empresas en las que los actores principales eran accionistas y participaban tanto del mantenimiento como de las ganancias del teatro. No se admitían actrices, de modo que los papeles femeninos eran para los jóvenes con voz suave.
Shakespeare era parte de la compañía ‘Los Hombres de Lord Chamberlain’ y el Globe Theatre era su sede. Fue, además, uno de los seis accionistas del edificio y su función principal era la de dramaturgo, aunque a veces también actuaba. Tanto él como el resto de sus compañeros tenían que memorizar muchísimos textos porque participaban en varias obras al mismo tiempo.
Aun así, el teatro era un negocio rentable y las compañías de actores rivalizaban para convocar al público. Con ese fin, siempre se buscaba alguna atracción especial y una de estas incendió el primer Globe. El 29 de junio de 1613, durante la presentación del drama histórico Enrique VIII, se disparó un pequeño cañón apuntando al cielo londinense, pero las chispas alcanzaron el techo de paja. La gente salió despavorida y, aunque solo hubo un herido, la estructura no pudo salvarse. Al año siguiente, la compañía de actores la reconstruyó pagando 1400 libras esterlinas, casi 375 000 libras actuales.
Shakespeare murió en 1616 y el nuevo Globe estuvo en pie hasta mediados del siglo XVII. Entonces, una orden del Parlamento dominado por los puritanos hizo cerrar todos los teatros por supuesta indecencia. Enseguida, empezó su demolición.
El teatro sin Shakespeare

Samuel Wanamaker (1919-1993) era un actor estadounidense afiliado al Partido Comunista de los Estados Unidos. Estuvo trabajando en Broadway y Hollywood hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, entonces se enroló al ejército y abandonó sus actividades políticas.
Sin embargo, en 1952 mientras filmaba una película en Inglaterra, sus compatriotas lo incluyeron en una lista negra, acusándolo de ‘actividades antiamericanas’. Se exilió en Reino Unido y asumió la dirección de algunos teatros, al tiempo que actuaba, sobre todo en obras de Shakespeare.
Sin embargo, su proyecto de vida, surgió en medio de un paseo a orillas del Támesis: aquel día, estaba caminado por Southwark cuando vio una placa, cuya inscripción indicaba que alguna vez estuvo en ese sector el Globe. Le pareció inverosímil que aquel fuese el único recuerdo. Para Wanamaker dicho teatro era la cuna de Shakespeare, el lugar donde se descubrió a sí mismo y a su arte.
Así que desde 1970 buscó el apoyo de mecenas, constructores, historiadores y expertos de diversas áreas, quienes analizaron documentos antiguos y estudios arqueológicos con el fin de reconstruir el Globe. La meta no era solo levantarlo para ser museo, sino que volviese a funcionar igual que en en el siglo XVII. El proceso tardó dos décadas y Wanamaker no llegó a ver el resultado, pues falleció cuatro años antes de la inauguración en 1997.
El Shakespeare’s Globe conservó la esencia del original: ubicación -el de hoy no dista ni 300 metros del antiguo-, estructura poligonal de madera, patio descubierto sin butacas y galerías en los costados con techo de paja. Sin embargo, lo más importante es que el edificio recuperó el escenario rodeado de público -thrust stage-, propio del periodo isabelino.
Como explica Penelope Woods en su trabajo sobre las antiguas audiencias de Shakespeare, gracias a esa conformación del teatro, el actor establece contacto visual y físico, crea una relación directa con el público y puede romper la cuarta pared, una idea con la que Shakespeare jugó mucho, aun cuando no tenía ese nombre en aquel tiempo.
Wanamaker no quiso reconstruir solo el Globe le interesaba recuperar una forma de hacer teatro, en la que el escenario es una parte activa de la obra. Creía que las construcciones modernas pueden logra una representación competente de las obras de Shakespeare, pero solo aquellas que reproducen los parámetros de su época son capaces de devolverlas a la vida.

