
Fabián Patinho estrena una nueva obra de teatro donde una vieja maldición familiar transforma la vida de un marido y su mujer. Pero ¿'La culpa no es de los pájaros’?
El dramaturgo y director Fabián Patinho está a dos filas de llegar a la última de las butacas del Patio de Comedias. El sitio se encuentra casi en penumbras y mientras habla, se escucha un graznido como el de un cuervo, pero no: es un bebé con plumas y su padre, que está sobre el escenario, lo ha dejado caer al suelo.
Pese a la atmósfera lúgubre, el teatro permanece cálido. Quizá se deba a los reflectores que disparan luces azules o amarillas durante el ensayo técnico de la obra La culpa no es de los pájaros, aunque también es posible que tenga que ver con la misma historia que está cobrando vida sobre las tablas.
¿Por qué la culpa de los pájaros?
Nuestra sociedad está estigmatizada por una serie de culpas propias y ajenas. Las acarreamos -supongo que por tradición judeocristiana- por linaje y vivimos así: despertamos con la culpa encima y nos vamos a dormir con ella sobre los hombros.
Por una parte, se tiende a buscar un responsable, sobre todo en medio de un callejón sin salida. Y somos muy buenos para hacerlo y lo necesitamos. Es decir que la culpa nos envuelve de muchas formas, pero no tiene que ver con los pájaros y el mal agüero, aquello es una metáfora de la humanidad que tiende a exculparse. Ese es el tema de la obra e incluso va un poco más allá: pretende que dejemos los ‘cucos’ atrás.
La culpa y los ‘cucos’... ¿cuáles son los que persiguen a Fabián Patinho?
Debe haber muchos y quizá tienen relación con algunas cosas que no hice en su tiempo o que tardé demasiado en hacer. Por ejemplo: aunque me dedico al teatro desde hace más o menos veinticinco años, recién en los últimos diez he aumentado mi producción. Sí, lo he escrito siempre, sin embargo, dirigir es más reciente. Entonces, quizá tengo un vacío que llenar; no con prisa ni angustia, pero sí con ganas de recuperar algunos años.
Además, como todo ecuatoriano, supongo que mi culpa implica mirar demasiado hacia afuera y poco hacia dentro. Entonces, también trato de superarla haciendo que mi espíritu creativo -en forma de editor, autor de novelas gráficas, dramaturgo- permanezca aquí y sin pensar mucho en otros lados.
Volviendo a la obra de teatro, ¿cuáles son los detalles?
Es un drama o un ‘thriller’ de época, ambientado en los años cuarenta del siglo anterior, cuya historia se centra en una pareja joven y feliz que tienen una bebé a la que le aparecen plumas. A partir de ahí surgen los recuerdos y, con ellos, una antigua maldición familiar…
Entonces se suceden las preguntas: ¿por qué?, ¿qué hice para merecerlo o qué hicieron mis abuelos y mis tatarabuelos?
Siempre que ocurre algo extraordinario empezamos a preocuparnos y hay que buscar una explicación a esa realidad que incomoda. Por lo tanto, la obra se resume en: ¿qué haces cuando has recibido algo que no era lo que esperabas o si, al final, resulta que 'sí lo era' porque estaba en tu sangre?

Hay un aroma al escritor checo Franz Kafka…
Muy kafkiano, aunque también muy cercano a Edgar Allan Poe, Guy Maupassant y Horacio Quiroga. Además, hay referencias al cine de terror o, mejor, a las historias de terror y a los autores de ese género. Y, claro, Fiódor Dostoievski; por ejemplo: Raskolnikov, el héroe de su novela ‘Crimen es el culpable por excelencia. Pero nada de esto lo coloco de forma deliberada, todos esos autores hacen parte de mi ‘background’.
¿Esa Rusia tiene puntos de contacto con el Ecuador de esta y otras épocas?
Son culturas muy similares por la literatura rural y su mundo. Rusia fue rural hasta mediados del siglo anterior -no solo hasta la Revolución- y esa realidad es muy parecida a la de Latinoamérica, aunque la nuestra está salpicada por el carácter tropical y no contiene la frialdad eslava.
¿Cuál es el estado de salud de la dramaturgia ecuatoriana ahora?
Está revitalizándose. Hay autores produciendo ya no como un mero ensayo, sino como un hábito: hacen obras y se esfuerzan por montarlas. Al fin y al cabo, el teatro se hizo para representarse sobre las tablas, no para publicar un libro. Y, cuando menos en los últimos diez años, hay una sintonía con lo que ocurre con las letras ecuatorianas en general, me refiero a su revitalización, sobre todo en el caso de las escritoras.
Yo soy optimista y creo que el teatro goza de buena salud. Incluso el público, aunque haya apagones y en Ecuador tengamos contratiempos en todo momento, viene a vernos, no importa el tipo de obra que se le ofrezca: grande y masiva o pequeña, con pocos personajes e historias más íntimas.
Finalmente, ¿por qué se debe ver ‘La culpa no es de lo pájaros’?
Porque obliga a cuestionarse. No obstante, lo más importante es ir al teatro para ver carne y huesos sobre un escenario.
Los escasos metros que corresponden al entorno habitual de una persona en el país y en este momento se encuentran enrarecidos, de modo que ‘tomar’ un poco de calle permite evadir el encierro.
El teatro es resistencia, especialmente en este tiempo de la virtualidad. Venir a un lugar como el Patio de Comedias, que tiene 40 años resistiendo y adaptándose, es buscar alternativas, salir de la zona de confort y entretenerse en el camino.
‘La culpa no es de los pájaros’
- Funciones: 25, 26 de octubre, 19:00; 27 de octubre, 18h00.
- Lugar: Patio de Comedias.
- Dirección: Av. 18 de Septiembre E4-26, entre Amazonas y 9 Octubre.
- Reserva de entradas: 0967927294.
Ficha técnica
- Dramaturgia y dirección: Fabián Patinho.
- Actuaciones: Salomé Velasco y Eduardo Jaramillo.
- Música: Mario Porras, La Sebastien Melmoth Experience (Víctor Hugo Moya y Agatha Isadora).
- Arte: Patricia Albuja.
Sinopsis
La felicidad de Paulina y José por tener a su primera hija se ensombrece cuando le salen plumas; esto trae consigo el recuerdo de una vieja maldición familiar. José parte para la guerra y, a su regreso, debe enfrentar una sorpresa todavía mayor.
Sobre Fabián Patinho
Novelista gráfico y autor de teatro. Ha estrenado doce de sus obras, entre ellas: El agitado paseo del señor Lucas (1998), Elías o quién diablos te crees que eres (2003), El estigma y el ladrón (2014), Las mentiras de Aurora (2017), El Ciudadano (2021) y Enséñame a disparar, mi amor (2023).


