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Mundo Diners al día

El 'último baile' de las Kiruba

por Ana Cristina Franco Varea

Kiruba
Mariela Nazareno, Diana Rueda, María José Blum, Gabriela Villalba y Cecilia Calle, integrantes de Kiruba.
TIEMPO DE LECTURA 4 MINUTOS

Las Kiruba surgieron del reality Popstars y se convirtieron en un fenómeno pop nacional, era el año 2002. El grupo se presentará, para su show de despedida, este 12 de marzo, en el Coliseo Rumiñahui. Será la oportunidad para celebrar las canciones que marcaron a toda una generación y reactivar ese sentimiento que tanto nos gusta, la nostalgia.

¿Qué decir de las Kiruba?, ¿de quién?, ¡de las Kiruba! El quinteto que causó furor a inicios de los 2000. Aunque nunca fui “fan”, reconozco que sus canciones son de esos chicles inconscientes que se pegan en la mente y nos acompañan por muchos años, tal vez (y por favor léase esto con fondo musical de terror) para toda la vida. 

Aunque el pop no me mata y no seguí paso a paso el programa Popstars (como sí sigo ahora Masterchef), debo reconocer que cualquier día, a cualquier hora, a mis cuarenta años, me encuentro sola cantando repetitivamente: “Amor mío, quiero que me beses, quiero que me abraces…” ¿Existe algo más pegajoso que ese estribillo?  

Stlakeando a Gabriela Villalba

También debo confesar que me he encontrado stalkeando el perfil de Instagram de Gabriela Villalba (sí, me sé su nombre y su apellido: Gabriela Villalba, suena a mala de telenovela). Sucede que a veces una está en un mega insomnio y el cerebro decide cosas raras, salta de Eros a Thanatos, y en microsegundos pasamos de pensar en la posibilidad de tener una enfermedad catastrófica a analizar el concepto de una marca de gomitas o a preguntarnos cosas como: ¿qué estará haciendo tal o cual cantante?, ¿Qué será de su vida? 

Entonces una agarra el celular. El marido me dice, ¿qué haces, mi amor?  ¿con quien chateas? Y una: con nadie, estoy viendo los vestidos nuevos de Gabriela Villalba. Si mi madre se entretiene con reels de Lady Di, yo espanto a la muerte con el outfit de una de las Kiruba. Vi que sigue regia, que se ha ido de viaje y se ha casado con un gringo. Y sí, stalkié también el perfil del gringo. Guapo ha sido. Qué horror, solo me acuerdo de la Villalba, ¿será porque tiene los ojos azules?

Mentira. También me acuerdo de las otras: Mariela Nazareno, la Melanie Brown de Guayaquil, con su onda fiestera y su súper voz; Diana Rueda (creo que era mi favorita) con una onda dark, la más alternativa, la Victoria Beckham del grupo; María José Blum, su nombre sonaba por todas partes (y qué nombre, suena tan importante), ella era como la guayaca atrevida, guapa y bien parada; y Cecilia Calle, la quiteña dulce de voz angelical.  Un fenómeno. Cinco chicas de distintas pintas, una rubia, una afro, una pelirroja; una fresa, una alternativa y una irreverente. Las Spice Girls ecuatorianas.

Las recuerdo aunque no quiera recordarlas. Sus acordes me llevan a la adolescencia. Más allá de preferencias musicales, ellas representan un fenómeno nacional como el del Bolillo Gómez o la serie Ni en vivo ni en directo. La gente, o al menos la gente de nuestro país, necesita tener alguien a quien admirar. Y el quinteto pegó. Sus canciones sonaban por todas partes, las chicas eran las ídolas de las niñas, no había (e incluso hasta ahora no hay) ecuatoriano que no las haya escuchado.

La historia

En 2004, el canal ecuatoriano Teleamazonas produjo la versión local de Popstars, una franquicia originaria de Nueva Zelanda que proponía seguir semana a semana el proceso de formación de una banda pop. Lo que comenzó como un experimento televisivo terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural inesperado: de ese programa surgieron las Kiruba.

En una televisión todavía dominada por concursos y telenovelas, Popstars introdujo una narrativa distinta. Para los ecuatorianos era bastante nuevo todo lo que el formato implicaba: el espectáculo de la formación artística, el drama del casting, la convivencia y el sueño de la fama. 

Los realities son como telenovelas documentales y las Kiruba fueron las protagonistas de una. Con sus canciones pegajosas, coreografías memorables y una estética pop muy marcada por la década, el grupo se convirtió en un símbolo de su tiempo y en una de las primeras experiencias masivas de fandom juvenil en el país.

Cuando me acuerdo de ellas (y ya lo he dicho, sucede sin querer) me acuerdo también de los primeros años del siglo XXI, cuando la televisión abierta empezaba a producir ídolos colectivos.

 ¿Y este nuevo concierto?

Algunos dicen que no vale la pena el reencuentro de las bandas famosas, que a lo que ha muerto no hay que despertarlo otra vez. La gente se queja (y aquí veo algo de gerontofobia)  de que bandas como Pink Floyd nos visiten cuando sus integrantes ya están viejos, ¿por qué no los vimos cuando estaban en su esplendor?, dicen ¿tal vez porque aún no nacíamos?

Yo sí apoyo que los éxitos de antaño vuelvan. ¡Déjenlos volver! Sobre todo por algo que, desde ya  advierto, no va a sonar tan lindo para algunos: no es tan fácil hacer más de una cosa que pegue en la vida. Entonces, ¿por qué no sacarle el jugo?

El reencuentro de las Kiruba no fue sencillo. Las integrantes viven hoy en distintos países y mantienen vidas muy diferentes, pero lograron coordinar agendas y distancias para coincidir y dar este último espectáculo- que será compartido con Kudai- y que ya se siente histórico.

A pesar de la nostalgia, ellas lo tienen claro: este será su último show. Su reaparición convoca a quienes crecieron escuchando sus canciones, pero también reactiva una memoria cultural que incluye a fans y a no tan fans. El retorno de Las Kiruba funciona como una máquina del tiempo capaz de devolvernos a una época específica de nuestras vidas.

Verlas hoy en escena es recordar que, antes de las plataformas y los algoritmos, hubo un tiempo en que todo un país esperaba el siguiente episodio para descubrir quién se convertiría en estrella. Y esa estrella, finalmente, terminó siendo un grupo. Y bueno, seguro cuando termine de escribir esto, iré por ahí cantando: “Amor mío quiero que me beses, quiero que me abraces…” Y a todo esto, ¿Qué estará haciendo Au-D?

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Acerca de Ana Cristina Franco Varea

Guionista, realizadora audiovisual, escritora y actriz. En abril del 2023 publicó “Diario Blanco”, libro de No-Ficción. Actuó y dirigió, “Queremos Tanto a Helena”, el primer mediometraje que conforma la película “Los Canallas” por la que obtuvo el Premio Colibrí a Mejor Actriz y el Cenit de Bronce a Mejor Película. Es directora y guionista de “El invento de la Soledad”, cortometraje de ficción (2022)
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