
Por su estilo al cantar, al vestir y al componer, la han comparado con la legendaria Amy Winehouse, pero la cantautora británica RAYE no es una imitación de nadie. Es, más bien, una artista multifacética que ha estudiado su tradición y le ha agregado su propia originalidad en This Music May Contain Hope, su ambicioso segundo disco.
No es una predicción, es casi una certeza. El segundo álbum de estudio de la cantautora y productora británica RAYE, titulado This Music May Contain Hope, ocupará las listas de los mejores discos de 2026. Aquí un indicio nada desmerecido: NME, la influyente revista musical de su país natal, le otorgó la máxima puntuación de cinco estrellas; una distinción que, en su escala, lo encumbra como una obra maestra.
Otros medios, como Rolling Stone, The Guardian y Metacritic, lo han calificado como “tremendamente ambicioso”, “épico”, “expansivo y brillante”. Lanzado en marzo a través del sello independiente Human Re Sources, y con una duración de una hora y trece minutos, con este trabajo Rachel Agatha Kenn –su nombre de pila– se atreve a pedir a sus oyentes lo que, en la era hiperveloz de TikTok y los algoritmos ansiosos, parecería una disonancia: concentración, permanencia, receptividad.
Este no es un álbum de 10 canciones empaquetadas, genéricas, que se apuran a sí mismas para terminar. Esta es una obra narrativa, sinfónica, teatral, cinematográfica, de 17 cortes –algunos de hasta seis minutos– que se expanden hasta donde necesitan para profundizar en el desamor, la alegría, la depresión, el desencanto, pero, sobre todo, la esperanza. Si no se hubiera sostenido de ella, en pleno vórtice de la duda, la presión y la frustración que a veces demanda la industria musical, RAYE no hubiera llegado a este momento tan luminoso de su vida y de su carrera.
No necesita ser la nueva Amy
Su talento no la salvó. Con una voz influenciada por Etta James —a quien ha reconocido como su principal referente—, tan versátil para el rap, el hip-hop, el jazz o el pop más mainstream, RAYE firmó su primer contrato discográfico a los 17 años con el sello Polydor. Ilusionada, pensó que ese era el inicio de su carrera, pero fue el de una pesadilla.
Quisieron hacer de ella –una mujer de madre ghanesa-sueca y padre inglés– un producto prefabricado, digerible. No lograron –o no quisieron– verla como lo que era: una artista íntegra, versátil, capaz de deslizarse con elegancia entre el soul, el jazz, el R & B, el pop. Llegaron a decirle, como contó en una entrevista de Apple Music, que ella misma no sabía quién era como artista.
Tras siete años en los que su disquera regalaba algunas de sus canciones, archivaba otras y solo le permitía lanzar sencillos en lugar de publicar su primer álbum, RAYE puso fin a esa relación tormentosa. El futuro parecía una promesa. En febrero de 2023, a sus 25 años, lanzó, al fin, su primer disco: My 21st Century Blues. En él aparecen dos clásicos de su repertorio: ‘Escapism’ y ‘Oscar Winning Tears’.
Con el éxito y la notoriedad vinieron las comparaciones. En la misma entrevista de Apple Music, RAYE cuenta que los comentarios de los fans de la legendaria Amy Wineouse le dolieron: “Comentaban: ‘Nunca vas a ser como Amy’, ‘Eres un intento fraudulento de ella’”. Los haters suelen equipar sus estilos, su físico, su forma descarnada de componer. RAYE acepta el halago involuntario de la comparación con esa leyenda a la que admira, pero lo toma con cautela.
En ‘I Will Overcome’, la fabulosa segunda canción de su nuevo disco, RAYE aborda el tema de frente. Dice, irónica, que le parece graciosa la equivalencia, pero al mismo tiempo advierte: “The arrows from your tongue / Is the same devils you tortured her with” (“Las flechas que salen de su lengua / son los mismos demonios con los que la torturaron”).
RAYE ya ha aprendido a reconocer el veneno y a esquivarlo.
La mujer que ha enfrentado tormentas
Viernes, 1 de mayo de 2026. Houston, Texas. RAYE está de gira por Estados Unidos y tengo el privilegio de verla en vivo. El concierto arranca casi puntual, un poco más tarde de las 19:30. Las teloneras son sus hermanas: Amma y Absolutely. Con ellas comparte una canción en This Music May Contain Hope: ‘Joy’. Es con la que cierran juntas el recital.
Acompañada de su orquesta, vestida con un abrigo beige de piel y gafas negras, como la diva que es, RAYE inicia este espectáculo soberbio, dividido en cuatro actos, con la misma introducción del álbum en la que se presenta como ‘la chica bajo la nube gris’ que ha enfrentado varias tormentas.
A lo largo de dos horas, habrá comedia con la canción ‘Beware. The South London Lover Boy’, dedicada a un conquistador capaz de reconocerse tóxico, pero con un “ego frágil”. Habrá virtuosismo en su interpretación de la balada ‘I Know You’re Hurting’, inspirada en las conversaciones con sus amigos varones y su dificultad para ser vulnerables.
Habrá, también, un momento para el dolor. Sentada al piano, interpretará ‘Ice Cream Man’, incluida en su disco debut. El título alude a las manos heladas del productor que la invitó a su estudio y abusó de ella. Algunos versos del coro dicen: “I’m a very fucking strong woman /And I’ll be damned if I let a man ruin/ How I walk, how I talk, how I do it.” (“Soy una mujer jodidamente fuerte / Y estaría condenada si dejo que un hombre arruine /cómo hablo/cómo camino/ cómo lo hago”). Entre el público hay suspiros, llanto, ovaciones.
Cerca del final, su nombre en mayúsculas –RAYE– descenderá sobre el fondo del escenario. La Y se elevará de nuevo y, en su lugar, se colocará una V: RAVE. Será el remate electrónico de la noche. En este bloque sonará ‘Life Boat’, la canción techno del álbum.
Iluminados por luces estroboscópicas, todos saltaremos eufóricos coreando y gritando lo que muchas voces y la misma RAYE repiten como mantra en esta canción sobre la esperanza: “I am not giving up yet/ I am not giving up yet / I am not giving up yet.” (“Aún no me rindo / Aún no me rindo / Aún no me rindo”).
Y sí, aún no nos rendimos.

