El aventurero, como personaje de ficción, envejece en tiempos de corrección política, rechazo a cualquier indicio de misoginia y cuestionamientos a lo que hay detrás de la figura del hombre rudo y salvador. En este contexto, cientos de intrépidos héroes penan por mantenerse vigentes. ¿Lo lograrán? ¿Cómo lo harán?
La aventura es la ficción narrativa universal; supone una experiencia intensa que implica la exposición del héroe a lo indeterminable, a lo imprevisible. Así ha sido desde la cruzada caballeresca hasta la gesta fantástica y la exploración intergaláctica, pasando por el viaje en los mares del sur y la expedición a la selva profunda. Para ser aventurero, el héroe sale de su zona de confort, cambia de aires, roza la muerte.
Esos intrépidos personajes fascinan constantemente. Como ejemplo basta mencionar la publicación, este 2024, del Diccionario amoroso de la aventura, donde Olivier Weber revisita exploradores reales y ficticios, y libera su pasión por la aventura como universo imaginario, estilo de vida, ética y compromiso. En más de doscientas entradas del glosario de Weber, el alpinista Walter Bonatti y el tigre Shere Khan comparten páginas con Gilgamesh y Julio Verne, las fronteras y el exotismo, las guerrillas y los piratas.
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