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Mundo Diners al día

'Eric’ o la monstruosa cara de la paternidad 

por Gabriel Flores Flores

Eric
El actor Benedict Cumberbatch interpreta a Vincent, uno de los personajes centrales de la serie.

‘Eric’ es una historia que, en esencia, trata sobre la relación entre un padre, un hijo y un monstruo. El padre es un titiritero alcohólico; el hijo, un niño silencioso al que le gusta dibujar; y el monstruo, una presencia física que más que asustar incomoda.

Hace rato que escritoras latinoamericanas, como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin y Mónica Ojeda nos recordaron, a través de sus relatos, que los verdaderos monstruos y que lo realmente monstruoso no está solo en historias como la de Mary Shelley, sino en medio de la vida cotidiana, pero sobre todo dentro de la familia. Que el monstruo puede ser una madre, un padre y también uno mismo. 

Estas reflexiones también han estado presentes en los trabajos de la dramaturga y guionista Abi Morgan (Cardiff, 1968). Ella es la creadora de ‘Eric’, una miniserie de televisión ambientada en la Nueva York de los años 80, que explora el ocaso de un matrimonio, la vida de una pareja homosexual, la paternidad y la discriminación racial de la Policía neoyorquina. En esos mundos es donde están los monstruos. 

 Vincent 

Los monstruos de verdad no se esconden debajo de la cama, tú eres el monstruo”. El que escucha la frase soy yo, Vincent (Benedict Cumberbatch) y el que la lanza es Eric. Soy el creador de un programa de títeres para niños. También soy el esposo de Cassie y el padre de Edgar. Un día, como todos los días, Cassie y yo discutimos y Edgar nos escucha. Él sale rumbo al colegio, que está a un par de cuadras de nuestra casa, pero nunca llega. Se pierde. 

Desde ese momento, esa cuerda floja en la que se había convertido mi vida termina de tensarse y se rompe. Mientras Cassie (Gaby Hoffman) y el detective Ledroit (McKinley Belcher III) buscan a Edgar con desesperación, yo me convenzo de que la única forma en la que mi hijo perdido va a regresar a casa es si ve que Eric dejó de ser uno de sus dibujos y se convirtió en el nuevo títere de mi programa de televisión. 

La verdad es que no sé cómo actuar ante la desaparición de mi hijo, así que me dedico a beber. Lo amo, pero también soy consciente de que por mucho tiempo lo ignoré. Ahora sé que Edgar ya no me veía como su padre sino como la personificación del miedo y de la ira. Les tengo una confesión, de  niño, me prometí que nunca iba a convertirme en un monstruo y fracasé. Sé que soy un padre muy torpe, pero no me rendiré hasta que mi hijo vea a Eric, hasta que deje de tenerme miedo, hasta que mi niño vuelva a casa. 

Edgar 

Mi nombre es Edgar (Ivan Morris) y tengo 9 años. Soy el hijo de Vincent y de Cassie. Después de la escuela suelo acompañar a mi papá a la grabación de su programa. Mientras él y sus compañeros de 'Hola sol, buenos días' dan vida a las marionetas más populares de la televisión estadounidense, yo dibujo. Mi última creación es Eric. Calculo que debe medir más de dos metros. Es peludo, blanco y tiene voz gruesa. Eric es el monstruo con el que cualquier niño quisiera encontrarse si se pierde, porque seguro le ayudaría a encontrar el camino de regreso a casa. 

Mientras dibujaba a Eric pensaba en mi papá. En su ira y en la distancia que ha marcado conmigo en los últimos tiempos. No debería contarles esto, pero esa fue una de las razones por las que desaparecí. Tengo miedo de mi padre, ¿ustedes nunca han tenido miedo del suyo? La cosa es que dentro de todo soy un niño afortunado, porque hay personas que me buscan. Marlon no tiene la misma suerte, él lleva perdido once meses y como es negro nadie se empeña en seguir buscándolo; solo hay dos personas que no se rinden: su madre y el detective Ledroit, el mismo al que le asignaron mi caso. 

Vincent no es el único monstruo al que le tengo miedo. Cada noche, antes de dormir, Cassie revisa debajo de mi cama para comprobar que no haya un monstruo escondido. Al final, siempre se encuentra con lo mismo: un batallón de juguetes, reglas, lápices y colores, pero ya saben que el miedo es el miedo. Seguro se sorprenden por el lugar al que fui a parar el día que no llegué al colegio, pero de nuevo tuve suerte. Alguien, del quien no les voy a hablar, me acogió e intentó cuidarme. Solo les diré que no se dejen llevar por las apariencias. La gente buena está en todas partes.

Eric  

Es curioso que me hayan dejado para el último, si finalmente el verdadero protagonista de esta serie soy yo, Eric, el monstruo ¡Buuu! De entrada tienen que saber que yo no asusto. Pero, un momento, estamos en la Nueva York de los años 80 y si un niño negro o uno latino desaparecen a nadie le importa. Se dan cuenta que los que dan miedo son otros ¿no es eso más monstruoso?

Pero llegó el momento de concentrarnos en Vincent, el que se lleva todos los aplausos y el gran monstruo de esta historia. Nada justifica su comportamiento con su hijo pero -tengo que contarles- él también tuvo su propio monstruo cuando era niño. Como se lo digo en uno de los capítulos: “es el más mierda de todos los padres”. Y es que hasta ahora no entiendo cómo en lugar de dedicarse a buscar a Edgar se empeña por crear un títere, una marioneta, como si conmigo no fuera suficiente. Aquí debería hacer una pausa para decirles que solo él puede verme y oír mis frases lapidarias. Porque todos sabemos que los monstruos no solo viven debajo de la cama.

Estoy convencido de que Abi Morgan no creó a este monstruo -no hablo de mí sino de Vincent- con algún afán evangelizador. Tampoco pensando en una historia con final feliz y moraleja al estilo de los hermanos Grimm. Lo que sí lanza son muchas reflexiones alrededor de la paternidad. Finalmente, yo siempre seré lo que la imaginación de Edgar quiera que sea; pero Vincent -los millones de Vincents que hay en el mundo- sí tienen la opción de dejar de ser el monstruo de la historia. Y sí, pueden empezar por copiar lo que él dijo en la rueda de prensa que aparece en el primero de los seis capítulos de la serie: “Edgar, si me estás viendo, te pido perdón”. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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