Jorge González, compositor de la banda chilena Los Prisioneros, tiene más de cuarenta años de carrera musical, acá le recomendamos el podcast preciso para que conozca su historia.
Escucha el artículo
‘La voz de los ‘80’, el primer disco de Los Prisioneros, se lanzó a finales de 1984 y cambió todo. Era rock en español, sí, pero también punk, ska, y una nueva forma de música protesta y bailable. Escuchando para atrás, uno capta lo que pasó: en Chile estaban Pinochet y la dictadura y los carabineros en las calles; las causas de rebelión social eran las mismas, pero los rebeldes eran en ese momento veinteañeros y necesitaban un sonido más moderno, música propia para un momento específico.
La carrera de Los Prisioneros, separaciones y reuniones mediante, duró veinte años, hasta 2004. En ese tiempo grabaron seis álbumes de estudio (varios de ellos llegaron a hacer discos de platino), cultivaron fanaticada en toda Latinoamérica y se convirtieron en la nueva versión de la resistencia: una mezcla de Víctor Jara y The Clash. Una revolución que sí fue televisada, cuyos singles y vídeos llegaban a las salas de las casas y tomaban bastante espacio. Escucharlos, digamos, era tener ideales, moral y una actitud frente a la vida.
González post Prisioneros
Luego del éxito alcanzado con su primer disco de solista, el sello EMI quiso convertir a Jorge González en su rostro pop: lo peinaron, le pusieron camisa de manga larga, lo obligaron a sonreír para las fotos. El efecto fue debastador. Cuando lo devolvieron al estudio para grabar un segundo disco para el sello, Jorge entró a la cabina con una misión: Voy a destruir a EMI. El disco se llama ‘El futuro se fue’ y, según González, lo hizo incomprensible, invendible e impromosionable a propósito. Fue un fracaso comercial. Y dicen que fue entonces cuando pronunció una de sus frases más famosas: no volveré a ser famoso jamás.
‘El podcast ‘Necesito poder respirar: La vida de Jorge González’, una producción de Podium Podcast Chile, lanzado a finales del 2024 y disponible en Spotify, recoge esta historia completa en seis episodios de una hora cada uno. Es, a la vez, una biografía de Los Prisioneros pero sobre todo una investigación sobre cómo fue la vida de su líder luego de abandonar, por decisión propia, la que pudo ser una carrera más popular y lucrativa. Cada episodio está construído con narración, material de archivo de años y años de entrevistas hechas a González, conciertos y testimoniales que dan forma a una historia incomparable.

Jorge González hizo música electrónica, cumbia, romántica, instrumental; vivió en Santiago, Nueva York, México y Berlín; volvió a reunirse con Los Prisioneros y juntos rompieron récords de taquilla en sus presentaciones. Pero quizá lo más interesante está al otro lado del disco, en su vida personal, en sus amores, en su familia, en la enfermedad, ¿cómo hizo Jorge González para ser Jorge González en un mundo al que siempre parece estar cuestionando e incomodando? ‘Hizo la suya’, como dicen, y aunque nada es gratis, su vida no se parece a nada que hayamos visto antes.
Jorge González: voz, bajo y pensamiento líder
Si escucha los seis discos de Los Prisioneros en orden, tendrá una versión atomizada de la evolución de las especies. El sonido de los primeros discos, guitarreros, análogos, un poco desordenados y como desesperados por nacer, fue cambiando por una base prístina de programaciones y teclados. Fueron una de esas bandas que al menos en este lado del mundo abrieron las puertas de la modernidad y el 'feeling' electrónico. Escuche el tema ‘Sexo’, de 1984, y luego ‘Estrechez de Corazón’, de 1990. La misma banda, pero dos sonidos y hasta dos épocas.
Así, siempre con ganas de hacer algo nuevo que rompa todo para, inmediatamente después, hacer algo aún más nuevo y original que rompa lo que él mismo acaba de hacer, es Jorge González. Su personalidad es imposible de definir, pero así funciona su cerebro en cuanto a crear música se refiere: descubre una piedra preciosa, la pule, la convierte en canción y la deshecha enseguida para buscar otra. Esa forma de ser, contraria a la costumbre de acumular hits y repetirlos para siempre en giras interminables, acabó en su momento con la banda.
En 1993, cuando los grupos latinoamericanos buscaban un sonido ‘grunge’, más de acuerdo con lo que pasaba en el rock internacional, Jorge González lanzó su primer disco de solista. El álbum, homónimo, fue otra especie de rebelión: la nostalgia de las cuerdas de nylon, la precisión de las máquinas y en la voz y el sentimiento desgarrado el orgulloso parentesco con próceres del bolero como Lucho Gatica. La canción ‘Fe’, uno de los hits más conocidos de González, dice: Escúchame una vez / lo que voy a contar / Sabes que vuelvo a tener fe / Y empiezo a sanar / Dama, escúchame una vez / No voy a pedir amor / Te vez feliz / Y me gusta que seas feliz.

