
Un año y cuatro meses después de su retorno a los escenarios, luego de alejarse de la música por problemas de salud, la gran Susana Baca vuelve a Quito a un show junto a la Orquesta de Instrumentos Andinos.
Susana Baca habla como canta, con una intensidad y dulzura que dan ganas de nunca dejar de hablar con ella. Y canta descalza, se mueve por los escenarios conectando con algo en la tarima, que cruza por la planta de sus pies y llega a sus cuerdas vocales, dándole un poder que muy poca gente tiene cuando canta. Es como si nada más existiera cuando se está frente a ella.
Ese impacto se gesta a la distancia, a través de una videollamada entre Quito y Cañete, donde ella vive, a 140 kilómetros al sur de Lima, y es el mismo efecto que el público quiteño podrá experimentar el sábado 26 de septiembre de 2026, a las 20:00, en el Teatro Nacional Sucre, cuando ella se suba al tablado a presentar su espectáculo ‘Maestra vida’, en compañía de la Orquesta de Instrumentos Andinos.
La gran cantante peruana, ganadora de cuatro Latin Grammy, tiene 82 años y pasó casi seis meses de 2024 en cuidados intensivos por una crisis multisistémica que la tuvo al borde de la muerte. Pero se recuperó y en mayo de 2025 volvió a los escenarios y este año lanzó su más reciente álbum, ‘El viaje de la lengua’, en el que le pone melodía y armonía a una serie de poemas de grandes autores en español.
Susana, ¿qué significa para usted poder seguir haciendo lo que hace después del susto de salud que tuvo?
Realmente le doy gracias a la vida que pude volver y que estoy cantando y bailando en un escenario, cuando no podía ni mover mis manos. Yo creo que la música ha servido muchísimo para recuperarme, porque volver a cantar, a trabajar con los músicos, a tener ensayos, a emocionarnos en cada ensayo y todo eso, pues eso es la vida. Creo que seguir haciendo música, seguir trabajando y viajando, llevando mi música a otros lugares, es un agradecimiento a la vida.
¿Cómo sintió la reacción de su público cuando regresó? ¿Era igual que antes?
Es más fuerte. Cuando me recuperé y di los primeros conciertos, apenas entraba al escenario, el público se ponía de pie y me aplaudía y aplaudía. Yo sentí ese amor, ese afecto, y empezaba el concierto con algo interior muy fuerte, era una trasmisión de una energía maravillosa para cantar.
Susana Baca respira música

- En 2026, la cantora publicó su más reciente disco, ‘El viaje de la lengua’, basado en poemas de escritores como Nicolás Guillén, Julio Cortázar, Luis Hernández y César Vallejo, entre otros.
- Este disco tendrá una continuación. “Falta una segunda parte todavía, porque me faltan un montón de poetas. Ya lo hemos grabado, pero hay que hacer algunos ajustes”, asegura.
- “Latinoamérica vive y vibra con la música”, cuenta Susana Baca al hablar de la tradición musical de la región. “Con todas las cosas que están pasando en nuestra América, va a ser muy difícil para los jóvenes salir a las calles a protestar, por eso tiene que haber música que hable de esto y que diga que eso no es justo”.
- El concierto de Susana Baca, junto a la Orquesta de Instrumentos Andinos, será a las 20:00 del 26 de septiembre. Las entradas tienen precios que fluctúan entre USD30 y USD55.
¿Para usted los conciertos son importantes por la presencia de su público?
Sí, y no sabes el sufrimiento que fue para mí hacer un concierto en homenaje a Chabuca Granda en un teatro completamente vacío por la pandemia. Yo canté con mi emoción y todo, pero me fui con una gran tristeza a mi casa, porque la gente no estaba. Para el segundo concierto que hice en pandemia, en el patio de una de esas casonas viejas de Lima, tuve un público a cierta distancia, porque le dije a mi productor —que es también su esposo—, Ricardo Pereira, que no podía cantar sin gente, porque estoy transmitiendo algo, estoy abriendo mis venas, mi espíritu para entregárselo al público y no podía hacerlo con sillas vacías. Para eso, prefería no hacerlo.
Con gente ahí fue distinto…
Sí, buscaron cierta distancia entre las sillas que pusieron en el patio y la gente vino a escucharme con mascarillas. Fue una noche hermosa, muy hermosa y eso quedó grabado.
Hablamos del disco ‘Maestra vida’, ¿no?
Exactamente…
Ese es el nombre del show que viene a dar a Quito, ¿cómo se dio el contacto con la Orquesta de Instrumentos Andinos?
Fue una ocurrencia del productor del espectáculo y me ha parecido increíble tener esa posibilidad. Pero no puedo hacer todo un concierto con ellos porque tenía que haberme ido desde agosto para ensayar junto a ellos, por más que haya partituras.
Realmente le doy gracias a la vida que pude volver y que estoy cantando y bailando en un escenario, cuando no podía ni mover mis manos"
¿Por qué? ¿Qué es lo importante de ensayar tanto cuando se toca en otro país?
Porque la respiración de la música depende de la cultura, depende del pueblo en el que se canta. A mí me pasó en Argentina, por ejemplo, que fui a cantar con Raly Barrionuevo y Duratierra y cantamos juntos ‘Balderrama’, que es una zamba y da la impresión que la zamba se parece mucho a lo que yo hago, pero no, la respiración es diferente, es pequeñita y tienes que sentirla. El pasillo de ustedes puede ser muy parecido al vals peruano, pero no es igual. Hay una respiración diferente de acuerdo a la cultura dueña de esa expresión musical.
Por eso este será un concierto en el que también tocará con su banda...
Porque yo necesito a mi banda y que se junten las dos. Eso me parece maravilloso, toda una experiencia muy hermosa en la que estamos trabajando juntos. Va a ser algo inédito y sé que la gente va a disfrutar de una noche hermosa.
Susana, si bien hay esas diferencias en la respiración, la cercanía entre los pueblos ecuatorianos y peruanos es innegable…
Estamos muy, muy cerca. Yo vibro cuando escucho los pasillos, vibro cuando escucho la música de marimba y las mujeres cantando esa música de marimba y bailando. Yo he estado en las calles de Esmeraldas cuando se hizo la Caravana por la vida, a través de UNICEF, entonces las marimbas, ese sonido, para mí es mío también, tiene otro compás, pero es mío.
Hasta grabó en 2011 con Papá Roncón…
Ustedes tenían un embajador aquí en el Perú al que se le ocurrió hacer un encuentro musical entre los dos países y de la música andina se hizo un disco y otro del pasillo y el vals, pero cuando nos convocaron para hacer la música afroperuana con la afroecuatoriana dijimos que teníamos que ir, encontrarnos, vernos, sentirnos y grabar juntos y eso hicimos.
¿Lo grabaron aquí en Ecuador?
Sí. Con Ricardo —Pereira—fuimos por tierra. Estuvimos con Schubert Ganchozo, grabamos con él y de ahí fuimos a Chalguayacu, en el Valle del Chota y estuvimos con las cantoras Las Tres Marías y cantamos juntas y compartimos y de ahí fuimos a Borbón, donde estaba Papá Roncón. Él tenía una sala grande donde había muchas marimbas y ahí los niños aprendían a tocarlas… Ricardo puso la grabadora y las cantoras venían en canoa por el río y nos juntamos ahí. Fue una belleza, una de las más hermosas experiencias que he tenido grabando con artistas en vivo.

