El 'cancionista', según su propia definición, asegura vivir en un jet-lag permanente; acaba de finalizar su gira por Latinoamérica con su disco 'Taracá' y enseguida arranca recorrido por España.
Esta entrevista con Jorge Drexler se hizo en dos asaltos para cuadrar el sudoku de la agenda del entrevistado con la actualidad de su trabajo. La primera, hace semanas, en la sala Michael Jackson de la sede de su discográfica en Madrid, un ultramoderno espacio poblado de artistas y sus respectivas cortes de asistentes. La segunda, hace unos días, por teléfono, desde la soledad de su habitación de hotel en Ciudad de Guatemala, donde actuaba esa noche antes de volar a Costa Rica y finalizar, el 12 de septiembre, su larguísima gira americana antes de empezar, el 26, en Madrid, la española. Pero empecemos por el principio. Estamos solos, dos sesentones frente a frente, en el estudio Michael Jackson, con sus paredes de satén repujado, sus fotos del gran ídolo del pop y su bola de discoteca en el techo.
¿Recuerda dónde estaba cuando se estrenó el vídeo de Thriller?
Pues debería, porque tenía 18 años, pero en aquella época de lo que estaba pendiente es de la apertura política en mi país, Uruguay, y de la generación de una identidad uruguaya. Tengo un gap de escucha de música de todos los años 80, que luego recuperé en los 90. Vi en directo la caída de una dictadura desde mi facultad. Las dictaduras generan reacciones no exentas de chovinismo, tu mundo se vuelve el epicentro y tú mismo te vuelves un ser unitario y excluyente. Una dictadura agonizante es un bicho muy malo.
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