
Los músicos de todo el mundo se han volcado a ser figuras de redes sociales. Y con eso han conseguido exposición, giras, fanáticos, contratos y, sobre todo, polémicas.
El artista que hace de las redes sociales su espacio de promoción no es un influencer. Quiere mostrar lo que es capaz de hacer para conseguir una fuente de ingresos, como músico, compositor y hasta como productor.
Redes como TikTok, que arrancó a nivel mundial en 2017, han generado una revolución, por la relación directa que hay entre imagen y música. La explosión de esta red, en 2020, significó un giro en la exposición y los músicos independientes la han aprovechado. La popularidad de esta red también dejó claro que para muchos músicos ya no es necesario un estudio de grabación profesional sino solo una computadora y un buen software.
En Ecuador, la cantante Ñusta Picuasi, que apareció en la última edición de MasterChef, es toda una celebridad de redes sociales. En su cuenta en TikTok tiene 2.2 millones de seguidores y 38.1 millones de likes. En esta red social muestra sus canciones, responde consultas y acepta retos de sus followers. Ahora, cualquier ecuatoriano con cuenta en TikTok está casi obligado a seguirla.
Y lo que Ñusta hace con sus cuentas en redes no es único. Es parte de la forma en que se mueve el mundo de la música hoy; un mundo que se sostiene en la posibilidad de que una canción se vuelva viral, y suene en todos lados, compartida en millones de videos.
Esta viralidad ayudó al despegue de carreras de artistas como Olivia Rodrigo, Manëskin, Doja Cat y Megan Thee Stallion, entre otros. Si se consigue esa conexión con un público, lo demás llega. Redes como TikTok reformulan el contacto entre músicos y oyentes. Llegaron a acabar con el intermediario.
Este es el camino de los artistas independientes en la actualidad: usar redes de una manera muy distinta a la que la manejan Taylor Swift, Lorde, Bad Bunny o Rihanna, porque ya no solo es para estar en contacto con los fanáticos. Los músicos independientes buscan ser escuchados o llamar la atención con publicaciones periódicas, en un momento en el que la industria solo quiere éxitos y no apuesta por propuestas distintas. Lo que hasta hace 30 años era grabar un demo y tocar puertas de disqueras, hoy es ser estrella de TikTok y cruzar los dedos para ser descubierto.
El fenómeno no es nuevo. Entre 2007 y 2008 la madre de Justin Beiber subió videos del talentoso niño interpretando canciones de R&B. Y el azar hizo que al manager Scooter Braun le apareciera uno de esos videos de YouTube y así empezaría una de las carreras musicales más importante de los últimos 20 años. Pero si un músico va a usar redes sociales, debe hacerlo bien. No se puede engañar al público, eso es un pecado.
Otros músicos que usan TikTok
- La guayaquileña Chlóe Silva tiene casi 13 mil seguidores en Instagram y si bien utiliza su cuenta para mostrar su trabajo, también es un espacio para hablar de otros temas, de aparecer con su mamá, de ofrecer miradas backstage de lo que hace.
- Small Town Titans es un trío de Pennsylvania, en Estados Unidos, con 778 mil seguidores en TikTok que se dedica a hacer canciones utilizando los números de códigos de barras de productos como la base para saber qué notas tocar.
- Sam Ryder tiene 14.3 millones de seguidores en TikTok y en 2020 terminó siendo el cantante de Reino Unido más seguido en la plataforma. Para 2021 ya tenía contrato discográfico y está a punto de lanzar su segundo disco. Ha tocado con Queen.
- La banda de metal Exégesis, de Colombia, tiene 136 mil seguidores en TikTok y 113 mil en Instagram y usan mucho humor para contar lo que significa hacer ese género musical.
- Tasha S. es una guitarrista ucraniana de 20 años con 5.2 millones de seguidores en la red y se ha hecho reconocida por tocar covers que van desde AC/DC hasta Lady Gaga.
El pecado de Giacomo Turra
Giacomo Turra nació en Milán, Italia, en 1997. Es un guitarrista que se ha especializado en funk y en R&B, así como en hacer centenares de videos en los que aparece demostrando su virtuosismo en el instrumento, tocando canciones que invitan a llevar el ritmo con un golpeteo sobre el piso. En enero de 2023 ya tenía 350 mil seguidores en su cuenta de Instagram, dos años más tarde, esa cifra llegaría a un poco más del millón.
Turra era una estrella joven en el terreno de la música. Entre sus seguidores estaban músicos importantes de bandas como Dream Theater, Testament y hasta el guitarrista de Maná, Sergio Vallín. En poco tiempo llamó la atención de la industria: compañías de guitarras, amplificadores y efectos -sobre todo Fender- se pusieron en contacto con él para que promocione los equipos que le enviaban, sin costo alguno, en sus videos y presentaciones. Porque sí, él aprovechaba su fama y reconocimiento para armar conciertos y giras. Pero de golpe, todo se cayó para él.
Porque el músico italiano, que se volcó a las redes en 2020, cuando el mundo se confinó por el coronavirus, plagia las canciones que interpreta en sus videos. Otro músico de Internet, Danny Sapko -bajista inglés que hace videos con mucho humor- presentó una investigación que se volvió viral en días: Turra no solo no compone las canciones que toca y que dice que son suyas; las roba de músicos de redes menos famosas. Y como si fuera poco, vende a sus fanáticos las partituras de esas canciones, como si fueran propias.
En pocos días, Turra perdió más de 400 mil seguidores en Instagram, los auspicios de varias marcas importantes y una serie de canales dieron de baja videos en los que lo entrevistaban. Ha pasado un mes del escándalo y a diario aparecen videos criticando a Turra. En la era de las redes sociales, el plagio no se perdona.
Otras formas de reconocimiento
La lista de músicos que tienen éxito en la red es interminable, pero hay algunos nombres conocidos. Está Rick Beato, músico y productor de 63 años, convertido en youtuber; él analiza música actual y entrevista a estrellas musicales con casi 5 millones de suscriptores en YouTube y 1.3 millones en Instagram. También está Davie504, un gran bajista italiano que hace un contenido cargado de humor, con 13.4 millones de seguidores en YouTube.
Desde TikTok están Trafficconesaxman -Wenzl McGowen- un virtuoso del saxo que se mete en cualquier lugar a tocar su instrumento y que tiene 2.2 millones de seguidores en la red o Janani K. Jha, joven cantante y escritora que tiene casi 700 mil seguidores y que centra su obra en juegos de palabras, mitología griega y hasta comparte pequeños fragmentos del musical que está haciendo sobre Mary Shelley, la autora de Frankenstein.
Estos son solo cuatro nombres de los miles y miles de músicos que crean contenido que los vuelve altamente consumibles. Eso, a veces, trae su cola y permite que la carrera musical empiece a funcionar. Como le ha pasado a Allan Sutton, en Argentina. El músico que tiene una cuenta de Instagram con más de 500 mil seguidores y que desde 2018 ya ha lanzado 4 discos con su banda Allan Sutton y las criaturitas de la ansiedad. Y las canciones que hacen cortas, con la duración de un video para redes sociales, se cruzan tanto con el contenido que suben a Instagram, como si una fuera consecuencia de otra y viceversa.
¿Y qué es lo que espera el público que consume estos videos? A más de músicos buenos y con grandes capacidades, buscan honestidad. Por eso lo de Giacomo Turra ha golpeado y mucho. No va a ser el primero en plagiar canciones y no será el último. Como él habrá otros tantos que harán playback para parecer mejores músicos de lo que son. Porque Turra también hace eso: los videos de shows en vivo muestran a un guitarrista muy por debajo del nivel de sus posteos en Instagram.

