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Mundo Diners al día

'Llaktapura': el disco de Curi Cachimuel que llama a la unidad

por Óscar Molina V.

Cachimuel
Curi Cachimuel. Foto: Gonzalo Guaña.

'Llaktapura', el segundo álbum del músico otavaleño Curi Cachimuel reúne diez canciones que exploran su propuesta a la que denomina afro kichwa. Hay también ritmos andinos con hip hop y electrónica, cuyas letras son un llamado a la resistencia y la colectividad. 

El invierno invocó a la nostalgia. Sumido en el frío crudo de Boston, la ciudad estadounidense donde vive y de donde va y viene, Curi Cachimuel pudo terminar al fin, durante ese temporal donde “todo es más triste”, el pasillo que había empezado a componer hace diez años. “Contados nos quedan los días, vuelvo pronto a mí”, implora insistente la voz tersa de la cantante quiteña Alexandra Cabanilla en Ishkandigu (Entre tú y yo), la canción preciosa y elegante que es el tercer corte del segundo disco de Cachimuel: 'Llaktapura' (2024).  

'Runa Taki', su primer álbum, fue lanzado en 2013 y, como éste, también fue autogestionado y tomó cerca de cinco años en terminarse. Al igual que en su notable trabajo début,  Cachimuel vuelve a ensamblar en 'Llaktapura' un disco colectivo nutrido por las experiencias y el virtuosismo de colegas y familiares músicos a los que admira y con cuyos proyectos, a su vez, ha colaborado. Esta vez lo acompañan Iraiz Oviedo, Carolina Puruncajas, Francisco Laurito, y sus hermanos Ana y Sumay Cachimuel, entre otros. 

“Yo podría haber hecho el disco solito”, dice Cachimuel desde Quito, donde ha estado de visita por unas semanas, “pero hubiera tenido otro sentido, las canciones tendrían otro color”. Y el álbum, además, no reflejaría el concepto de su nombre. 'Llaktapura' significa “entre pueblos”.

“En el disco”, añade el músico otavaleño de 41 años,  “hay muchos compañeros que han puesto su conocimiento, su alma en cada tema. Porque 'Llaktapura' es justo eso: un llamado a la unidad, a compartir las experiencias que todos traemos”. 

'Llaktapura', músic Afro Kichwa

El junte, la mezcla a la que Cachimuel se refiere con orgullo, se siente y se remarca en las sonoridades que van entrelazándose, con soltura, a lo largo de las diez canciones. Como todo buen disco, lo que 'Llaktapura' propone es un recorrido sentimental y de mixturas que no pretenden complacer, sino expandir una atmósfera. Inventar e invitar a su propio universo.  

En toda la música que he venido haciendo desde siempre, nunca he tratado de agradar o de pegar en el gusto de la gente. En mi música siempre plasmo los sentimiento de ese momento de mi vida y lo mezclo con lo que yo sienta que está bien, sin pensar en los demás”, dice Cachimuel, multinstrumentista, quien empezó su formación musical a los 12 años en la escuela Luis De de La Torre, en su ciudad natal, la continuó en la Universidad San Francisco de Quito y la terminó en la Universidad de Las Artes, en Guayaquil. 

Aunque no es afín a etiquetas, Cachimuel se aventura a definir su música como Afro Kichwa, y eso se nota al disfrutarla. La escucha de 'Llaktapura' arranca festiva. La canción homónima que abre el disco es una combinación natural de capishca (ritmo andino de Ecuador) con festejo (un ritmo afroperuano). Hacia el final de la canción, antes de que Iraiz Oviedo cante el verso alegre “como la música al sanar, tejiendo puentes donde va”, aparece un solo de acordeón, la pizca jazz del tema. Desde sus inicios con el proyecto Runa Jazz, Cachimuel ha hermanado este género con lo andino en una cohesión que maravilla.

Por el resto del álbum se suceden otras amalgamas, siempre con ritmos andinos –huaynos, sanjuanitos, yumbos– como base. Hay, por ejemplo, un potente corte de hip hop (Paktara), familiar para quienes han escuchado el grupo que Cachimuel tiene con sus hermanos, Los Nin, y una exploración con la electrónica que cierra el disco: 'Rikcharisun'. 

“Cada tema”, explica Cachimuel, “marca un momento espeífico de mi vida. Me siento muy orgulloso de haber hecho estas canciones, porque explican mis momentos felices y tristes”.

Entre esos momentos estuvieron la pandemia por la COVID-19 y el paro de Octubre de 2019. Los versos iniciales de 'Jatun Mama' lo recuerdan: “Somos la cosecha de todos los levantamientos de nuestros taitas y mamas”. En 'Páramo', los músicos también manifiestan: “Combatiremos a los poderosos con todas nuestras fuerzas. La fuerza del pensamiento, de la diversidad y de la solidaridad”. 

llaktapura

Una semilla de curiosidad

La mayoría de canciones del disco está en kichwa. Para quienes no conocemos la lengua, puede sentirse como una pérdida –y lo es– no entender las letras. La música de Curi Cachimuel, sin embargo, irradia su emotividad sin sostenerse por completo en las palabras. Disculpándome por mi ignorancia del idioma, me atrevo a decirle que, a mi parecer, y aún sin saber sobre qué iba, sentí que la segunda canción del disco, 'Churiku', es la más personal. 

Cachimuel sonríe antes de contestar: “Estás muy bien en haber sentido eso”. Esa, en efecto, es una canción dedicada a Katary, su hijo.  “De todos los temas, ése es el más mío, el más personal. Habla de que, cuando tienes un hijo, tienes que enseñarle a prepararse para la vida. Habla de extrañar a tu hijo, de no poder estar con él, porque vives afuera”. 

Cachimuel quiso –dice– transmitir todo eso con los instrumentos de viento. Hacer que las quenas hablaran por él. Y lo logró. 

El bandolín, el charango, la guitarra, el acordeón y el violín –todos instrumentos fundamentales en la música andina– son prominentes en su propuesta. Tanto esto, como el hecho de que las canciones estén en kichwa, tiene un propósito. Sobre esto último, Cachimuel dice: “Es un llamado para que las personas se interesen en nuestro idioma. Y es una forma de concientizar. Es como sembrar una semilla para que puedan empezar a buscar”. 

Con respecto a los instrumentos que toca, su declaración de intenciones queda clara desde la portada del disco. En la foto, que fue tomada a las faldas del Imbabura, a las 07:00 am, con el sol nuevo por detrás suyo y detrás de la montaña, Cachimuel porta el instrumento que, dice, fue uno de los primeros de la música andina: la gaita o flauta de carrizo. 

Es un instrumento que se ha estado perdiendo, que ya que pocos, según Cachimuel, se interesan en aprender a tocarlo. “Se lo toca mucho en los Inti Raymi, en junio. Y yo siempre lo toco porque siento una responsabilidad en hacer que no se pierda, que sigamos tocando nuestra música tradicional”. 

Esa es la música con la que él nació. Y esa misma es la que ahora ofrece, en este disco recomendado, para que todos crezcamos con ella. 

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Acerca de Óscar Molina V.

Periodista. Su trabajo se ha publicado en medios como Gatopardo, Telemundo, Univision, El Espectador, The Clinic Online, Relatto, GK, entre otros. Fue editor de la revista Letras del Ecuador. En 2019 formó parte de la muestra Archivxs LGBTIQ+ en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito con la obra Contengo multitudes. Tiene una maestría en Periodismo por la Craig Newmark Graduate School of Journalism de The City University of New York (CUNY), y una Maestría en Creación Literaria por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España). Sus textos forman parte de antologías periodísticas y literarias en Ecuador.
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