Noche de Reyes o lo que quieran se ha convertido en una de las comedias más populares de William Shakespeare, en lo que va del siglo XXI. Quizás, una de las razones sea que muchos grupos y compañías han apostado por montarla en su versión original.
A inicios del siglo XVII, las obras de teatro montadas en Londres tenían ciertas particularidades. Una de ellas era que las mujeres no podían actuar. Entonces, ¿qué pasaba cuando había personajes femeninos? Sí, justo lo que está pensando, los hombres interpretaban esos papeles y lo hacían ataviados con prendas que usaban las mujeres.
Otro distintivo del teatro isabelino era que entre los actores y el público no había tanta distancia, y su interacción era más fluida. No había la cuarta pared, ese muro invisible que ahora separa a unos de otros. Y lo que tampoco existía era el vestuario teatral, los actores usaban ropa, con pequeños arreglos, heredada de los nobles.
Este contexto, claramente anacrónico para nuestros días, motivó a César Salazar a montar Noche de Reyes, en una versión lo más cercana posible en fondo y forma a la de Shakespeare. “A lo que aspiro -cuenta- es a que el público se transporte por unas horas a ese lejano 1600 y conozca una de las comedias más fascinantes de Shakespeare”.










Noche de Reyes
Shakespeare sabía que la comedia es tragedia más tiempo. Por eso, el tema central de Noche de Reyes no es el amor sino el desamor o más bien, el amor no correspondido. En ese contexto, uno puede imaginar que la fórmula chico conoce a chica y chico y se enamora de chica lo aburría. Y que por eso escribió una historia más caótica y divertida.
La historia va así: después de un naufragio, Viola cree que Sebastián, su hermano mellizo, ha muerto. Entonces, decide disfrazarse de chico y cambiar su nombre a Cesario, para convertirse en sirviente del duque Orsino. Él envía a Viola -ahora Cesario- a cortejar a la condesa Olivia y ella se enamora del ‘hombre’ que ve delante.
Por otro lado, Sir Toby Belch, tío de Olivia, se confabula con su amigo Sir Andrew Aguecheek para gastarle una broma a Malvolio, el mayordomo de Olivia. En medio de esta trama aparece Sebastián y se arma el culebrón, en este caso shakesperiano, y comienzan la confusión y los mejores momentos de una obra dividida en cinco actos.
Noche de Reyes se estrenó en 1602 y desde entonces no ha dejado de presentarse, de la mano de todo tipo de elencos. Entre los montajes más populares del siglo XXI está el de la compañía Shakespeare’s Globe, que decidió hacer una versión con el montaje original, similar a la que Salazar estrenará en Quito, en el escenario del Teatro Victoria.
Noche de Reyes
- Fecha: 13, 14, 20 y 21 de diciembre. Las funciones de los sábados, a las 20:00 y los domingos, a las 16:00.
- Lugar: Teatro Victoria (Pinar Alto).
- Director: César Salazar.
- Elenco: Alfredo Espinosa, Pablo Aguirre, Juan Pablo Acosta, Javier Campaña, José Miguel Sandoval, Gonzalo Núñez Caviedes, Andrés Oviedo, Isaac Montoya y César Salazar.
El montaje ecuatoriano
Presentar Noche de Reyes, con el montaje original y en pleno siglo XXI, tiene sus complejidades. Salazar cuenta que trabajó con dos traducciones, la de Jaime Clark, que es del siglo XIX y que para él respeta la musicalidad del inglés de Shakespeare; y la de Piedad Bonnett, quien, a su criterio, tradujo la obra a un español más contemporáneo.
La obra original dura tres horas y media; la versión ecuatoriana, 120 minutos. Una eternidad, si pensamos en que ahora los consumos culturales duran minutos; incluso, segundos. Pero para Salazar, el tiempo y el lenguaje barroco de la obra no son un problema, sino parte de la experiencia de vivir el teatro como lo hacía Shakespeare.
Si bien la obra es larga y el lenguaje de los personajes es retórico, acompañado de las acciones, el vestuario y la escenografía, el público va a entender muy bien lo que está pasando en cada escena y va a disfrutar de la historia”.
En este montaje hay dos actores hombres que tienen personajes femeninos y, como en el teatro isabelino, se visten como mujeres. Uno de ellos es Alfredo Espinosa, quien interpreta a la condesa Olivia. En uno de los ensayos, previo al estreno, el actor derrochó su histrionismo y confirmó que los humanos no hemos cambiado mucho desde 1600.

