Tom Ripley es un vulgar estafador en Nueva York. Se dedica a pequeños menesteres criminales —falsificador de poca monta, suplantador sin demasiado éxito—, hasta que, por azares de la fortuna, recibe el encargo de un rico empresario que cree que Tom es amigo de su hijo: ir a Italia y convencerlo de regresar al lugar natal. Todos los gastos están pagados. No tiene nada que perder. Allá va entonces Ripley, a encontrar una vida, esta sí de crimen de alto fuste y camaleónica intensidad.
Es la premisa de la serie que Netflix estrenó hace poco, basada en la primera novela que Patricia Highsmith escribió sobre el personaje, en 1955. El cine y la televisión se han encantado desde entonces con él: Alain Delon, Jude Law, John Malkovich y Dennis Hopper han interpretado a Tom Ripley en sendas versiones. Pero en esta serie de Netflix, protagonizada por el irlandés (magnífico) Andrew Scott, el carácter y la forma en que se cuenta esta historia es fascinante y virtuosa.
Otra forma de ver lo mismo
En un pueblo costero de Italia, Tom ya se ha infiltrado en la vida de Dickie Greenleaf, el hijo pródigo, ganándose su confianza y amoldándose suavemente a la personalidad y las necesidades de su amigo, mientras la fría novia del chico de oro, Marge (Dakota Fanning), observa con creciente sospecha desde su posición cada vez más marginada. Tom Ripley se obsesionará con el lujoso estilo de vida de Dickie y la saga tendrá muchas idas y vueltas, engaños, fraudes, investigaciones policiacas y sangre derramada.
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