
Salvador, la nueva serie española en Netflix se interna en el mundo de los fanáticos del fútbol. La historia, además, toca temas como el avance de la ultraderecha en Europa y la corrupción policial. Lo de fondo son los desencuentros entre un padre y su hija.
La producción, ideada por el creativo español Aitor Gabilondo (Patria y Yo, adicto), se interna en una barrabrava de un equipo de fútbol, el Real Madrid en este caso, para aventurarse por una trama que va más allá del fanatismo deportivo.
Salvador explora las posibilidades a las que están expuestos los jóvenes, tomando en cuenta que en la actualidad sus alternativas de vida se ven limitadas y son cada vez más precarias. También aborda las opciones que tienen las personas maduras, que han atravesado por alguna tragedia personal y que se vuelven desechables para el sistema.
Imagínese que algún miembro de su familia, alguien muy cercano, de su entorno más íntimo, se vincula con un grupo de extrema derecha. Uno violento, sin escrúpulos, cuyas actividades rozan lo delincuencial. Esta también también es otra de las premisas de la serie que muestra sin remordimientos esta alternativa, vigente para sociedades como la española pero que se puede extrapolar a otros lugares del mundo.
Salvador y Milena
El actor Luis Tosar (Mar Adentro y Celda 211) da vida a Salvador, un médico cincuentón degradado a chófer de ambulancia en razón de años de afición a las apuestas y a la bebida, una época de su vida durante la cual olvida a su única hija, Milena, interpretada por la joven Cándela Aristegui.
Viviendo prácticamente al día, con un sueldo que no le alcanza para pagar una pensión donde viven inmigrantes, Salvador padece una suerte de penitencia en razón de su vida pasada. Guía a paramédicos que asisten situaciones de emergencia. En una de ellas, antes de un partido del Real Madrid, identifica a su hija como miembro de una barrabrava. El choque es instantáneo para el hombre.
Busca a su hija y la encara, pero ella, furiosa, le reclama por su ausencia y lo desprecia. No pasa mucho tiempo para que la joven caiga herida en un enfrentamiento con fanáticos de otro equipo, en el que Salvador, como miembro de un colectivo de emergencias, logra salvarla. Lo que sucede después marca el lado más violento y trágico de la serie, con un atormentado protagonista que busca verdad y justicia.
El conductor de ambulancia no asimila el golpe por la situación de su hija y decide investigar por su cuenta. Para ello se introduce en las entrañas del grupo de aficionados/delincuentes, una inmersión por demás riesgosa de la que apenas podrá salir ileso. Salvador busca retratar la violencia que hay al interior de estos grupos.
Los barras bravas
La serie identifica las conexiones que crean los barrabravas para mantener su vigencia dentro y fuera de los estadios; cómo están conectados directamente con el poder del estado y son patrocinados por agentes privados que les permiten contar con recursos para reclutar gente, viajar al extranjero para apoyar a su equipo y, sobre todo, realizar acciones reñidas con la legalidad como el tráfico de sustancias y de armas.
En ese trance, el protagonista encuentra una oportunidad de redención con la capacidad de ayudar a una barrista, Julia (Claudia Salas), una madre soltera que da información a la policía local a cambio de obtener beneficios para su hija, a quien el estado le quitó la custodia. El contacto con Salvador permite a la barra brava despertar en medio de cuadros de ultraderecha disfrazados de hinchas.
La serie muestra la vigencia de las producciones españolas en las plataformas de streaming con temas complejos, en este caso con la emergencia de radicales que atacan a minorías por temas de raza, de nacionalidad y de militancia política. Neonazis que gozan de impunidad gracias a palancas dentro de la policía y de la justicia con funcionarios públicos cooptados por el crimen organizado.
De ahí la actualidad de Salvador, en momentos que los grupos de marras, de políticos, de influenciadores, entre otros, emergen alrededor del planeta con consignas antiderechos que perjudican a millones de personas. No se trata de una suerte de Quijote en busca del bien, sino de un individuo promedio en una situación extrema. De un hombre acorralado por los hechos que se ve obligado a pasar a la acción a pesar de sus limitaciones y de sus claroscuros.

