Un clásico de HBO llega a Netflix en calidad de estreno. Luego de toda una vida evitando verla, nuestro colaborador se puso en la tarea de mirarla con ojos nuevos, como si fuera una joya antigua pero recién descubierta. Y esto es lo que tiene que decir sobre su primera vez.
Cuando no entiendas algo sobre mí, me dijo una autora de libros infantiles, tienes que ver Sex and the City. Era mucho lo que no entendía de ella y demasiadas las temporadas de la serie como para solucionarlo de esa manera. Fue más fácil cortar, dejar de verse o verse de otra forma, como la gente que puede hablar de cualquier cosa y en cualquier momento, con cualquier ropa, porque ya no existe tensión sexual. Increíble el nivel de intimidad que puede haber entre dos seres humanos que no quieren comerse.
En Sex and the City, seis temporadas entre 1998 y 2004, lo que hay es hambre. Sobran el apetito, las ganas, las oportunidades. La serie está basada en un libro que, a su vez, reúne las columnas de Candace Bushnell, publicadas originalmente desde 1994 en The New York Observer. La sección fue tan leída que se hizo carne en HBO y, muy poco después, se constituyó como eso que llamamos “estilo de vida”. La voz principal, la narradora, es un alter ego de la columnista, y sus palabras son como machetes con taco aguja: van abriendo camino y pasarela donde antes había solo monte y mosquitos.
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