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’Cobra Kai’ partió como un spin-off nada esperado y casi independiente de ‘Karate Kid’. Seis temporadas después termina como una de las series más vistas en todo el mundo.
YouTube Red fue el primer nombre de YouTube Premium, que brinda acceso ilimitado e ininterrumpido a su contenido. Parte de este contenido lo componen productos originales, es decir, creados exclusivamente para usuarios pagadores. El servicio se abrió en 2015 y, tres años más tarde, en 2018, lanzó una serie de esas que pueden salir o muy bien o muy mal; el encanto, el gesto arriesgado y creativo, estaba en lo muy-pero-muy mal que podía salir algo como lo que habían creado. Estamos hablando de ‘Cobra Kai’.
34 años después de su última pelea en un torneo de karate, el ‘All Valley’ del Valle de San Fernando, California, los finalistas de la edición de 1984 vuelven a encontrarse. Hasta donde nos habíamos quedado, el neoyorquino y recién llegado a Los Ángeles y al karate Daniel LaRusso ganó la final con un golpe que quedó para la historia: la patada de la grulla; el perdedor (o, mejor, derrotado) de esa noche fue el rubio y motociclista Johnny Lawrence, que ya antes había perdido, también en manos de LaRusso, a su novia del colegio.
La trama podría leerse en la contratapa de un libro de ‘fanfiction’ y precisamente de eso se trata. Los creadores de ‘Cobra Kai’, Josh Heald, Jon Hurwtiz y Hayden Schlossberg, se identifican como el tipo de personas que piensan en ‘Karate Kid’, la trilogía adolescente que originó la serie, como una obra canónica y capitular que cambió muchas vidas y merece su propio universo. Apostaron como se debe, en calidad de fans, jugándose por algo en apariencia intrascendente y olvidado que ellos consideran esencial. Y ganaron.
‘Cobra Kai’
YouTube produjo y liberó las dos primeras temporadas de ‘Cobra Kai’. El éxito fue total y descubrió de inmediato a un ejército de personas que piensan lo mismo que sus creadores: ‘Karate Kid’ es La Biblia. Luego, en un escenario cada vez más común, parecido tanto a ‘La Cenicienta’ como a la creación de un ‘monopolio puro’ (una sola empresa es la encargada de un nicho comercial), Netflix compró los derechos de la serie y se hizo cargo desde el 2020 hasta el capítulo final, estrenado en 2025 como cierre de la sexta temporada.
La mano de Netflix no funciona como La mano de Dios. Se gana, sí, en números, en cifras, pero no se concibe un milagro. A las órdenes de la plataforma, ‘Cobra Kai’ amplió su audiencia. En 2024, por ejemplo, fue la tercera más vista en el ranquin de México (referencia para toda la región), aunque a esas alturas del partido su popularidad estuviera bastante por encima del prestigio conseguido en los capítulos originales. La sexta temporada se estrenó en dos partes y su audiencia disminuyó en medio camino. Aún así, la historia continúa.
Hay una película más en camino, ‘Karate Kid: Legends’, anunciada para mayo de este año. La idea, según se promociona, es unir los lazos cinematográficos y televisivos de la marca. Los protagonistas son Jackie Chan (incluido en la versión del 2010) y, obvio, Ralph Macchio, en parte tierno y en parte sabio y en otra parte sapo, manteniendo siempre activo a Daniel-San. Lo digo/escribo sin ironía: te agradecemos senséi por ordeñar la teta de la que todos hemos mamado.
Johnny Lawrence
En el principio Johnny Lawrence como el primer hombre sobre la Tierra, justo abajo del asteroide que pensamos lo había extinguido. Viejo, curtido, residente permanente del vacío legal entre la borrachera y el chuchaqui y la próxima borrachera y el próximo chuchaqui. Es un héroe ochentero, pero los 80s pasaron hace 40 años. Tenía pinta y pintaba para más, ahora pinta casas y coloca aires acondicionados. Vive alucinando el pasado, donde le iba mejor. ‘Cobra Kai’ es en todos los sentidos su segunda oportunidad, su venganza.
Lo que pasa después no es tan importante o conmovedor o sorprendente como lo que pasa en el principio. En la primera temporada hay un personaje que no cayó del cielo al infierno sino de la pantalla a la realidad, obligado a cargar consigo mismo contra su voluntad. Lo que sigue, aún mientras se desarrollan el melodrama y la franquicia, es la redención como debe ser contada: a través de los errores, a patadas, muriendo en la orilla para resucitar y vivir por primera vez tendido y extendido en la playa. El cuento que debemos atender aquí es sobre un adolescente que asciende a persona al cumplir 55 años de edad. Mucha atención porque esto pasa mucho. Pasa full.
De la tercera temporada para allá, las escenas entre personajes se repiten en distintas versiones con igual destino: se conocen, se aman, se pelean, se odian, terminan como mejores amigos; un personaje del pasado vuelve para alargar el chicle en el presente; en cada torneo, uno o dos por temporada, hay un malito que hace trampa y lesiona gravemente a uno de los buenos que, igual, terminará ganando como el bueno que es.
Dicho lo cual, al final de los finales hay gloria. Johnny Lawrence conseguirá su revancha en el Valle de San Fernando, cerrará con un golpe la herida hecha a golpes y estaremos felices por él. Felices y tranquilos. Acabada la pelea es cuando se puede ganar.

