
La historia de la serie Amor y Muerte se desarrolla en una comunidad muy religiosa de Texas y revive un hecho trágico que marcó a los estadounidenses, en los años ochenta. Desde el inicio, la trama desató rechazos y adhesiones al punto que hoy se ha convertido en parte de la cultura popular del país.
Amor y Muerte retrata no solo a su época, finales de los setenta e inicios de la década siguiente, sino a un estrato de la población de todo un país. En este caso en particular, a parte de ese Texas profundo y próspero, ideal para el asentamiento de familias sin apuros materiales.
La serie narra la historia real de Candy Montgomery, una ama de casa quien busca dejar la quietud de un hogar de clase media alta, instalada en un barrio de la ciudad de Wilye marcado por la fe metodista, en donde todas o la gran mayoría de las actividades giran en torno a la iglesia.
La actriz Elizabeth Olsen, cuyo rostro es familiar dentro del Mundo Marvel (ha interpretado a la heroína Wanda Maximoff), da vida a un personaje que fue portada en los tabloides estadounidenses y que, con el pasar de los años, ha dado vida a libros, películas, series, entre otros productos de la industria cultural.
Amor y muerte
Candy tiene dos hijos con un matemático, Pat (Patrick Fugit) que trabaja en una poderosa corporación y mantiene con solvencia a su cónyuge e hijos pequeños. El trabajo del esposo permite al clan familiar disponer de una casa de ensueño, comodidades resueltas, hasta ciertos lujos. Ella es líder de la iglesia local, en donde dirige grupos de la comunidad. Además es una escritora aficionada que pretende publicar sus relatos de ficción, pero le falta algo.
Candy siente que tiene la posibilidad de conocer mejor a un amigo y miembro de su iglesia, Allan (Jesse Pleamons) también casado y con una niña pequeña, esposo de la irascible Betty (Lily Rabe). Candy lo seduce con éxito. El romance fluye hasta que él se entera de que su esposa espera un segundo hijo y decide terminar la relación. Ella queda devastada, pero lo asume. Pasan los meses.
La protagonista decide poner más empeño en la relación con su marido, quien termina enterándose del romance, pero decide perdonarla. Lo que la protagonista no se esperaba era que la esposa de su ex amante, Betty, tenía muchas certezas de lo que sucedía y se lo guardaba. Aparentemente eran amigas, camaradas de fe. Pero un día Candy la visita y se desata el pandemonio.
Un juicio célebre y la moral en la picota
El audiovisual no pretende relatar minuciosamente hechos que fueron ampliamente difundidos por los medios de comunicación. Trata, más bien, de ingresar en la psiquis de Candy, quien luego de su visita a Betty tiene que defenderse del ataque de una esposa engañada, indignada. A pesar que físicamente es inferior, en talla y en peso, asesina a su amiga y no toma ninguna precaución para simular lo sucedido; así que la policía local no tarda en atraparla.
A partir de entonces el proceso en contra de la homicida toma ribetes de Circo Romano, sobre todo por el morbo con el que suelen tratar estos casos los medios sensacionalistas estadounidenses, en los que se cuestiona la moral de los personajes antes que los hechos. Candy contrata como abogado a un jurista inexperto, el también miembro de la iglesia local, Don (Tom Pelhrey), quien ve una ventana de oportunidad en el caso.
El jurista logra con acierto articular la versión de Candy, quien había tratado de enterrar sus recuerdos por lo cruento del hecho. Recurre a un terapista, que la somete a hipnosis para recrear el incidente y que la acusada lo reviva; en ese proceso se devela que fue víctima de maltrato infantil, que era capaz de luchar en desventaja si se veía acorralada. El método funciona y se viene un juicio absolutamente mediatizado para la época, en el que la homicida había sido sentenciada previamente por la opinión pública.
Las secuencias en el tribunal reviven el momento fatal, con versiones de expertos, policías, testigos y de la propia acusada, que lo recrea con tal fidelidad que convence a los jurados civiles que acostumbran a dirimir en las cortes anglosajonas. Aquí hay que advertir que se presentan escenas perturbadoras que pueden afectar a personas sensibles. Finalmente, Candy es declarada no culpable en razón de que actuó en defensa propia.
La moral ante todo
El serial vuela alrededor de la figura de Candy, sobre todo en su representación física y gestual alrededor de los momentos que vivió: impecable frente a la comunidad, impredecible por fuera del ojo público. La protagonista llega a experimentar un conflicto en razón de su fe, ante una relación condenada socialmente en una comunidad ultra conservadora.
Junto a la actuación de Olsen como Candy es clave el performance del laureado Pleamons en el papel de Allan. Un tipo aparentemente frío, inmutable, que marca los hilos en la aventura por fuera del matrimonio y que toma las resoluciones correctas. Su testimonio en el juicio es determinante ya que reveló el temperamento de su esposa asesinada, que no encajaba en la comunidad por sus visiones radicales en materia religiosa y de vida.
Los miembros de las dos familias tuvieron que dejar casi de inmediato el pueblo de Wylie para no volver jamás, con distintos destinos. Candy se divorció de Pat y pasó a ser una especie de celebridad culposa en los años posteriores al hecho violento.

