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Mundo Diners al día

Perreo intenso versus intelectuales

por Juan Camilo Rincón

Intelectuales
Foto: Midjourney IA
TIEMPO DE LECTURA 4 MINUTOS

Sea lo que signifique ser un intelectual -palabra ambigua, término desgastado-, hoy muchos de ellos desprecian el reguetón y el perreo desde una mezcla de clasismo, europeísmo mal entendido y viejos prejuicios coloniales.

Intelectuales, perreo y reguetón son palabras que rara vez se leen o escuchan juntas. Mezcla improbable, cóctel indeseable, revoltijo inadmisible. El erudito o el crítico, el académico o el pensador, el filósofo, rey moralmente dotado y conciencia de la humanidad, suelen mirar con desdén esa mezcla de dancehall, hip-hop, soca, dembow y hasta champeta que lleva años vendiendo millones y monetizando reproducciones y 'likes'.

¿Música 'estúpida' para gente 'estúpida'?

En 2009. el programador Virgil Griffith hizo una recopilación de posteos en Facebook sobre las bandas favoritas de los estudiantes de varias universidades estadounidenses, y los comparó con sus puntajes promedio en la prueba de ingreso SAT. De ahí surgió el gráfico “Music that makes you dumb” (Música que te vuelve tonto) que intentó sin éxito y con nulo rigor establecer una relación directa entre preferencias musicales y desempeño intelectual.

Lil Wayne, Beyonce, algunas variedades del hip-hop y el reguetón encabezan la lista de gustos de quienes tuvieron el peor desempeño en el examen, frente a los que prefirieron a Beethoven, Counting Crows o Radiohead. Muchos de estos esos datos y varios “estudios” que abundan sin referencia ni cita sustentan un credo que no es nuevo: la música popular, barata, fácil y un largo etcétera de adjetivos es la que suele preferir o hacer la gente 'estúpida'.

El reguetón daña oídos, disminuye capacidades cerebrales, altera hipotálamos; perrear incita a las violencias, mata neuronas, afecta la autoestima, dicen los “expertos”. Para la escritora y periodista chilena Camila Gutiérrez, autora de Reggaetón, religión (2024), son solo prejuicios raciales y de clase.

perreo

Edward Said sostiene que el lugar del intelectual es confrontar la ortodoxia y el dogma, en lugar de producirlos en “un estado de alerta constante, de voluntad perpetua de no dejarse llevar por medias verdades o ideas preconcebidas”. ¿Qué hacen tantos “intelectuales”, si no produciendo dogmas sobre el reguetón? 

Vivimos en una Latinoamérica nueva pero no todos los referentes del pensamiento quieren dialogar, mucho menos disfrutar con el perreo intenso. Su narrativa reduccionista y sus valoraciones se basan en criterios heredados de otra época, validando el discurso de las élites culturales y sociales, dice la periodista musical Johana Arroyave: “La calidad no debería medirse únicamente por la perfección técnica, sino también por la relevancia de sus temas y por la capacidad de conectar emocionalmente y contar historias”.

¡Ah, el denigrado arte de las masas! Ese que nos puede dar obras mediocres y también piezas magníficas, dijo Lipovetsky. Magníficas como 'Intro' de Gallego, para quien “La envidia entra en los barrios de noche/ El barrio siempre trabaja de noche/ La envidia ha hecho que socios que se criaron juntos / Se entraran a tiros y se explotaran / La envidia ha hecho que tuviéramos que enterrar a hermanos, hermanas/ La tiraera es socia de la envidia”. Acicalaos para frontiar a los faros morales y a los letrados que dictan el bienpensar, estos perreólogos tienen la combi completa".

La historia se repite

Grotesco, ridículo y de acordes atroces; música infernal y estridente; género ordinario e inmoral que desencadena libertinajes y sexo desbordado; baile de lugares de mala fama y la peor especie que despierta ideas perniciosas por ramplón e impúdico. Así se describió alguna vez al vals, al jazz, a la samba y al rock, y hoy al reguetón y su perreo, la música de la repetición y la abundancia en la que se basa la cultura popular.

Esto -dice- el escritor argentino César Aira hace que sea obligatoria, y que alta cultura, en cambio, sea optativa, hay que ir a buscarla. El reguetón es obligatorio porque se escucha en los bares, en los autos que pasan… pero si uno quiere escuchar a Mozart, tiene que ir a buscarlo”. Lo interesante es que muchos buscan a Chopin pero también a Daddy Yankee.

La productora de medios y doctoranda en Literatura Cindy Herrera coincide con los escritores y críticos “que han encontrado los hilos que tejen la relación del reguetón y la literatura, que ‘reivindican su lugar’ allí, porque sigue siendo una producción oral que intenta rimar y hacer cosas con las palabras”. Refiere a la cubana Mayra Montero, una de las que ha encontrado formas de la poesía de Guillén en canciones de Bad Bunny, por algunos juegos estéticos y retóricos en la posición de los versos. 

Política, crítica social y mucho perreo

Lo periférico y lo popular ahora irrumpen en el lugar “culto” para desequilibrarlo y convertirlo en un espacio híbrido, para perrear con la sensibilidad de un literato que aprendió a diferenciar para qué sirve cada cosa: “Si nos encontramos un reguetón en un escrito literario, deberíamos pedir que esté tan bien usado como recurso, que mueva sensibilidades corporales como lo haría cualquier buen libro, y si hay referencias literarias en un reguetón ¡qué bacanidá’!” exclama Herrera. 

Karol G apoya el estallido social colombiano y Bad Bunny corrige a National Geographic y le explica que no es el coquí sino un sapo concho el que aparece en algunos videos de su nuevo álbum 'Debí tirar más fotos', uno con tono político, algo de crítica anticolonial, rescate de la tradición salsera y unas líneas de tinte ecológico.

Por otro lado, Tego Calderón protesta en 'Loíza': “Me quiere’ hacer pensar que soy parte de una trilogía racial / Donde to´ el mundo es igual, sin trato especial/ Es que tu historia es vergonzosa entre otras cosas / Cambiaste las cadenas por esposas / No todos somos iguales en términos legales / Y eso esta proba’o en los tribunales”.

Al reguetón lo tildan de negocio y mercado fácil, producto exprés que no requiere talento, música de masas, entretenimiento ligero. Y si es cierto, ¿qué? Se puede bailar y cantar sin disertar, sin sobreanalizar el mundo con la lírica ni reflexionar hondamente sobre la vida. A veces necesitamos letras simples, ritmos pegajosos y repetitivos, sonsonetes sin profundidad, alegría, goce simple y arrebatado. Por lo demás, siempre habrá tiempo y lugar para pensar y perrear hasta abajo.

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Acerca de Juan Camilo Rincón

Periodista, escritor e investigador cultural. Escogido entre las mejores crónicas de El Tiempo en 2014 y 2018-2020, y reseñista literario para ese diario colombiano. Libros publicados: Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Borges y Colombia, Viaje al corazón de Cortázar, Nuestra memoria es para siempre, y Colombia y México: entre la sangre y la palabra.
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