
El origen de los villancicos no es religioso: en la Edad Media eran canciones populares cuyos temas iban del amor a lo cotidiano. Sin embargo, los sacerdotes se apropiaron de ellas por su capacidad para comunicar y atraer a los fieles.
La palabra ‘villancico’ proviene del latín villano, que quiere decir “habitante de la villa o aldea”. Esos villanos creaban composiciones musicales como un medio para hablar de su vida, en especial del amor. La Iglesia se percató de que ese ritmo era tan popular que permitía captar fieles. Al fin y al cabo, la música era más atractiva que los largos sermones en latín de los clérigos.
Villancicos en latín y español
Según Mark Cartwright, historiador de la Universidad York, la asociación del villancico con la Navidad empieza en el siglo XIX. Hasta entonces y desde la Edad Media, las canciones de aquel estilo incluían temas amorosos, costumbristas y también religiosos, aunque no específicamente navideños.
El investigador explica sus características: la música era intensa y las letras contenían abundante estribillo o versos repetidos. Ambas cosas favorecen la memorización, por lo que la iglesia del siglo XIII empezó a apropiarse de ellas para colocar versículos bíblicos.
En aquel tiempo, había otras composiciones religiosas parecidas, como el conductus, pero al ser completamente interpretadas en latín no conseguían el mismo efecto que el villancico. Este comunicaba más, tanto al público alfabetizado como al que no lo era.
Entre los españoles, la función religiosa y la profana convivieron por siglos. Así, la toma de Granada o la victoria en una guerra europea podía transformarse en canción, del mismo modo que las pascuas y la ascensión de la Virgen.
Allí, la estrategia de los predicadores cristianos era efectiva: los Evangelios debían cantarse ‘al estilo de’ o ‘en tono de’ villancicos. Y para el siglo XVI la jerarquía religiosa los había adoptado para la liturgia, siendo la natividad una temática predilecta.
Los villancicos en el siglo XVIII se fusionaron con otros géneros como las zarzuelas o tonadillas, sofisticándose cada vez más. Incluso, los clérigos italianos se quejaban de que no eran más que espectáculos capaces de distraer a los fieles españoles de la oración. De este periodo salen piezas como Ya vienen los reyes o la Marimorena.
Los villancicos de los anglosajones
Igual que en el caso de los hispanos, los villancicos en inglés tuvieron un origen popular. En aquel idioma, este género musical se llama ‘carol’, cuya etimología podría estar relacionada con el latín ‘choraula’ -una canción coral- o con la palabra francesa ‘carole’ que corresponde a un baile.
Precisamente, el musicólogo Denis Arnold en el libro The New Oxford Companion to Music de 1983 apuntaba a las danzas del pueblo como origen de los villancicos ingleses.
Estos acompañaron a las cenas festivas, en aquel tiempo, la mayoría de orden religioso. Y es que cantar y bailar en nombre de Dios, sobre todo en Navidad, era una garantía de buena cosecha y salud todo el año. Por supuesto, aquello no estaba libre de extravagancias, pues con la comida llegan el vino y la cerveza.
Así, en el Queen’s College de Oxford aún se entona un viejo villancico cuyo protagonista no es Cristo, sino el jolgorio y la cabeza de un jabalí:
Con romero y laurel adornada
la cabeza del jabalí llevo sobre mis manos
para que vosotros felices seáis, señores míos.
Con las guerras civiles inglesas del siglo XVII, los villancicos se silenciaron por un tiempo. Y es que los puritanos victoriosos prohibieron las celebraciones justamente por los excesos. Pero la restauración de los reyes Estuardo permitió su retorno e incluso el arribo a la América anglosajona.
‘Con mi burrito sabanero’
En Latinoamérica, Navidad sonaba así:
Con mi burrito sabanero,
voy camino de Belén,
si me ven, si me ven,
voy camino de Belén.
En 1975, el músico venezolano Hugo Blanco terminó de escribir un villancico titulado “El burrito de Belén”. El primero en interpretarla fue el cantante Simón Díaz, pero el compositor no quedó satisfecho. Pensaba que sonaría mejor con alguien mucho más joven y se puso en contacto con el Coro Infantil del país.
Pese a no pertenecer al coro, Ricardo Cuenci termino siendo la voz de aquella canción. Esto sucedió porque el día de la grabación Cuenci se encontraba en el estudio con su padre, un músico llanero. Tenía entonces ocho años y, de inmediato, empezó a tararearla. Debió ser tan bueno que el profesor del coro le propuso convertirse en el solista.
El niño cantante empezó a recorrer Venezuela y Puerto Rico a lomos de un burro sabanero. Iba encabezando al grupo recién formado con el nombre de ‘La Rondallita’, cuyo tema principal era el villancico de Hugo Blanco.
Sin embargo, pronto empezaron las desilusiones. Como no tenían un representante o patrocinador era frecuente que no encontraran ni siquiera hoteles en sus giras, mientras el dinero por la venta de discos desaparecía en las cuentas bancarias de contratistas sin escrúpulo.
Aunque ‘El burrito sabanero’ siguió cantándose, Cuenci dejó la música para ganarse la vida con el trabajo de campo. Él dice que, hasta hoy, su único pago ha sido la sonrisa de los niños cuando escuchan su vieja grabación.

