
El 7 de enero de 2025, Ringo Starr lanzó un nuevo disco, 'Look Up'. En más de cinco décadas como solista es la primera vez que uno de sus álbumes ocupa los principales puestos en la lista de cada categoría: rock, pop, country, americana, además ya es uno de los vinilos más vendidos en Amazon.
Escuchen y aprendan: el éxito impresiona más que la obra. Cuando les vaya bien en la vida, cuando la estén pegando, partiendo y rompiendo, hagan bomba. Es arriba, en la cima, cuando les conviene contarle al mundo dónde están. A la gente insegura se la lleva la marea.
Ringo Starr, a ya no dudarlo el mejor Beatle, lanzó un nuevo disco a comienzos de este año. Se llama ‘Look Up’ y se supone o asume como álbum country, pero las categorías son en general cortas de vista. Las reseñas, en todo caso, han mirado hacia arriba. Leo noticias como ‘El renaissance de Ringo’ o ‘¡Increíble, el nuevo disco de Ringo es el más vendido en Amazon!’. La atención concentrada en el impacto y no en el contenido. Qué mal. Qué aburrido. Pudiendo, digo yo, escuchar el disco.

Aunque Ringo aparezca con sombrero de vaquero en la portada, hablamos de estilo, no de moda. La diferencia es que el estilo se lleva puesto y permanece; la moda se quita de encima cuanto antes. ‘Look Up’ podría escucharse en condiciones country: patio de remolques, cerveza en mano, rifle en mano, recuerdo clavado en la frente, entre los ojos y por encima de las cejas. Pero las condiciones, pues nada, eso, condicionan, entonces mejor no. Todo el mundo está fascinado por el éxito de este disco, a mí me gustan las canciones. Vamos a ellas.
Ringo en cuatro canciones
‘Time On My Hands’. Mi favorita, la que más he repetido y compartido. Lenta, cantinera, grupera. A medio camino entre El Buki y una segura mejor versión de Juan Gabriel, da claras pruebas de millas recorridas y sabiduría acumulada: las notas que importan suenan en los espacios ‘vacíos’, entre verso y verso. Lo que aquí sucede es para la mayoría de músicos un anhelo: la banda conversa, cada uno permite y apoya la existencia del otro. ¿El truco?, disfrutar al que tenemos al lado. Bailable en plan ‘feliz despecho’ y ‘una sola baldosa’.
‘Come Back’. Arranca con banjo y silbido y parece que hubiera una balsa cruzando un río de aguas perezosas, que apenas se mueven. Más que en Dolly Parton o Willie Nelson, pienso en Mark Twain y ese Tom Sawyer que prefiere la aventura de estar dormido y tranqui. Atrás, como quien no quiere la cosa, un coro de voces camina por el campo abierto y fresco de la provincia. Sí que es posible vivir menos preocupado, contemplar los misterios que reúne el universo y resolver como resuelve la madre naturaleza, ‘amanecerá y veremos’.
‘You Want Some’. Un martini y un smoking, un vestido largo de espalda descubierta y un vape de THC, todo esto, digamos, dentro de una Ford Raptor del año. La camioneta llega a un hotel en medio del desierto, el hotel es el más caro del mundo y en el lobby hay un pianista que lleva tocando toda su vida y nunca se ha equivocado. Elvis y Sinatra siguen vivos, hacen giras interplanetarias entre la piscina y el jacuzzi. De pronto dan ganas de ser alguien y comprarse una vida y un amor que combinen con esta canción.
‘Thankful’. A dúo con la gran-grandísima Alison Krauss (de hecho, como ahora se acostumbra, el disco está lleno de ‘colaboraciones’). En la tendencia de estar agradecido con la vida, pero sin arrodillarse ni humillarse. Se mantiene la imagen bíblica del valle de lágrimas, gracias a Dios, con una diferencia clave y hace rato por muchos asumida: no hace falta atravesar todo el valle, menos aún llorar todas las lágrimas, para llegar al paraíso. Si te fijas, ya estás ahí. Aprovecha.

