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El famoso Ripley, en blanco y negro

por Rafael Barriga

Ripley

Tom Ripley es un vulgar estafador en Nueva York. Se dedica a pequeños menesteres criminales —falsificador de poca monta, suplantador sin demasiado éxito—, hasta que, por azares de la fortuna, recibe el encargo de un rico empresario que cree que Tom es amigo de su hijo: ir a Italia y convencerlo de regresar al lugar natal. Todos los gastos están pagados. No tiene nada que perder. Allá va entonces Ripley, a encontrar una vida, esta sí de crimen de alto fuste y camaleónica intensidad.

Es la premisa de la serie que Netflix estrenó hace poco, basada en la primera novela que Patricia Highsmith escribió sobre el personaje, en 1955. El cine y la televisión se han encantado desde entonces con él: Alain Delon, Jude Law, John Malkovich y Dennis Hopper han interpretado a Tom Ripley en sendas versiones. Pero en esta serie de Netflix, protagonizada por el irlandés (magnífico) Andrew Scott, el carácter y la forma en que se cuenta esta historia es fascinante y virtuosa.

Otra forma de ver lo mismo

En un pueblo costero de Italia, Tom ya se ha infiltrado en la vida de Dickie Greenleaf, el hijo pródigo, ganándose su confianza y amoldándose suavemente a la personalidad y las necesidades de su amigo, mientras la fría novia del chico de oro, Marge (Dakota Fanning), observa con creciente sospecha desde su posición cada vez más marginada. Tom Ripley se obsesionará con el lujoso estilo de vida de Dickie y la saga tendrá muchas idas y vueltas, engaños, fraudes, investigaciones policiacas y sangre derramada.

Lo que es evidente a todas luces (y sombras), desde la primera secuencia, es su puesta en escena. El viaje a la mente brillante y torturada del joven Ripley es contada lentamente, sin apuros, sin atajos. La cadencia de la narración es parsimoniosa y meticulosa. Las más de ocho horas de duración de la serie permiten entender bien la compleja fábula y diseccionar cada personaje en su verdadera medida. Algunas críticas alrededor del mundo han resentido esta supuesta lentitud, pues vivimos en un mundo que exige celeridad, rapidez, efectividad. Ripley es diferente. Se toma su tiempo.

Profundos negros, intensos blancos

El productor, director y guionista de la serie, Steven Zaillian (guionista de La lista de Schindler), eligió filmar en un bien contrastado blanco y negro. Los negros son muy profundos, los blancos muy intensos. El blanco y negro es efectivo: le da un tono de film noir y suspense.

Pero sobre todo es estético. La experiencia de ver en detalle, en copiosas y largas secuencias, varias ciudades italianas (Roma, Nápoles, Venecia) a principios de los años sesenta del siglo pasado, es suntuosa. Zaillian se fija en la arquitectura y en las innumerables obras de arte —público y privado, sean de Picasso o Caravaggio— y las hace dialogar con la trama y, sobre todo, con el carácter de Tom Ripley.

En resumen, la serie de Netflix está bien y a la altura de la novela de Highsmith, sin duda, uno de los grandes thrillers literarios de todos los tiempos.

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Acerca de Rafael Barriga

Curador de contenidos, gestor editorial, cineasta y radiodifusor.
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