
‘El gatopardo’, novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, llega a las pantallas en forma de miniserie. El público de hoy y el del libro de 1958 son diferentes, pero la obra regresa y funciona como si fuese inmune al paso del tiempo, ¿cuál es su secreto?
‘Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie’, así le dice Tancredi a su tío Fabrizio en la novela de Lampedusa y luego se marcha a la guerra. La frase, un aparente contrasentido, es el eje de la historia original pero también la premisa que su nueva adaptación -miniserie de seis episodios estrenada a inicios de marzo de 2025- se empeña en llevar a la práctica más allá del guion.
Y es que el libro apareció en 1958 y desde entonces los públicos han cambiado: intereses y preocupaciones son distintos, al menos en lo superficial. Por eso, Richard Warlow, ‘showrunner’ de la producción, propone un diálogo entre pasado y presente, modernizando personajes y puesta en escena, aunque sin tocar la esencia.
'El gatopardo' posmoderno
Libro y serie tienen como escenario la Sicilia de 1860, donde Fabrizio Corbera, príncipe de Salina -cuyo símbolo es un leopardo, es decir, el ‘gatopardo’-, se ve obligado a ser testigo del cambio de época después de que 1089 hombres al mando de Giuseppe Garibaldi desembarcan en el sur de la península con el fin de unificarla al resto de Italia.
El noble es el arquetipo de una aristocracia local que contempla impotente la llegada de una burguesía nueva y con valores distintos a los suyos. El mundo que el príncipe conoció se hunde sin que pueda hacer nada para evitarlo y su sobrino Tancredi, ambicioso e implacable, le informa de que el único modo para sobrevivir es adaptándose, aun cuando eso significa renunciar al pasado.
Pero la nueva serie de Netflix no queda allí: en un esfuerzo ‘gatopardista’, se transforma para satisfacer el gusto contemporáneo y ofrece un papel mucho más relevante a la hija de Fabrizio, Concetta, a manera de una reivindicación femenina que llega hasta el punto de transformarla en la contraparte del príncipe y la última esperanza de la familia.
A veces esta modificación parece forzada sobre todo porque el drama existencial del 'Gatopardo' y de su estirpe suele diluirse dentro del universo de Concetta, donde el centro es el triángulo amoroso entre ella, Tancredi y Angélica -la mujer con la que él se casa-. Sin embargo, la serie en conjunto logra resolverlo, pues Lampedusa y su gran preocupación -la derrota- están allí.
Y la fotografía contribuye para reforzarlo porque, al ser imposible introducirse en la cabeza de los personajes, los colores de los escenarios acompañan a sus pasiones: así, el dorado impera en los dominios del príncipe, como si su feudo fuese el resquicio final de una era dorada, mientras que los matices oscuros, casi lúgubres, aparecen en aquellos sitios donde está gestándose su caída.

Ficha técnica
- Título original: 'Il Gattopardo'.
- Año: 2025.
- País: Italia y Reino Unido.
- Dirección: Tom Shankland, Giuseppe Capotondi, Laura Luchetti.
- Guion: Benji Walters, Richard Warlow.
- Novela: Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
- Protagonistas: Kim Rossi Stuart (príncipe de Salina), Benedetta Porcaroli (Concetta), Saul Nanni (Tancredi) y Deva Cassel (Angélica).
- Música: Paolo Buonvino.
- Fotografía: Nicolai Brüel.
El síndrome del ‘gatopardismo’
La caída del 'Gatopardo' es el resultado del cambio de los tiempos y la caducidad de los hombres durante el Resurgimiento italiano de 1860.
En aquel tiempo, Italia era un sueño porque la península se encontraba atomizada. No obstante, las ideas del rey Víctor Manuel de Cerdeña, su ministro, el conde de Cavour, y el revolucionario Giuseppe Garibaldi terminaron por reunir a los principados bajo una sola bandera. Pero esto perjudicó a los aristócratas regionales, quienes tuvieron que ceder su poder de antaño a burgueses que habían apostado su riqueza para ganar mucho más con el nuevo régimen.
Así, los problemas de fondo -desigualdad, cacicazgos y falta de educación- siguieron inmutables, aunque con una clase política distinta y un nuevo sistema que, pese a haber ofrecido cambiarlo todo, lo dejaba exactamente igual. Ese es el secreto de 'El gatopado': su historia se repite en geografías y tiempos distintos.
Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa y duque de Palma di Montechiaro, lo sabía bien porque su abuelo fue la inspiración al momento de crear ‘El gatopardo’ y los territorios que antaño estuvieron en manos de su familia en Sicilia se veían más o menos igual que en el siglo XIX, tras dos guerras mundiales, un reino, una dictadura y una república.
En la historia no existen eventos idénticos, pero sí paralelismos: hoy, el colapso del orden instalado en el planeta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial deja -igual que a los gatopardos en 1860- una serie de políticos e intelectuales en fuera de juego ante las mareas de reformismo que, en realidad, solo pretenden transferir el poder a nuevas oligarquías.
Y el príncipe Fabrizio Corbera encontraría allí a miles de Tancredis, refundidos entre el extremismo y sin la menor intención de cambiar nada. ‘Adaptarse o desaparecer’, le dirían sin saber que, así, confirman lo escrito en la novela por su mayor crítico, Lampedusa, refiriéndose a los sicilianos -pero, por extensión obvia, a toda la humanidad-:
(…) jamás querrán mejorar por la sencilla razón de que se creen perfectos; en ellos la vanidad es más fuerte que la miseria.

Otro ‘gatopardo’
La serie de 2025 no es la primera en la que la novela de Lampedusa pasa de las palabras a los platós: en 1963, el cineasta Luchino Visconti puso en las salas de cine un filme que le valió la Palma de Oro del Festival de Cannes.
Al lado del director italiano, estaba una trinidad de actores que un cinéfilo sin miedo a la blasfemia podría llamarla 'divina': Burt Lancaster en el papel del Príncipe de Salina, Alain Delon en el de Tancredi Falconeri y Claudia Cardinale como Angelica Sedara.
Luchino Visconti, conde de Lonate Pozzolo, por ser aristócrata de nacimiento, pero socialista por convicciones era el preciso para contar una historia sobre un hombre que se ve obligado a vivir entre dos mundos y, por eso, dejó una película llena de subtextos y detalles exquisitos.

