La banda británica Queen se reivindicó ante el mundo en 1975 con una canción que persevera en la memoria musical: “Bohemian Rhapsody”.
“Nothing really matters/ Anyone can see/ Nothing really matters/ Nothing really matters to me”, cantaba Freddie Mercury en la última estrofa de un tema teatral y dramático que esculpió a mano en una decena de papeles.
Aunque a Mercury no le importaba lo que pensaran de su rara (e innovadora) composición y más bien decía que “es una de esas canciones con las que me divertí mucho”, la rapsodia fue tomada en serio: se convirtió en el tema insignia de la banda británica y arrasó en los registros de popularidad.
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