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Mundo Diners al día

'Silencio en el plató': el lado oscuro de la televisión infantil

por Jaime Lorite

Documental
Miranda Cosgrove, Jennette McCurdy, Nathan Kress, Jerry Trainor y Dan Schneider en un evento de MTV en Berverly Hills en el verano de 2007. JASON MERRITT (FILMMAGIC)

El documental ‘Silencio en el plató' arroja luz sobre los abusos sexuales y psicológicos sufridos por actores y otros trabajadores de series para niños.

El estallido del movimiento #MeToo en 2017 y la caída de un peso pesado de Hollywood como Harvey Weinstein provocó, en no pocos rincones de la industria, un efecto dominó que acabó con las carreras de poderosas figuras vistas, hasta ese momento, como intocables.

También en la televisión. El productor, guionista y actor Dan Schneider había sido una pieza clave, desde la serie 'Todo eso y más' (1994), para que el canal infantil y juvenil Nickelodeon construyera su propio Hollywood en miniatura, con sus propias estrellas preadolescentes, su ceremonia de premios (los Kids’ Choice Awards) y una amplia oferta de ficción y entretenimiento.

Tras aquel programa iniciático de sketches, a la manera de un 'Saturday Night Live' con niños, llegaron otros programas de gran éxito que se convirtieron en referencia para una generación de espectadores, como 'Drake y Josh' (2004), 'Zoey 101' (2005), 'iCarly' (2007), 'Victorious' (2010) o 'Sam y Cat' (2013). Pero, en 2018, su imperio finalmente se vino abajo.

Cuando se anunció el fin de las colaboraciones entre la cadena y Schneider, la web especializada Deadline publicó un artículo que aludía a serios problemas en la producción de sus trabajos para Nickelodeon, tanto en el trato a los actores menores de edad como a otros miembros del equipo. Revisaba además aspectos públicos del comportamiento de Dan Schneider, como su obsesión con los pies de niños.

En varios artículos e investigaciones posteriores se recogieron múltiples testimonios de abusos verbales, peticiones de masajes o discriminación a las mujeres, al tiempo que largos vídeos recopilatorios de chistes y guiños sexuales frecuentemente interpretados por preadolescentes en sus programas, sobre los que antes apenas se había prestado atención, se convertían en la comidilla de las redes sociales.

“Recuerdo muchas risitas a mi alrededor cuando lo rodábamos y a los chicos exclamando: ‘¡es una corrida!”, dice la actriz Alexa Nicolas en una de sus intervenciones en el documental 'Silencio en el plató', serie de cuatro capítulos. Nicolas, en su declaración, alude a un gag de 'Zoey 101', donde empezó a trabajar con 13 años, en el que la actriz protagonista recibía una sustancia viscosa en la cara. 

'Silencio en plató' ofrece decenas de ejemplos similares de actrices infantiles en escenas muy parecidas, pero, sobre todo, constituye el sumario más extenso hasta el momento sobre lo sucedido en los años de Schneider en la cadena Nickelodeon, con especial atención a los dos casos de pederastia conocidos en su seno: los del ayudante de producción Jason Handy y el actor y entrenador de diálogo Brian Peck, el llamado “Chico de los Pepinillos” por sus intervenciones recurrentes en 'Todo eso y más' portando una bandeja de pepinillos.

Drake

Revelaciones de 'Silencio en el plató'

Una de las grandes revelaciones de 'Silencio en el plató', en este sentido, es que la víctima de Peck fue el actor Drake Bell, de la serie 'Drake y Josh', quien habla de ello en el documental por primera vez. La estrella juvenil, que tenía 15 años cuando empezó a ser agredido sexualmente por Peck.

Relata el grado de hostigamiento que sufrió y el modo agresivo en que este entró en su vida: tras ganarse su confianza y amistad, alienó al joven para ponerle en contra de su padre y pasó a convertirse en un personaje habitual de su vida cotidiana, con llamadas telefónicas constantes, visitas a su casa e incluso viajes, en compañía de amigos, a cada una de las paradas de la gira de conciertos de Bell, que había iniciado una carrera musical en 2002.

Kyle Sullivan, otro de los niños actores de 'Todo eso y más', cuenta que Brian Peck les enseñó orgullosamente a él y otros invitados en su casa la correspondencia escrita que mantenía con el asesino en serie y agresor sexual John Wayne Gacy, en prisión por, entre otros motivos, matar a 33 hombres (15 de ellos menores de 18). El actor y entrenador de diálogo guardaba como un tesoro un autorretrato que le había enviado Gacy.

El documental también muestra cómo los abusos se producían necesariamente con la colaboración y permisividad de otras figuras poderosas. Uno de los momentos más escalofriantes del testimonio de Drake Bell es cuando describe el juicio a su depredador sexual, al que, asegura, asistieron “rostros muy conocidos”. Actores como James Marsden o Kimmy Robertson (conocida por interpretar a Lucy en Twin Peaks) escribieron cartas al juez para pedir su liberación.

Por su parte, en casa del ayudante de producción Jason Handy, la policía no encontró correspondencia con John Wayne Gacy pero sí 10 000 imágenes de pornografía infantil. El caso de Handy es abordado en el segundo capítulo de la serie, con la identidad de las víctimas oculta (habla solamente una madre, bajo el nombre de MJ).

El ayudante, siguiendo un modus operandi similar al de Peck, se adentró en la vida de una joven actriz que acababa de ser contratada para 'Todo eso y más' y cosechó tanto su simpatía como la de su madre. Poco tiempo después, le envió un correo con una foto suya masturbándose y un texto indicando que estaba pensando en ella. Handy también invitó a una niña de 9 años a jugar a videojuegos en su casa, donde la besó repetidas veces e intentó introducirle la lengua en la boca. En su diario, escribió: “Soy un pedófilo en toda regla. He estado cediendo a mi deseo por las niñas pequeñas en las últimas semanas”.

Borracheras de poder

Un aspecto común en los relatos que encadena 'Silencio en el plató' es el rubor con el que las víctimas, que tienen todo el protagonismo y la palabra, recuerdan situaciones por las que pasaron hace más de 20 años. Solo tras la emisión del documental, Dan Schneider ha pedido perdón públicamente y reconocido lo que se cuenta en él.

El guionista Christy Stratton recuerda al borde del llanto cómo su jefe la obligó a representar una sodomía mientras tenían una conversación o la humilló con apuestas incumplidas, como la de comer helado hasta vomitar a cambio de 300 dólares, que nunca le pagó.

Las mujeres que trabajaban en el equipo y ofrecen sus testimonios señalan sesgos de género por parte de Schneider, tanto en la selección del personal como en su salario, y coinciden en que el productor se servía del humor y la falsa amabilidad para conseguir todo lo que quería. Sus exhibiciones de poder iban desde el plató, donde siempre debía haber alguien masajeándole, hasta el exterior: al más puro estilo Playboy, se le ocurrió posar en un jacuzzi en compañía de su gran estrella, Amanda Bynes, menor de edad y en traje de baño.

“Si todo el mundo lo sabía, ¿a quién podías acudir?”, se lamenta, en otro momento del documental, una trabajadora anónima. La actriz Jennette McCurdy, protagonista de 'Sam y Cat' junto a Ariana Grande, también explicó en su autobiografía 'Me alegro de que mi madre haya muerto' (editado en España en 2023 por Tendencias) que una figura a la que en el libro denomina “El Creador” le facilitaba habitualmente alcohol siendo menor y le daba masajes no solicitados. También que Nickelodeon le ofreció dinero a cambio de su silencio.

Por su posición vulnerable cuando se vieron sometidos a estas experiencias, muchos de los antiguos niños actores que participan en el documental han pasado, explican, por tratamiento psicológico o aún arrastran complejos.

Jennette McCurdy cuenta en su libro el trastorno alimenticio que atravesó por las exigencias de la profesión (y de su despótica madre), mientras otros declaran haberse sentido muy incómodos rodando algunas de las escenas supuestamente divertidas que debían representar para Nickelodeon: sin ir más lejos, incluso desarrollaron una especie de concurso donde los niños se metían escorpiones vivos en la boca o se tumbaban en un cubículo con serpientes. Amanda Bynes, por su parte, ha pasado por un infierno de problemas mentales y adicción a varias sustancias que ha sido seguido con lupa por la prensa sensacionalista.

Leon Frierson, uno de los actores de 'Todo eso y más', habla de lo duro que le resultaba, en un momento en el que estaba empezando a conocer su cuerpo, enfundarse en las mallas de un superhéroe al que interpretaba con narices por todo el cuerpo (otra broma sexual, cree él, por el gran parecido con los penes que albergaban las narices de ese disfraz).

Mientras que el afroamericano Bryan Hearne habla de los estereotipos raciales que Schneider asentó en él hasta afectar a su autopercepción: en un sketch se le vendiendo galletas de contrabando como si fueran drogas y en otro caracterizado como un feto negro, Lil’ Fetus, que ya rapea desde el útero.

Las protestas constantes de la madre, que enumera las enormes trabas que ponían a los progenitores para estar cerca de sus hijos en los rodajes, llevaron a que Nickelodeon dejara de contar con Hearne y él se sintiera “un fracasado”. En 2024, sin embargo, ella está segura de haber hecho lo correcto: “Entonces no tenía ni idea de cómo estaba salvando a mi hijo. Era una casa del terror”.

Artículo publicado el 17 de abril de 2024 en El País, ICON. Lea el contenido completo aquí. Revista Mundo Diners reproduce este contenido con autorización de PRISA MEDIA

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